«Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos»

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La frase de esta entrada, la escribió en Papa Francisco en el mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, titulado «Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo» (Documento completo) y con el que invita a la Iglesia a «vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar», y, por lo tanto, también en el ámbito de la comunicación. 

El documento contiene tres mensajes: 1) uno general, dirigido a los pueblos y a las naciones, para que eviten los lenguajes del odio y del resentimiento; 2) otro a la política, a las instituciones y a los que se ocupan de la comunicación, para que no alimenten la desconfianza, el miedo ni el odio; 3) y el tercero a la Iglesia y al mundo católico que tiene presencia en la arena de las comunicaciones y en los ambientes digitales, para que evite la presunción, la polarización, la división, el linchamiento moral.

«Estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia». La comunicación, observó, «tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital».

Francisco expresó el deseo de que las palabras y las acciones nos puedan ayudar a salir

«de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio». La palabra del cristiano, por el contrario, «se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación». Las viejas heridas y los resentimientos «pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos».

El Papa también se refirió al lenguaje de la política y de la diplomacia, y pidió que

«se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido». Después llamó, «sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores». De hecho, constató el Pontífice, «es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación».

Francisco también dirigió un mensaje a la Iglesia:

«¡Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho!».

La misericordia, recordó, puede ayudar «a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado (violencia, corrupción, explotación, etc.), pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones».

«Sólo palabras pronunciadas con amor y acompañadas de mansedumbre y misericordia —explicó el Papa— tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa».

El Papa Francisco invitó a cultivar el oído, el escuchar,

porque «comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común».

Al final del texto, también se refirió a las redes sociales, que pueden

«favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral».

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2 comentarios en “«Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos»

  1. El Papa señala que una tarea de todo cristiano es comunicar con misericordia, lo que provoca “proximidad” con la otra persona y ayuda a crear comunión. Por eso, lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos”, asegura.

    “En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad”, afirma Francisco.
    También indica que “la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar”.

    “El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios”.

    El Papa explica que todos los bautizados están llamados “a comunicar con todos, sin exclusión”. Para ello, la Iglesia utiliza la misericordia, con la que puede “tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida”.

    En definitiva, “se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la ‘chispa’ que los hace vivos”.

    El Pontífice también afirma que la comunicación “tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”.
    Y esto es posible “tanto en el mundo físico como en el digital”. Por tanto, “que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio”.

    No obstante, Francisco subraya que la palabra del cristiano, “se propone hacer crecer la comunión” incluso “cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación”.
    En el Mensaje, el Pontífice invita a todos a “descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades”.

    “Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse”, algo que también sirve “para las relaciones entre los pueblos”.
    “En todos estos casos –dice Francisco– la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe’”.

    El Papa también habla del lenguaje de la política y la diplomacia y exhorta a que inspire misericordia. “Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores”. “Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación”, indica.

    Francisco expresa una esperanza más: “Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho”.
    “Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones”.
    “Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído”.

    Recordando las palabras de Jesucristo en el Evangelio de San Juan “La verdad os hará libres”, el Papa destaca que su “dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia”.
    “Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor”, resaltó puesto que “sólo palabras pronunciadas con amor y acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores”. Al contrario, “palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa”.

    Francisco piensa que “es fundamental escuchar”. “Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger”. “Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía”, asegura el Papa.
    Pero reconoce a la vez que “escuchar nunca es fácil”. “A veces es más cómodo fingir ser sordos”, añade.
    “Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro” y al hacerlo “se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el ‘terreno sagrado’ del encuentro con el otro que me habla”.

    “Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos”.
    Francisco compara el entorno digital como “una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral”.
    “El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común”.
    El Pontífice habla también de la “proximidad” que se genera en el encuentro entre comunicación y misericordia. Ella “se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra”.

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