Lo queréis todo de mí, pero no a mí

puesta de solLa soledad que sufrió Jesús de Nazaret es un abismo insondable de tinieblas. Los hombres se acercan a Él en busca del favor divino: buscan prosperidad, consuelo, paz de espíritu, una «santidad» que les permita mirarse al espejo y quedar tranquilos, vida eterna… Pero pocos, muy pocos, se acercan a Jesús buscando conocerlo, saber qué piensa o cómo se siente. Esas pocas almas que lo buscan sólo a Él, cuando se asoman a su sacratísimo Corazón, quedan sobrecogidas.

   Ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

Llora por dentro Jesús: «Vosotros me buscáis, queréis favores y deseáis ver signos, pero no hacéis caso a mis palabras. Los paganos hicieron caso a Salomón y a Jonás. Y a mí, que envié a ambos, mi pueblo me ignora. Lo quiere todo de mí, pero me ignora»… ¡Oh, Jesús! Ojalá pudiese decirte, con verdad: «No me des nada de cuanto te pido, pero otórgame, tan sólo, la gracia de escucharte en todo momento, obedecerte siempre, y no separarme jamás de Ti».

Autor:José- Fernando Rey Ballesteros

2 comentarios en “Lo queréis todo de mí, pero no a mí

  1. San Josemaría jamás entraba en ninguna iglesia sin primero a saludar a Jesús Sacramentado: se recogía en oración unos instantes y renovaba su ardiente deseo de hacerle compañía en todos los Tabernáculos del mundo. Me conmovió lo sucedido cuando le acompañé a la Catedral en obras de una ciudad importante. Preguntó al sacristán dónde habían dejado reservado al Señor, y contestó que lo ignoraba, pues cada día lo cambiaban de sitio, y al final nadie sabía dónde estaba. Fue buscando al Señor por la Catedral, y lo descubrió al divisar una lamparilla medio oculta: se arrodilló en tierra y rezó. Después nos dijo que había hecho esta oración: «Señor, yo no soy mejor que los demás, pero necesito decirte que te quiero con todas mis fuerzas; y te pido que me escuches: te quiero por los que vienen aquí, y no te lo dicen; por todos los que vendrán y no te lo dirán». Y añadió: «¿No haríais vosotros algo semejante, si vuestros padres −con tantos méritos como tienen− se hubiesen prodigado por los demás, y los demás no les fuesen agradecidos? A Dios le debemos muchísimo más. Él, que es toda la felicidad, toda la hermosura y la verdadera Vida, se ha puesto a disposición de cada uno, para que tengamos parte en esa Vida. ¡Es justo que seamos agradecidos!»

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