Dios está en el alma “como el amante en el amado”

San_Tommaso_dAquino.jpgHoy la Iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino. La muerte le sorprendió antes de que pudiera finalizar la que es, no obstante, la obra teológica más grande jamás escrita. La Suma Teológica contiene 512 cuestiones y 2.669 artículos que exponen de un modo racionalmente exigente el contenido de la fe católica. Las citas de la Escritura se cuentan por millares, y se recogen también multitud de referencias a los Padres de la Iglesia, especialmente a san Agustín. Tomás partía de la experiencia concreta, de las dudas que todos tenemos, y trataba de darle respuesta. En esta obra habla de la Trinidad y de la relación de las tres Personas en Dios, de la creación, de los ángeles, del pecado, de la gracia, de la encarnación del Verbo y la venida del Espíritu Santo, de los sacramentos… y quedó inconclusa, dejando por hacer el capítulo dedicado a la vida eterna.
Sorprende la capacidad de profundizar en el misterio de Dios que tiene Tomás de Aquino. Está persuadido de la presencia de Dios en el mundo, y de modo particular en el alma en gracia, donde inhabitan las Personas divinas. El cristiano está llamado a un diálogo amorosísimo e íntimo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios está en el alma de los justos como el amante en el amado: Dios actúa en el corazón de los hombres enamorándolos de los bienes excelentes y del amor primero. ¿De los hombres? De ti y de mí.

Cuentan que al final de su vida preguntaron a santo Tomás de dónde había sacado tanta sabiduría. No es mala pregunta. Había estudiado con denuedo. (…) Es difícil explicar cómo, en menos de cincuenta años de vida, haya podido producir una bibliografía tan extensa. … Sin embargo, a la pregunta a propósito del origen de su ciencia, Tomás no contestó con todos estos datos de su «biografía intelectual». Se conformó con un sencillo gesto. A quien le preguntaba le señaló el crucifijo: de él lo había aprendido todo.

Estudio y oración… Doctrina y piedad… Acercarnos más a la Cruz con la vista y el corazón, mirar al Señor cara a cara en el crucifijo, pedirle que nos enseñe la auténtica sabiduría, esa que los santos han aprendido en la mejor de las escuelas: la del sufrimiento por amor.

En el documental realizado por las hermanas Jeanette y Ann Petrie, le preguntaron a la Madre Teresa cómo es posible entender el sufrimiento. Ella contestó:

«El sufrimiento en sí mismo no tiene sentido (…). Pero el sufrimiento que participa del sufrimiento de Cristo tiene un sentido tremendo. El sufrimiento ofrecido como reparación tiene todo el sentido (…). El sufrimiento es en realidad la manera más bella de crecer en santidad para identificarse con Jesús».

Antes de terminar esta entrada, me gustaría dejarte esta bella oración que Santo Tomás recitaba antes de ponerse a estudiar:

Creador inefable, que de los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y con maravilloso orden las colocaste sobre el cielo empíreo, y distribuiste las partes del universo con suma elegancia.

Tú que eres la verdadera fuente de luz y sabiduría, y el soberano principio, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento un rayo de tu claridad, apartando de mí la doble oscuridad en que he nacido: el pecado y la ignorancia.

Tú, que haces elocuentes las lenguas de los niños, instruye mi lengua e infunde en mis labios la gracia de tu bendición.

Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia copiosa para hablar.

Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.

6 comentarios en “Dios está en el alma “como el amante en el amado”

  1. De niña yo esperaba con ilusión este día porque no había “cole”. Mas tarde he conocido su vida, sus citas y escritos. Habla de todos los problemas que se nos puede plantear y me ha encantado como muy bien dice que cuando le preguntaban por su sabiduría, señalaba el crucifijo.

    Ahora voy a tratar de trasladaros algunas cosas que me enseñaron de él, como complemento a las ya escritas en el anterior comentario.

    Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, es el patrono de los estudiantes. Nacido en Aquino de noble familia, estudió en Montecasino y en Nápoles, donde se hizo fraile dominico. Esto no le hizo gracia a su madre, pues eran otros los planes de la altiva condesa, y lo encerró en el castillo. Allí sucedió la conocida escena. Una noche llevaron a una mujer a su habitación para seducirlo. Tomás venció como se vencen las tentaciones contra la pureza. Cogió rápidamente un tizón encendido y ahuyentó a la mujer. Pronto se durmió, y he aquí que dos ángeles le despertaron y le ciñeron un cordón incandescente. Ya no tuvo más tentaciones de impureza.

    No perdía el tiempo en la torre del castillo. Rezaba y leía los libros que le lograba pasar un fraile dominico. Un día con una estratagema le ayudó a evadirse. Poco después Tomás estudiaba en Colonia y en París, como discípulo de San Alberto Magno. Fue un alumno modelo. Embebido en los estudios, no participaba en recreos ni discusiones. Por ello lo llamaban «el buey mudo». Sí, dijo su maestro, pero sus mugidos resonarán en todo el mundo.

    Tomás era el primero en cumplir los consejos que un día daría a un estudiante: No entres de golpe en el mar, sino vete a él por los ríos, pues a lo difícil se ha de llegar por lo fácil. Sé tardo para hablar. Ama la celda. Evita la excesiva familiaridad, que distrae del estudio. Aclara las dudas. Cultiva la memoria. No te metas en asuntos ajenos no pierdas tiempo.

    El Papa le ofreció el arzobispado de Nápoles. Pero era otra la misión de Tomás. Se la mostró un día su maestro: la doctrina cristiana estaba en peligro de contaminarse con el aristotelismo averroísta, importado de España. Era preciso absorberlo, asimilarlo, cristianizarlo. Era la gran hazaña a que estaba llamado Tomás, y que realizaría soberanamente.

    San Alberto traspasó la cátedra de París a Tomás. Empezó comentando a Pedro Lombardo, el Maestro de las Sentencias, y asombró a todos por su claridad y profundidad. Sus comentarios sobre Aristóteles, su atrevimiento al «bautizarlo», le atrajo la envidia y enemistad de muchos profesores. Fue una lucha encarnizada, acosado por agustinianos y averroístas. Su método quedó consagrado al canonizarle el Papa Juan XXII el año 1324.
    Tomás enseñaba, predicaba y escribía. Obras principales: Sobre la Verdad, Suma contra gentiles, comentarios al Cantar de los Cantares. Su obra maestra es la Suma Teológica, síntesis que recoge todo su pensamiento. Armoniza el caudal filosófico y religioso griego y cristiano, conciliación audaz y lograda, una de las mayores hazañas del pensamiento humano.

    Su vida de oración era profunda. Nunca se entregaba al estudio sino después de la oración, afirma su amigo fray Reginaldo. Sus escritos sobre el Santísimo Sacramento y sus sermones nos hacen dudar si predominaba en él el teólogo o el místico. Derramaba muchas lágrimas en la Misa y caía frecuentemente en éxtasis. Una vez oyó del Señor: «Bien has escrito de mí, Tomás. ¿Qué recompensa quieres? – Ninguna, sino a Ti, Señor», respondió.
    Un día tuvo una «visión» celebrando Misa. Estaba por entonces escribiendo en la Suma sobre los Sacramentos, y ya no escribió más. «No puedo más, repetía cuando le insistían a que acabase. Lo que he escrito, comparado con lo que he visto, me parece ahora como el heno. No insistáis, no puedo más»

    Invitado por el Papa Gregorio X, se dirigió al concilio de Lyon. Se sintió enfermó en el camino. Le acogieron en el monasterio de Fossanova. Herido en la «visión» parcial, el 7 de marzo marchó a la visión plena.

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