¿Qué le falta contar a Spotlight? Lo que sucedió después

spotlight.pngTe copio este artículo de Mariano Arroyo: Spotlight, un filme nominado para 6 Premios Óscar, entre ellos el de la “mejor película”, cuenta -muy bien contada- una verdad incómoda para los católicos. Narra la apasionante investigación periodística que a principios del 2002 destapó los casos de pederastia en Boston. A partir de allí, como una especie de epidemia maldita, fueron saliendo al aire, primero en Estados Unidos y después en muchos otros países del mundo casos similares.

A diferencia del Código Da Vinci, que era una ficción con intención de desprestigiar a la Iglesia, esta película narra una sorprendente y triste realidad. Expresa muy bien el asombro, ante ese progresivo caer en la cuenta de las dimensiones del problema por parte de los periodistas, y el demoledor impacto que supuso para la fe de varios de ellos y para muchísimas personas, primero en Boston, pero a partir de allí en el mundo entero. Cuenta una verdad triste y lo hace muy bien.

Como sacerdote católico, lo confieso, pasé un mal rato al verla. Pienso, sin embargo, que aunque no nos agrade la verdad, esta es siempre un don de Dios, “toda verdad viene de Dios”. De hecho, no es descabellado pensar que también vino de Dios este terremoto que supuso para la Iglesia ventilar tan aberrante realidad. Por supuesto que ha sido bueno que saliera a la luz, pues en caso contrario, muy probablemente seguiría habiendo nuevas víctimas e impunidad para los criminales. Es impensable que esta dolorosa enfermedad permaneciera soterrada; evidenciarla ha sido necesario para iniciar la terapia de curación.

Ese es, a mi juicio, a un tiempo el valor y el límite de Spotlight. Cuenta la verdad, lo cual es muy importante, y para los católicos, fundamental, pues nos ayuda a tener una fe madura. Nuestra fe está en Cristo, y en la asistencia del Espíritu Santo a su Iglesia, pero cada domingo rezamos el “Yo confieso”, pues somos conscientes de ser pecadores. El límite es que no cuenta toda la verdad, y no hay que olvidar que “una verdad a medias es la peor mentira”, precisamente porque es verosímil, creíble. ¿Qué le falta contar a Spotlight? Lo que sucedió después: la película concluye con la crisis de fe que sufrieron los periodistas y el pueblo norteamericano, pero no dice lo que hizo la Iglesia, primero en este país y siguiendo su ejemplo, en el resto del mundo, para erradicar el problema. No cuenta como después de esa dura prueba para la fe de los norteamericanos, a trece años de distancia, esa fe ha renacido más fuerte, no ha decaído la religiosidad de ese pueblo, sino que ahora es más madura, y por lo tanto, sobrenatural en sus motivos.

Hoy por hoy, uno de los lugares más seguros para dejar a tus hijos son las instituciones católicas norteamericanas. Además, el prestigio, también moral, de la Iglesia y sus pastores en ese mismo país se ha recuperado (como lo confirma el reciente viaje de Francisco).

Spotlight está hecha, como cabe esperarse de un filme hollywoodense, para ganar premios, dinero y contar una historia. Pero si uno quiere conocer la “historia completa”, necesita de una segunda parte (lo que no es objetivo de la película ni de sus productores), que bien podría ser el documental Manzanas podridas de Rome Reports, el cual narra precisamente lo que sucedió después: La lucha decidida por sanear la institución primero en E.U. y después en el resto de la Iglesia durante el pontificado de Benedicto XVI. Esto, claro está, si uno desea tener la perspectiva completa, pues muchos prefieren quedarse con la visión parcial; no buscan la verdad sino justificar sus prejuicios.

El balance de la película es positivo, también para un católico, pues la erradicación del problema difícilmente se habría verificado sin la valiosa investigación de la que da testimonio con gran calidad artística. Fruto de esta investigación, su consecuencia directa, ha sido el necesario e improrrogable proceso de purificación que vivió la Iglesia norteamericana y está viviendo ahora la Iglesia universal. Pero siendo positivo, no es suficiente: cuenta la verdad, pero no toda la verdad. Se precisa del esfuerzo crítico del espectador para completar el cuadro, pues si se queda sólo con el final de la película, con las sombras, le habrán contado una historia verdadera con una conclusión falsa.

