“El nombre de Dios es Misericordia”, libro del Papa Francisco

“El nombre de Dios es Misericordia” se publica simultáneamente en 84 países.

En el libro-entrevista que le hace el periodista italiano Andrea Tornielli, Francisco descubre cómo se imagina el rostro de Dios. Curiosamente, uno de los grandes admiradores de esta obra es el ganador del óscar Roberto Benigni, que asegura haberla leído 7 veces.
“Santidad, esto que nos ha dado es un gran don. Gracias, muchas gracias”.
De hecho, Roberto Benigni fue la estrella de la presentación oficial del libro, en una universidad cercana al Vaticano. 

ROBERTO BENIGNI. Actor y director
“Cuando era pequeño y me preguntaban qué quieres ser de mayor, yo siempre respondía: “Quiero ser Papa”. Y como todos se ponían a reír, comprendí que debía hacerme cómico. Si se hubieran arrodillado me habría hecho Papa”. 
El artista italiano arrancó aplausos, sonrisas y lágrimas, con su profunda y personal interpretación del pontificado del Papa Francisco. 
ROBERTO BENIGNI
“Está llevando a la Iglesia con todas sus fuerzas hacia un lugar del que casi nos habíamos olvidado. No nos acordábamos. La está llevando hacia el cristianismo, hacia Jesucristo, hacia el Evangelio. Está tirando de la Iglesia hacia el cristianismo. Es algo increíble: La religión de la humanidad de Dios, de la divinidad del hombre. La está llevando… ¿Y cómo lo hace? A través de la misericordia”. 
CARD. PIETRO PAROLÍN, Secretario de Estado Vaticano
“Creo que no quiere afrontar casos concretos sino ensanchar horizontes. Quiere encender en los corazones el deseo del encuentro con el amor infinito del Señor; el deseo de experimentar en nuestras vidas el don divino, lejano a nuestras lógicas humanas, pero necesario para sostenernos, animarnos, levantarnos, y hacernos capaces de comenzar de nuevo”. 
El otro protagonista del libro es el periodista Andrea Tornielli, que a lo largo de nueve capítulos interroga al Papa sobre el tema clave de su Pontificado. Y obtiene respuestas sorprendentes. 
ANDREA TORNIELLI, Autor, “El nombre de Dios es Misericordia”
“Creo que lo mejor del libro es que muestra su experiencia, con anécdotas y recuerdos, muestra la delicadeza con la que afronta la situación de personas concretas. No es un libro teórico ni de Teología. Es un libro de experiencia. Espero que, como el Papa sabe hacer cuando comunica, hable de corazón a corazón”. 
El diálogo entre Tornielli y Francisco se convierte en este libro en un texto vivo y apasionante en el que el Papa explica cómo se confiesa, da pequeños consejos para la vida cristiana, revela cómo se imagina el rostro de Dios, y muestra hacia dónde está llevando a la Iglesia.  
Un libro para toda la vida. 
Fuente: romereports

6 comentarios en ““El nombre de Dios es Misericordia”, libro del Papa Francisco

  1. En las Sagradas Escrituras, el Señor es presentado como “Dios misericordioso”. Este es su nombre, a través del cual nos revela, por así decir, su rostro y su corazón. Él mismo, como narra el Libro del Éxodo, revelándose a Moisés se autodefinió como: «El Señor, Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad» (34,6). También en otros textos encontramos esta fórmula, con alguna variación, pero siempre la insistencia está puesta en la misericordia y en el amor de Dios que no se cansa nunca de perdonar (cfr Gn 4,2; Gl 2,13; Sal 86,15; 103,8; 145,8; Ne 9,17). Veamos juntos, una por una, estas palabras de la Sagrada Escritura que nos hablan de Dios.

    El Señor es “misericordioso”: esta palabra evoca una actitud de ternura como la de una madre con su hijo. De hecho, el término hebreo usado en la Biblia hace pensar a las vísceras o también en el vientre materno. Por eso, la imagen que sugiere es aquella de un Dios que se conmueve y se enternece por nosotros como una madre cuando toma en brazos a su niño, deseosa sólo de amar, proteger, ayudar, lista a donar todo, incluso a sí misma. Esa es la imagen que sugiere este término. Un amor, por lo tanto, que se puede definir en sentido bueno “visceral”.

