¿Hasta cuándo piensas caminar por la cuerda floja?

sus ojos están con sus pensamientos 1897El evangelio de hoy nos muestra hasta dónde puede llegar la torpeza humana. Refiere cómo Herodes hizo ajusticiar a Juan Bautista a causa de una fanfarronada. Y lo peor del asunto es que le tenía aprecio. Llegó incluso a considerarle amigo suyo. Pero la bebida, la bravuconería y la atracción por el baile de la bella hija de Herodías pudieron con ese mínimo de nobleza que latía en su corazón y se lo llevó todo por delante.

En Herodes encontramos representada también nuestra debilidad. En el Antiguo Testamento encontramos el pasaje donde Esaú fue capaz de dilapidar su primejenitura, su bien más preciado, por un buen plato de lentejas y satisfacer así su estómago hambriento. ¿Te acuerdas? Parece increíble, pero lo hizo. Que pobre… Y tan pobres somos.

Unos amigos, una familia, un trabajo… ¡todo! Somos capaces de perderlo en una mala noche. ¿Causas? Siempre –o al menos con bastante frecuencia–: la bebida y la sensualidad.

Es una técnica habitual del demonio: entra por la sensualidad para ocasionar un pecado grave que atente contra algo más importante aún, la fidelidad. Porque una falta contra el sexto mandamiento es un pecado contra la pureza; pero un pecado contra la fidelidad es una ofensa grave contra la justicia. Y esto es mucho más importante.

Propósito de este rato de meditación: pedir al Señor ser lo suficientemente sensatos como para no ponernos en ocasión de pecado. Por ejemplo:

  • Ya sabes lo que ocurre cada viernes. Y sabes lo que pasa cada sábado. Además, estás persuadido de que, desterrando el alcohol de tu diversión nocturna, muchas de las cosas que luego te hacen sufrir jamás harán acto de presencia en tu vida. Entonces, ¿por qué no acometes ya esa lucha y te sinceras contigo mismo?
  • Estás triste, y conoces de sobra el motivo: tu matrimonio no va, tu marido parece estar en otras cosas… Si es así, ¿por qué frecuentas tanto la compañía de ese chico que te comprende tan bien?
  • Tu incontinencia en las comidas de empresa es conocida por todos y por ti mismo: comes sin límite y bebes bastante, entre risotadas y comentarios en voz cada vez más alta… Varias veces te has visto en un aprieto, porque en muchas ocasiones sabes cómo o dónde acaban algunos de tus compañeros de trabajo. Siempre has salido vivo de esas ocasiones; un punto de lucidez salvó tu conducta.

¿Hasta cuándo piensas caminar por la cuerda floja?

Acudamos a la Señora para que nos ayude a sincerarnos con nosotros mismos, y con el Señor. Y luego, en este año de la Misericordia, acudamos confiados a la confesión para -con su gracia- corregir todo aquello que tu y Él sabéis. Animo!

(Los ejemplos están copiados del libro “Con Él” de Fulgencio Espa)

4 comentarios en “¿Hasta cuándo piensas caminar por la cuerda floja?

  1. Son pocos, efectivamente, en comparación a todos los fieles que componen la Iglesia, los hombres a los que pide el Señor un testimonio de la fe derramando su sangre, dando su vida en el martirio (mártir significa testigo), pero sí nos pide a todos la entrega de la vida, poco a poco, con heroísmo escondido, en el cumplimiento fiel del deber: en el trabajo, en la familia, en la lucha por ser siempre coherentes con la fe cristiana, con un ejemplo que arrastra y estimula. Por esto, no basta con que vivamos interiormente la doctrina de Cristo: falsa fe sería aquella que careciera de manifestaciones externas. Por pasividad, por afán de no comprometerse, no pueden dar a entender los cristianos que no estiman su fe como lo más importante de su vida o no consideran las enseñanzas de la Iglesia como un elemento vital de su conducta. «El Señor necesita almas recias y audaces, que no pacten con la mediocridad y penetren con paso seguro en todos los ambientes» En ocasiones, pueden existir graves razones de caridad para confortar con el testimonio de nuestra fe a los que andan vacilantes: una confesión decidida como la del Bautista, sin complejos, que arrastre y remueva.
    No podemos estar callados cuando hay tantas personas a nuestro lado que esperan un testimonio coherente con la fe que profesamos. Ese testimonio consistirá unas veces en la ejemplaridad en el trabajo profesional, en la caridad y la comprensión con todos, en la alegría que revela la paz que nace del trato con Dios…; Siempre con serenidad y sin intemperancias, que no hacen bien y no son propias de un cristiano, pero con firmeza.
    La fortaleza de Juan y su vida coherente es para nosotros un ejemplo a imitar. Si lo seguimos en los acontecimientos diarios, corrientes y sencillos, muchos de nuestros amigos verán el temple de nuestra vida y se moverán por ese testimonio sereno, de la misma manera que muchos se convertían al contemplar el martirio –el testimonio de fe– de los primeros cristianos.
    Fuente: Fenández-Carvajal

      1. Hoy llevo desde las 2 de la madrugada en pie. Siento tener que haber acudido a nuestro comentarista preferente para hacer el comentario, pero ha llegado un momento en que quería dar respuesta y me bloqueé porque apenas podía pensar y opté por algo que al menos a mi me ha venido bien. Ahora que son las siete de la tarde pongo unas líneas sobre Santa Águeda mártir y voy a acostarme. Seguro que mañana me levanto bien y contesto con toda normalidad.

        Santa Águeda perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular pensó que podría llevar a cabo sus perversas intenciones contra la santa a través del edicto del emperador contra los cristianos. Así, Quinciano ordenó que la entregaran a una casa de mala fama donde la santa sufrió asaltos y asechanzas contra su honra.

        Luego de un mes, Quinciano trató de asustarla con sus amenazas, pero ella se mantuvo como una fiel sierva a Jesucristo. Molesto por su negativa, el cónsul mandó que fuera azotada y llevada a prisión. Al día siguiente fue interrogada de nuevo pero su firme adhesión a Cristo fue motivo de nuevas torturas y sufrimiento para la santa, quien expiró pronunciando alabanzas para nuestro Señor.

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