Justicia versus Misericordia

Madre mirada misericordia

Presenciábamos ayer un diálogo entre la justicia y la misericordia divinas. No es un diálogo entre dos personas, el Padre y el Hijo, sino entre dos atributos de Dios que están presentes en el Padre y en el Hijo.

Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. Habla la justicia. Si, después de plantarnos en la tierra santa de la Iglesia y regarnos con la sangre de su Hijo, nuestra insistencia en el pecado ha impedido que demos fruto, merecemos la muerte eterna. ¿Quién podrá recurrir esa sentencia?

Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Habla la misericordia divina desde la Cruz, y su eco resuena en todos los confesonarios: Dios nos ha concedido un tiempo de misericordia. Los brazos de Cristo están abiertos para que todo pecador arrepentido pueda obtener la salvación. ¿Aprovecharemos esta oportunidad?

Autor: José Fernando Rey

2 comentarios en “Justicia versus Misericordia

  1. La conexión entre la justicia y la misericordia, corre paralela a la relación entre verdad y caridad. La justicia ha sido interpretada con frecuencia de una manera estrecha, como mero cumplimiento de la ley. Contra la mentalidad legalista de los fariseos, Jesús destaca el gran don de la misericordia divina que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación, y reclama ante todo la atención a las necesidades que tocan la dignidad de las personas.

    “Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está en la base de una verdadera justicia. (…) Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo”.

    El tiempo de la Iglesia y el de los cristianos es, pues, un tiempo de misericordia, que nos llama a convertirnos siguiendo el estilo del ser y del obrar de Dios. Por eso cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamados a anunciar la misericordia divina con la vida y la palabra. Esto requiere el esfuerzo de cada uno, apoyados en la gracia de Dios: “Misericordia −señala San Josemaría desde la central referencia a Cristo− significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso”.

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