Aprender a esperar

Otra gran obra de misericordia: amar “en” Dios enseña también a esperar, a respetar a los demás amando de verdad…

4 comentarios en “Aprender a esperar

  1. ESTO es hablar del futuro: formar los futuros padres. La diferencia entre un nino y un adulto es una sola palabra ESPERAR. Esto es para formar adultos responsables desde antes del matrimonio. No ninos irresponsables antes de el. Ahi deberia estar la estrategia de la familia..Gracias.

  2. Cuando yo salía con mi novia, hoy mi esposa y madre de mis 5 hijos, nos escribíamos cartas. Alguna vez le mandé una carta urgente porque me encontraba muy triste. Dicha carta urgente llegaba a los cinco días cuando yo ya no estaba triste. Es posible que los jóvenes de hoy no entiendan el efecto que tiene, sobre una relación, el retraso de la comunicación de los afectos porque son la generación digital. Cuentan con sms, msm, watsups, twitts y chats para estar permanentemente conectados.
    Pero todo esto coexiste con la sensación que tienen bastantes jóvenes de cierta infelicidad y de fracaso en las relaciones de amistad o amorosas. Demasiados jóvenes parecen desconocer los matices que existen entre:
    — la amistad y el amor;
    — la atracción, el deseo, la libido, y el amor;
    — estar contento y ser feliz;
    — lo frecuente y lo normal;
    — la tolerancia o la libertad responsable y el permisivismo
    — o bien entre una sexualidad deshumanizada y la riqueza y belleza de la sexualidad humana.

    ¿De dónde viene esta insatisfacción y este desconocimiento de las cuestiones importantes de la vida?
    A lo mejor esta situación es resultado de una educación sin formación, sin disciplina y sin aprendizaje para el sacrificio; una educación excesivamente protectora y centrada en darle todo al joven, en vez de prepararle para el servicio al prójimo. Esta educación le ha hecho más vulnerable y poco preparado para afrontar los retos de su tiempo.

    La pregunta frecuente entre padres y madres sobre cuando hay que iniciar la educación sexual se suele contestar afirmando que es mejor una hora antes que cinco minutos tarde. Cuanto antes mejor, si es proporcional a la madurez del hijo. Pero yo diría que esta educación empieza incluso antes de nacer los hijos, empieza a vuestra edad, hoy, mientras que os formáis para poder ser transmisores de valores.
    Esta formación empieza por preguntaros si es posible una educación neutra. No es lo mismo una educación afectivo-sexual integral que una educación sexual veterinaria. La integral se basa en una antropología capaz de percibir los rasgos de Dios en una persona, y es más plenamente humana.
    La veterinaria, se limita a informar sobre la biología de la sexualidad y a transmitir que lo importante es lograr el máximo placer con el mínimo esfuerzo y daño personal posible. Es esencialmente aplicar el utilitarismo al campo de los deseos e impulsos sexuales.

    Cada enfoque se basa en sus propios valores o en la falta de los mismos. Algunos enfoques son más saludables y llevan a la felicidad, otros no.

    Otra pregunta que debéis haceros es ¿qué papel desempeña la fe en esta educación?
    Hay padres que no son religiosos y que educan bien a sus hijos. También hay padres religiosos que los educan mal. Pero no cabe duda que la transmisión de la fe y su integración en la educación afectivo-sexual es un valor añadido porque tiene en cuenta a una dimensión crucial del ser humano.
    Desde esta perspectiva, el cristiano tiene más recursos para vivir plenamente el amor y su sexualidad. En una homilía pronunciada en 1952, San Josemaría Escrivá refiriéndose a la fe como llama que purifica los corazones produciendo una enorme capacidad de amar en todos los ámbitos y también en el amor humano, decía lo siguiente: «somos portadores de la única llama capaz de encender los corazones hechos de carne» (hasta aquí la cita) ¿Realmente piensa alguien que un texto gubernamental puede hilar tan fino? Por eso debemos ser cautos cuando un gobierno quiere educar nuestra sexualidad.
    La educación afectivo-sexual integral, es aquella que forme a personas capaces de asumir las consecuencias de sus actos en vez de ser rehenes de sus impulsos y deseos. Personas capaces de amar y servir al prójimo, con todo el valor que tienen como personas sexuadas femeninas y masculinas.

    Para poder transmitir estos valores, además de conocerlos, debéis integrarlos en vuestras vidas personales sabiendo que el mensaje cristiano bimilenario de reservar la entrega de la sexualidad humana para el matrimonio, lugar donde puede ser respetada en su totalidad, es coherente y lo que realmente llena de felicidad. La Iglesia es coherente también cuando propone, y alienta a que se os ayude a los jóvenes, a que os preparéis para ese momento, madurando hasta poder asumir el compromiso de un proyecto familiar estable e indisoluble con otra persona, si tal es vuestra vocación.

    La Iglesia no puede renunciar a un mensaje que conoce por la revelación de Dios y por su experiencia milenaria como lo mejor para el ser humano en su búsqueda de sentido y felicidad: hemos sido “creados por amor” y “elegidos para amar”. El mensaje cristiano sobre la afectividad y la sexualidad es una guía para aprender a prepararnos para el amor; para administrar mejor el tesoro de la sexualidad humana. Un tesoro porque nos permite entregarnos a alguien y dar vida. Porque libremente puedo entregar “lo más mío, de mí para ser tuyo, de ti”. Y esto es una raíz que comparten tanto la conyugalidad como la virginidad. Esperar al matrimonio antes de tener relaciones sexuales es más importante de lo que parece. Esto no se improvisa y precisa de autodominio. Como algunos sabéis por experiencia propia, sin esfuerzo personal no se construye el amor.
    Tu corazón, tu capacidad de amar debe crecer desde las realidades ordinarias de tu vida personal. San Josemaría Escrivá dijo un día en la Universidad de Navarra que en el horizonte, parecen unirse el cielo y la tierra pero donde de verdad se juntan, es en nuestros corazones cuando vivimos santamente la vida ordinaria. Por cierto, aunque alguien haya tenido ya relaciones sexuales puede optar por reconquistar su virginidad, dejando de tenerlas y preparando así su corazón para el amor exclusivo hasta encontrar a esa persona con quien comprometerse para toda la vida, para amar en todas las circunstancias. Esa nueva espera también es un acto de amor y tiene su propio valor.

    Contad también con la fuerza de la oración para vivir mejor esa espera porque como decía Benedicto XVI en su primera encíclica Dios es Amor «con la oración recibimos constantemente fuerzas de Cristo». El amor no es cosa de uno, sólo el yo; ni cosa de dos, tú y yo, sino definitivamente cosa nuestra, unión en un nosotros único, con sus acciones propias.
    Jokin de Irala
    Prof. Titular de Universidad de Medicina Preventiva y Salud Pública.
    Vicedecano de Formación Médica, Investigación y Posgrado. Facultad de Medicina.

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