    Después está escrito que el Señor es “bondadoso”, en el sentido que dona gracia, tiene compasión y, en su grandeza, se inclina sobre quien es débil y pobre, siempre listo para acoger, comprender, perdonar. Es como el padre de la parábola del Evangelio de Lucas (cfr Lc 15,11-32): un padre que no se cierra en el resentimiento por el abandono del hijo menor, sino al contrario continúa esperándolo, lo ha generado, y después corre a su encuentro y lo abraza, no lo deja ni siquiera terminar su confesión, como si le cubriera la boca, qué grande es el amor y la alegría por haberlo reencontrado; y después va también a llamar al hijo mayor, que está indignado y no quiere hacer fiesta, el hijo que ha permanecido siempre en la casa, pero viviendo como un siervo más que como un hijo, y también sobre él el padre se inclina, lo invita a entrar, busca abrir su corazón al amor, para que ninguno quede excluido de la fiesta de la misericordia. La misericordia es una fiesta.

    De este Dios misericordioso se dice también que es “lento para enojarse”, literalmente, “de largo respiro”, es decir, con el respiro amplio de la paciencia y de la capacidad de soportar. Dios sabe esperar, sus tiempos no son aquellos impacientes de los hombres; Es como un sabio agricultor que sabe esperar, da tiempo a la buena semilla para que crezca, a pesar de la cizaña (cfr Mt 13,24-30).

    Y por último, el Señor se proclama “grande en el amor y en la fidelidad”. ¡Qué hermosa es esta definición de Dios! Aquí está todo. Porque Dios es grande y poderoso, pero esta grandeza y poder se despliegan en el amarnos, nosotros así pequeños, así incapaces. La palabra “amor”, aquí utilizada, indica el afecto, la gracia, la bondad. No es un amor de telenovela. Es el amor que da el primer paso, que no depende de los méritos humanos sino de una inmensa gratuidad. Es la solicitud divina que nada la puede detener, ni siquiera el pecado, porque sabe ir más allá del pecado, vencer el mal y perdonarlo.

    Una “fidelidad” sin límites: he aquí la última palabra de la revelación de Dios a Moisés. La fidelidad de Dios nunca falla, porque el Señor es el Custodio que, como dice el Salmo, no se adormenta sino que vigila continuamente sobre nosotros para llevarnos a la vida:

    «El no dejará que resbale tu pie:
    ¡tu guardián no duerme!
    No, no duerme ni dormita
    el guardián de Israel.
    […]
    El Señor te protegerá de todo mal
    y cuidará tu vida.
    El te protegerá en la partida y el regreso,
    ahora y para siempre» (121,3-4.7-8).

    Y este Dios misericordioso es fiel en su misericordia. Y Pablo dice algo bello: si tú, delante a Él, no eres fiel, Él permanecerá fiel porque no puede renegarse a sí mismo, la fidelidad en la misericordia es el ser de Dios. Y por esto Dios es totalmente y siempre confiable. Una presencia sólida y estable. Es esta la certeza de nuestra fe. Y luego, en este Jubileo de la Misericordia, confiemos totalmente en Él, y experimentemos la alegría de ser amados por este “Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse y grande en el amor y en la fidelidad”.

    (Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

  2. Sinopsis del libro:

    La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso suceda, es necesario salir. Salir de las iglesias y de las parroquias, salir e ir a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan.

    «La misericordia es el primer atributo de Dios. Es el nombre de Dios. No hay situaciones de las que no podamos salir, no estamos condenados a hundirnos en arenas movedizas.»

    Con palabras sencillas y directas, el papa Francisco se dirige a cada hombre y mujer del planeta entablando un diálogo íntimo y personal. En el centro, se halla el tema que más le interesa –la misericordia–, desde siempre eje fundamental de su testimonio y ahora de su pontificado. En cada página vibra el deseo de llegar a todas aquellas almas –dentro y fuera de la Iglesia– que buscan darle un sentido a la vida, un camino de paz y de reconciliación, una cura a las heridas físicas y espirituales. En primer lugar está esa humanidad inquieta y doliente que pide ser acogida y no rechazada: los pobres y los marginados, los presos y las prosti­tutas, pero también los desorientados y los que viven alejados de la fe, los homosexuales y los divorciados.

    En la conversación con el vaticanista Andrea Tornielli, Francisco explica –a través de recuerdos de juventud y episodios relacionados con su experiencia como pastor– las razones de un Año Santo extraordinario que ha deseado intensamente. Sin ignorar las cuestio­nes éticas y teológicas, rebate que la Iglesia no puede cerrar la puerta a nadie; por el contrario, su tarea es adentrarse en las conciencias para abrir rendijas a la hora de asumir responsabilidad y alejar el mal realizado.

    En la franqueza de la conversación, Francisco no se sustrae tampoco de afrontar el vínculo de la relación entre misericordia, justicia y corrupción.

    Y a esos cristianos que se colocan a sí mismos en las filas de los «justos», les recuerda: «También el Papa es un hombre que necesita la misericordia de Dios».

    Il nome di Dio è Misericordia se publica con un lanzamien­to mundial en 82 países

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