Para más información este otro artículo: la historia que spotlight no dice

Aquí está el documental completo de Manzanas podridas de Rome Reports:

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7 comentarios en “¿Qué le falta contar a Spotlight? Lo que sucedió después

  1. Existe un cuento chino que habla del Monasterio de la Fertilidad. No recuerdo lugares ni nombres concretos, pero el cuento está publicado en un libro de “Cuentos Chinos”. Así que se podrá localizar facilmente en los tiempos que corren. A este templo acudían las mujeres que no podían tener hijos. Para conseguir la fertilidad, las mujeres debían realizar unas ofrendas y pasar en el monasterio una noche al menos. Una mujer que llevaba tiempo sin descendencia fue a visitar el famoso monasterio. Hizo sus ofrendas, sus plegarias y por la noche la ofrecieron un té o sopa caliente y una habitación. A la mujer no le debió gustar la cena y no tomó mucho. Durante la noche en un sueño espeso, pero no lo suficiente, la despertó un ruido y un íncómodo peso sobre su pecho. Cuando logró despejarse suficientemente tenía encima a un apasionado monje que había entrado en la habitación por una trampilla. La mujer salió corriendo y descubrió cuál era el estimado secreto de aquel templo de la fertilidad.
    Con esto sólo quiero indicar que no hay más verdad que aquella del famoso refrán castellano: “En todas csas cuecen habas y en la mía a calderadas”.
    Es muy importante reconocer nuestros pecados y errores y poner todos los medios para que no vuelvan a suceder. Más aún cuando en ellos puede descansar la infelicidad y el trauma de otras personas. Más aún si son niños indefensos. Sin embargo, no debemos olvidar que estos hechos de abusos, no son únicos ni propios de la Iglesia Católica. Y siendo espeluznantes y deleznables, vengan de donde vengan, no sé por qué la sociedad los narra y estudia como si fuera en el único lugar en el que suceden. Evidentemente, si el catolicismo es la religión verdadera, está muy bien que seamos observados y exigidos de conducta ejemplar y que se nos castigue firmemente, cuando eso no sea así. No obstante, en este mismo momento hay varios casos de gimnasios, colegios, campamentos, etc. donde se han producido casos similares.
    esto, en mi modesta opinión, nos conduce a mirar con profundidad las luces y las sombras de todo ser humano y que, para superar nuestro lado débil y oscuro, Jesucristo y su mensaje parece ser el más apropiado para liberarnos y evolucionar hacia, si no la santidad, hacia el bien estable y más constante. Todos somos pecadores y bajo la Cruz del Calvario, la sangre de nuestro Señor ha sido derramada sobre todos y cada uno de nuestros pecados. Los de todos los hombres, pero entre ellos, no hay que rebuscar mucho para encontrar los nuestros. Los que nos avergüenzan diariamente, pero que sólo, sólo Dios nos perdona.
    Terribles hechos los de “Spotlight”, que espero que nuca se repitan. Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

      1. No hay ningún problema. Gracias por todo y buen día.
        Gracias a ti e igualmente. Se aprende mucho con tus comentarios. Que tengas un buen día.

  2. Distorsión de la identidad sacerdotal, así comienzo este comentario.
    La convulsión posconciliar alcanzó una cumbre el año pasado con la crisis de los abusos sexuales. Durante seis meses seguidos, a partir de enero de 2002, salieron a la luz numerosos abusos de menores cometidos por sacerdotes a lo largo de treinta años, en algunos casos con encubrimiento por parte de los obispos. Esta fue la causa inmediata de la crisis, que se puede considerar en vías de cerrarse tras la renuncia del Card. Law, arzobispo de Boston. Al grave perjuicio causado a tantos jóvenes y a sus familias con estos actos abominables, se suma un daño incalculable al prestigio de la Iglesia y a la confianza en la labor pastoral del clero.

    Pero la crisis tiene otras causas más fundamentales. En particular, Weigel se centra en la distorsión de la identidad del sacerdote durante los quince años siguientes al Vaticano II y que empezó a remitir con la elección de Juan Pablo II. Como dice, “el sacerdote católico no es simplemente un funcionario religioso, un hombre autorizado a llevar a cabo cierto tipo de actividades eclesiásticas. Un sacerdote católico es un icono, una representación viva del eterno sacerdocio de Jesucristo. Hace que Cristo esté presente en la Iglesia de una forma muy particular, al actuar in persona Christi, ‘en nombre de Cristo’, en el altar y al administrar los sacramentos”.

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