¡Las he hecho muy gordas!

el nombre de dios es misericordia.jpgYa hemos hablado en el blog del libro del Papa “El nombre de Dios es Misericordia“. Algunos comentarios y anécdotas del libro los iré poniendo a lo largo de este año de la misericordia. Empezamos con este comentario en el que se invita a la confesión en referencia a la escena evangélica de la mujer adultera:

Francisco reprodujo a este respecto una conversación con un hombre que, al oír que se le hablaba de este modo de la misericordia, respondió: «¡Oh, padre, si usted conociera mi vida, no me hablaría así! ¡Las he hecho muy gordas!». Ésta fue la respuesta: «¡Mejor! ¡Ve a ver a Jesús: a Él le gusta que le cuentes estas cosas! Él las olvida, Él tiene una capacidad especial para olvidarse de las cosas. Se olvida, te besa, te abraza y solamente te dice: “Ni siquiera yo te condeno; vete y, de ahora en adelante, no peques más”. Tan sólo te da ese consejo. Un mes después, estamos igual… Volvemos a ver al Señor. El Señor jamás se cansa de perdonar: ¡jamás! Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Entonces debemos pedir la gracia de no cansarnos de pedir perdón, pues Él jamás se cansa de perdonar».

 

5 comentarios en “¡Las he hecho muy gordas!

  1. En su primer libro oficial como el Papa, y en celebración de su Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco se dirige a cada hombre y mujer del planeta un diálogo íntimo y personal. En el centro, se halla el tema que más le interesa—la misericordia—desde siempre eje fundamental de su fe y ahora de su pontificado. En cada página vibra el deseo de llegar a todas aquellas almas que buscan darle un sentido a la vida, un camino de paz y de reconciliación, y una cura a las heridas físicas y espirituales.

    En la conversación con el vaticanista Andrea Tornielli, Francisco explica—a través de recuerdos de juventud y episodios relacionados con su experiencia como pastor—las razones por proclamar un Año Santo extraordinario. Reitera que la Iglesia no puede cerrar la puerta a nadie; por el contrario, su tarea es adentrarse en las conciencias de la gente para que puedan asumir responsabilidad por, y alejarse de, el mal realizado.

    Y a todos que se colocan a sí mismos en las filas de los «justos», les recuerda: «También el Papa es un hombre que necesita la misericordia de Dios».

  2. El texto de Jn 8,1-11 nos pone frente a frente con la alegría que siente el pecador perdonado por Jesús.
    La alegría de aquella mujer es la imagen de cada uno de nosotros, salvados por una palabra de perdón de Cristo: “Vete, no peques más en adelante”, “Yo te absuelvo…”, son palabras sacramentales que Jesús confió a la Iglesia, para que hoy sigamos teniendo la certeza del perdón.
    El pecado no es solamente contra Dios, sino que toca a toda la Iglesia, disgrega a la sociedad, hiere a la comunidad.
    Cuando leemos en la Biblia la expresión “contra ti he pecado” (cf Sal 51,6; Lc 15,18), se nos recuerda que Dios está detrás de cada hombre, de cada persona a la que nosotros tratamos mal, a la que engañamos o despreciamos.

    Compromiso
    ¿Tengo confianza en la fuerza bautismal del Espíritu que, en el Sacramento de la Reconciliación, realiza un acto creativo en mí?
    ¿Me resigno fácilmente a ser lo que soy sin ver el amor de Jesús en el sacramento que me ayuda a animarme y cambiar?
    ¿Miro a los demás como incorregibles o creo en la fuerza creadora del Espíritu y por eso trato de ayudarlos?
    ¿Sé expresar la alegría del perdón?

    ¿QUÉ LE AÑADE EL SACRAMENTO A LA CONVERSIÓN?
    Es necesario confesar y pedir perdón a Dios directamente por nuestros pecados, pero tratándose de pecados graves hay que pasar por el sacramento.

    Cristo mismo ha puesto a la Iglesia y a los sacerdotes como intermediarios del perdón de Dios. No ha dicho: “cuando estén en pecado, hablen directamente con Dios”, sino: “a quienes ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados” (Jn 20,23). Dios ha dispuesto que la reconciliación con Él se dé bajo la forma de un contacto muy humano, personal, de amigo a amigo, sensible y visible. Y el sacerdote debe ser alguien que, en nombre de Dios, nos escuche y nos acompañe. Si el sacerdote representa a Cristo, es bueno entonces antes de reconciliarse hacer un acto de Fe en Cristo, por más que el sacerdote sea un amigo.

    La Iglesia quiere garantizar al máximo el carácter personal de la conversión y quiere dirigir personalmente al penitente, en nombre de Cristo, su palabra de consuelo y recibirlo de nuevo y plenamente en la comunidad a través de la Eucaristía. Tratándose de pecados graves, no basta que uno se reconozca pecador en general; la Iglesia quiere personalizar en este pecador concreto su palabra de reconciliación y decirle: “Hijo, tu Fe te ha salvado. Levántate y anda”.

    El sacerdote en ningún caso puede violar el secreto de la confesión so pena de ser excomulgado de la Iglesia, y su misión es únicamente la de ser instrumento de la misericordia de Dios.

    El sacerdote está obligado a escuchar con el espíritu de Cristo lo que se le dice y guardar sobre ello absoluto silencio aun a costa de su propia vida. Ni siquiera puede hablarle a un penitente fuera de confesión de los pecados que él le ha confesado, si el penitente no se lo permite.

    ¿Qué añade entonces la celebración del sacramento a la conversión y al arrepentimiento personal? Antes que nada, los acontecimientos importantes (decisivos) de la vida, se celebran. Se quiere hacer visible ante la Iglesia nuestro arrepentimiento y el perdón de Dios, celebrar la culminación alegre de un proceso personal que implica también a la comunidad, ratificar definitivamente por ese gesto eficaz de la Iglesia nuestra reconciliación con Dios y con los hermanos. Es además el encuentro con un hermano que nos ayuda a realizar una revisión más objetiva y constante de nuestra vida, aconsejándonos y orientándonos desde Dios.

    1. Resumidamente podríamos decir, que el perdón lo concede Dios al penitente arrepenido y la absolución de los pecados, la otorga el sacerdote con el poder que Cristo y la Iglesia le confiere. Gracias por el comentario Rosa

      1. Me he reído mucho con su respuesta: clara concreta y concisa. Procuraré con todas mis fuerzas intentar hacer lo mismo. Tengo que tener claro, lo que es la síntesis. No sé por qué los abogados nos enrollamos demasiado. Muchas gracias y saludos.

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