Sin perdón no hay futuro

nelson-mandela-400.jpgCopio este magnífico artículo de Enrique Monasterio, que viene perfecto para este Año Santo de la Misericordia que comienza:

Nelson Mandela, Sin perdón ho hay futuro.

Querido Presidente Mandela: acaba de cumplirse el segundo aniversario de tu muerte y nadie se ha olvidado de ti. Al contrario, se multiplican los homenajes a tu figura. Políticos, hombres de Estado, activistas de todas las tendencias y credos, aún no salen de su asombro al recordar el gran milagro que consumaste en Sudáfrica a finales del siglo XX.

No hace falta que me corrijas: ya sé no fuiste tú solo. Debería remitir este correo también a Kobie Coetsee, Frederik de Klerk y al arzobispo anglicano Desmond Tutu, pero lo importante es que, entre todos, frenasteis el baño de sangre que parecía inevitable cuando se puso fin al régimen de apartheid y los negros recuperaron sus derechos civiles.

Habías abandonado la cárcel después de 26 años y diste tu primera rueda de prensa ante 200 periodistas llegados del mundo entero. Todos esperaban una soflama cargada de odio y afán de venganza, pero tú hablaste de reconciliación y de perdón. Era el 12 de febrero de 1990.

Tus palabras se tradujeron en hechos. Se nombró una “Comisión para la Verdad y la Reconciliación”, encabezada por Tutu, con el lema: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”.

Aquella comisión invitó a que las víctimas revelaran en audiencias públicas, con la televisión en directo, los crímenes que habían padecido durante los años de la discriminación racial. Al mismo tiempo los autores de los hechos violentos podían también confesar sus delitos, y eran sus propias víctimas las que decidían concederles el perdón si consideraban que el arrepentimiento era sincero y que habían actuado cumpliendo órdenes.

El propio presidente de la comisión entendió que sólo el perdón permitiría alcanzar la plena reconciliación entre los sudafricanos. Y apeló a la fe, al sentido religioso y cristiano del pueblo de Sudáfrica. Era preciso curar las heridas de un país entero que sangraba desde décadas. Se trataba de no dejar ninguna cuenta pendiente. Algunos comentaristas occidentales dijeron que Sudáfrica fue durante aquellos meses un enorme confesonario. Tenían razón.

Se han escrito millones de páginas sobre este episodio de vuestra historia, que tuvo luces y sombras, desde luego. Yo no añadiré una palabra más. Sólo te pido hoy que nos eches una mano desde el Cielo. Ya sabes que en la Iglesia Católica hemos comenzado un año dedicado a la misericordia. El Santo Padre Francisco nos invita a abrir el corazón a la misericordia de Dios confesando nuestras culpas en el Sacramento de la Penitencia, a la vez que pedimos perdón a los hermanos que se sientan agraviados por nuestra causa.

De este modo también nosotros estaremos en condiciones de perdonar las ofensas recibidas, aunque esta segunda parte no resulte tan sencilla.

¿Eres consciente de que en aquí nos gusta más la venganza que la misericordia? Sí, amigo Mandela; somos un pueblo justiciero e iracundo. Exigimos que “los malos” se pudran en la cárcel, que sufran en sus carnes lo que suponemos que han hecho sufrir a otros. El “ojo por ojo” no parece superado en nuestra refinada sociedad.

Desde luego es preciso hacer justicia y cumplir las penas que impongan los jueces, pero tú sabes muy bien que, cuando hay una ofensa, se producen dos heridas: una en el agraviado y otra —seguramente más dolorosa— en el que agravia. Éste la sufrirá en su carne hasta que el perdón la cure y el olvido elimine la infección.

El Santo Padre nos pide que tengamos los brazos y el corazón abiertos, siempre dispuestos a perdonar y a confiar; que salgamos a mitad de camino, como el padre del hijo pródigo, para fundirnos en un abrazo con aquellos que se acercan, quizá tímidamente, a la casa que abandonaron hace mucho tiempo.

¿Te parece un sueño imposible? Tú salvaste a tu país poniéndolo en práctica. Sabías que “sin perdón no hay futuro”, y que, sólo perdonando, el hombre se hace semejante a Dios

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2 comentarios en “Sin perdón no hay futuro

  1. La diferencia entre el perdón y la reconciliación es que, el perdón es la paz del espíritu mientras que la reconciliación es la paz de las relaciones. Los ingredientes que se requieren para construir la paz, desde mi perspectiva son: educación en el hogar y la escuela; innovación y tecnologías de convivencia, construcción de islas de creatividad sobre el perdón; liderazgos inspiradores, identificar Mandelas en los municipios, veredas, regiones; conectividad y redes. Hay la necesidad de construir un nuevo paradigma sobre el perdón basado en la compasión como la conciben los orientales y también retomar el perdón incondicional que proclamaba Jesús ‘perdonar hasta 70 veces 7’, un mensaje que es vital no solo para el cristiano, sino también para el musulmán, el budista y el hinduista. La propuesta es un cambio profundo de una sociedad que pasa de un ser que acumula, mercadea y capitaliza a una sociedad donde el SER es un don, un regalo para los demás. ¿Dónde estoy yo? ¿Cuáles son esas cosas que todavía no he perdonado? ¿Cuáles son las reconciliaciones que tengo pendientes? Y más allá de mi reflexión personal me pregunto ¿Cómo vamos a pasar de esta polarización en la que estamos hoy y de las heridas que hemos acumulado como país, a lo largo de la violencia, a una sociedad donde empecemos a comportarnos como un regalo para el otro? ¿Cuál es el cambio dramático que necesitamos hacer en nuestro sistema educativo, no solo en las instituciones académicas pero también en cada uno de los hogares ? ¿Cómo vamos a incorporar la innovación para generar éstas con creatividad alrededor del perdón y la reconciliación desde nuestros niños? ¿Qué vamos a hacer, tu y yo, como ciudadanos de un país que necesita transformar el odio y el rencor en perdón y reconciliación? –
    Como dice el Papa: ¡Dios nunca se cansa de perdonarnos, nunca!”. “Entonces, ¿cuál es el problema?”. “Bueno, el problema es que nosotros nos cansamos de pedir perdón! Pero El nunca se cansa de perdonar; somos nosotros los que , a veces, nos cansamos de pedir perdón. Y no tenemos que cansarnos nunca, nunca. Él es el Padre amoroso que perdona siempre y cuyo corazón está lleno de misericordia para todos nosotros. Tenemos que aprender a ser más misericordiosos con todos. Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ha tenido en sus brazos a la Misericordia de Dios hecho hombre.

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