Jesús, almas! … son para ti, para tu gloria

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Ayúdame a clamar: ¡Jesús, almas!… ¡Almas de apóstol!: son para ti, para tu gloria.
     Verás como acaba por escucharnos. (Camino 803)

Esos pasajes del Evangelio en que aparece Jesús rodeado de gente, esos pasajes en que las multitudes se arraciman en torno al Señor hasta casi impedirle respirar, esos pasajes que, a muchos, nos producen sensación de agobio con sólo leerlos… Esos pasajes son profundamente eucarísticos.

   Se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Sin embargo, esa gente comía. Se comían a Jesús, se lo comían vivo, y Él, manso y rendido, se dejaba comer. Y los atendía, a unos y a otros, hasta el olvido completo de Sí. Decidme, a la vista de estos pasajes, si la vida de Cristo no fue Pan entregado que devoraron los hombres.

   ¡Oh, Jesús! Y ahora, cuando has recuperado tu Vida y ya te sientas a la derecha del Padre, has querido seguir presente entre nosotros como Pan. Bajas cada día a las manos de los sacerdotes, y les encargas que te distribuyan entre las almas en gracia para ser devorado, como siempre.

   Por nada de este mundo renunciaría a comerte. Pero quisiera, Jesús, al menos darte a Ti de comer. Por eso te pido almas; para entregártelas y saciar tu hambre. Que no es justo que sólo comamos nosotros.

3 comentarios en “Jesús, almas! … son para ti, para tu gloria

  1. El bien, ya lo decía Aristóteles, es de suyo expansivo. Cuando alguien tiene algo bueno, una alegría, tiende a compartirla. De ahí surge el apostolado. Un cristiano, por ello, desea comunicar el Evangelio (la Buena Nueva) a mucha gente, compartiendo con ellos esa noticia maravillosa: Dios se ha hecho hombre por nosotros.
    El apostolado, la tarea apóstol, consiste en acercar a otras personas a Dios, a través del ejemplo y de la palabra. En una sociedad materialista, en la que todo parece decirnos que lo único existente es lo material, lo que se puede calcular, lo que se puede consumir, la voz del cristiano –apóstol- tiene que hacerse oír de nuevo, anunciando el Evangelio. Jesús, antes de Ascender a los cielos, les encarga a los apóstoles –y a todos los cristianos- esta misión: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las gentes”.
    Almudi.org – apostolado – Opus Dei
    El principal apostolado que realizan los fieles de la Prelatura del Opus Dei es el que cada uno lleva a cabo en su propio ambiente, sin formar grupo, como expresión natural y espontánea de su compromiso cristiano. Elapostolado ennoblece los lazos de amistad: un buen cristiano se esfuerza por ser un buen amigo, sincero y leal. Con esa formación, cada uno ejercitará individualmente su acción apostólica, siendo a su alrededor testimonio de Jesucristo. Esta labor personal es siempre el apostolado más importante del Opus Dei. Se trata de unapostolado de testimonio y de ayuda concreta y eficaz en medio del trabajo diario y de las circunstancias habituales en que de desenvuelve la existencia de cada uno: un apostolado personal que une al ejemplo la palabra.
    Además, como fruto del deseo de contribuir a la solución de los problemas de su entorno y de ayudar a los más necesitados, los fieles del Opus Dei, con muchas otras personas, promueven iniciativas educativas y asistenciales: escuelas, hospitales, centros de formación profesional, universidades… Son entidades muy variadas, que tienen la personalidad propia del país y de la cultura en que nacen.

    Textos de San Josemaría sobre el apostolado
    Camino, 971. Me parece tan bien tu devoción por los primeros cristianos, que haré lo posible por fomentarla, para que ejercites —como ellos—, cada día con más entusiasmo, ese Apostolado eficaz de discreción y de confidencia.
    Camino, 974. “Apostolado del almuerzo”: es la vieja hospitalidad de los Patriarcas, con el calor fraternal de Betania. —Cuando se ejercita, parece que se entrevé a Jesús, que preside, como en casa de Lázaro.
    Camino, 973. Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es “apostolado de la confidencia”.
    Es Cristo que pasa. 122.
    Para el cristiano, el apostolado resulta connatural: no es algo añadido, yuxtapuesto, externo a su actividad diaria, a su ocupación profesional. ¡Lo he dicho sin cesar, desde que el Señor dispuso que surgiera el Opus Dei! Se trata de santificar el trabajo ordinario, de santificarse en esa tarea y de santificar a los demás con el ejercicio de la propia profesión, cada uno en su propio estado.
    El apostolado es como la respiración del cristiano: no puede vivir un hijo de Dios, sin ese latir espiritual. Nos recuerda la fiesta de hoy que el celo por almas es un mandato amoroso del Señor, que, al subir a su gloria, nos envía como testigos suyos por el orbe entero. Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima. Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama.
    Forja, 945. Si los cristianos viviéramos de veras conforme a nuestra fe, se produciría la más grande revolución de todos los tiempos… ¡La eficacia de la corredención depende también de cada uno de nosotros! –Medítalo.
    Amigos de Dios, 260
    Vamos a acompañar a Cristo en esta pesca divina. Jesús está junto al lago de Genesaret y las gentes se agolpan a su alrededor, ansiosas de escuchar la palabra de Dios. ¡Como hoy! ¿No lo veis? Están deseando oír el mensaje de Dios, aunque externamente lo disimulen. Quizá algunos han olvidado la doctrina de Cristo; otros -sin culpa de su parte- no la aprendieron nunca, y piensan en la religión como en algo extraño. Pero, convenceos de una realidad siempre actual: llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor.

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