“Madre de Misericordia”

hipotesis sobre maría.jpgMe remite esta interesante entrevista a Vittorio Messori, mi buen amigo Dr. Rafael Tomás Caldera. El motivo de la entrevista es la publicación de una versión actualizada -con 13 nuevos capítulos- de su obra del 2008 Hipótesis sobre María. Pero es muy adecuada en el marco del Año Santo de la misericordia:

“Se ha sacado a María del lugar prominente de la casa para ponerla en una esquina”

(Portaluz/Credere) Cada 1° de enero la Iglesia Católica celebra a María Santísima, Madre de Dios. La maternidad Inmaculada de María. Pero además este primero de enero de 2016 el Papa abrió la Puerta Santa de la Basílica «Santa María la Mayor». Pocos días después el Vicario de Cristo viajará a México para postrarse ante la Santísima Virgen María de Guadalupe, en virtud de lo que ella misma prometió en su primera aparición… «Mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre», a quienes allí acudan con sus «lamentos, miserias, penas y dolores».

En este contexto, ¿cuál es la relación entre la figura de la Santísima Virgen María y el tema de la misericordia, que Papa Francisco sitúa en el corazón del Jubileo que acaba de comenzar? Esta y otras preguntas realizó revista Credere al converso, periodista y escritor Vittorio Messori, quien acaba de publicar una versión actualizada -con 13 nuevos capítulos- de su obra del 2008 Hipótesis sobre María.

Su nuevo libro nace -cito de la introducción- «…debido a que sobre María no se ha dicho lo suficiente», y porque le parece se carece «de una catequesis adecuada, pues al parecer se ha sacado a María del lugar prominente de la casa para ponerla en una esquina». ¿Puede explicarlo?

Después del Concilio se ha hecho patente eso que el Padre Laurentin, uno de mis maestros, llama el «invierno mariano». Después de un período en el que se habló bastante de María, se ha pasado al silencio. Por dos razones. La primera: la influencia protestante, para quienes María está «de más», para quienes cuanto más se habla de María menos se habla de Cristo, como si exaltando a la madre se pudiere ocultar al Hijo. También influyó el hecho de que gran parte de la devoción mariana pre-conciliar era sentimental, dulce, hecha de canciones de niños, ramos de flores y cosas por el estilo. De hecho un clima «Supermariano» es probable que alienase a mucha gente con María. He intentado – en este como en otros libros – demostrar que es posible una devoción profunda y, al mismo tiempo -permítanme el uso del término- viril.


Sin embargo en el capítulo titulado ‘Devotos y devociones’, usted invita a no despreciar la fe de los sencillos; aquella de la anciana con el Rosario en la mano. ¿Es posible una devoción «cierta y viril», pero que al mismo tiempo manifiesta ternura?

La devoción popular es un gran tesoro al que la Iglesia no debe renunciar, porque también es querida por los fieles. María (n. del e.: la Santísima Virgen María) le dijo a Bernadette en Lourdes: «Quiero que aquí se erija una capilla y que vengan en procesión». Pues bien, yo nunca me fui a las calles para un desfile político, pero siempre que puedo voy con agrado a las procesiones. Además, entre las personas que más admiro en el mundo está la anciana con su rosario. Lo que no me gusta es una retórica sentimental en la catequesis: ¡Muchos libros sobre María son ilegibles por el hombre de hoy! Añado que en la zona del Desenzano del Garda, donde vivo, he contribuido a la recuperación de algunos rincones marianos que corrían el riesgo de terminar en ruinas. No sólo esto, sino que yo mismo reconstruí un ‘santuarito’ mariano.

Cuéntenos más sobre lo último que menciona…

A pocos kilómetros de Desenzano se encuentra la antigua abadía de Maguzzano que estaba un poco abandonada. Gracias a mis ahorros y aportes de algunos amigos solventes, se pudo crear, con la ayuda de un amigo arquitecto, un pequeño santuario. Pequeño pero elegante, porque la belleza también debe ser parte de la devoción. Como está situado en un olivar, se dedicó a «Santa María de los olivos. ‘»

¿Cuál es la «función» de María respecto de Jesús?

En mi primer libro Hipótesis sobre Jesús -el testimonio de mi conversión- María no figuraba para nada. Entonces yo estaba como «deslumbrado» por Cristo y no «veía» a la Santísima Virgen. Mi experiencia es que solo cuando usted logra vincularse íntimamente con el Hijo, él le lleva a su casa y le presenta a la Madre. Dicho de otra manera: María es importante, pero después de que Cristo se ha hecho presente.

En la Salve Regina María es llamada «Madre de la misericordia». ¿Cómo interpreta este apelativo en vistas al Jubileo que acaba de empezar?

En Dios encontramos la misericordia en grado máximo y, al mismo tiempo, la justicia suprema. Dicho esto, tal vez Dios asignó a María una tarea especial: para asegurarse de que en cada uno solo esté presente la misericordia. Como ser humano, una de nosotros, María puede «permitirse» esto. Así, María es un regalo que se da a la humanidad: es nuestra abogada defensora ante Dios.

¿Hay algún «título» específico de María que le es particularmente querido?

María Estrella del Mar. Los marineros para no perderse en el mar siguen la estrella. María es quien te guía. Como decía san Bernardo de Claraval: «…siga a María y nunca irá por mal camino».

¿Entre los santuarios marianos frecuenta alguno en particular?

Crecí en Turín y tengo una relación especial con el ‘Santuario della Consolata’. También me encanta el ‘Santuario di Oropa’, porque más que un santuario es una especie de ciudad mariana en la montaña.

Fuente: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=25674

2 comentarios en ““Madre de Misericordia”

  1. Me gusta todo lo que relata su escrito, yo he elegido la homilía del Papa sobre este tema.
    Homilía del Santo Padre

    Salve, Mater misericordiae!

    Con este saludo queremos dirigirnos a la Virgen María en la Basílica romana a Ella dedicada con el título de Madre de Dios. Es el inicio de un antiguo himno, que cantaremos al término de esta sagrada Eucaristía, que se remonta a un autor desconocido y que ha llegado a nosotros como una oración que surge espontánea del corazón de los creyentes: “Salve Madre de misericordia, Madre de Dios y Madre del perdón, Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría”. En estas pocas palabras se sintetiza la fe de generaciones de personas que, teniendo fijos sus ojos en la imagen de la Virgen, le piden su intercesión y consuelo.

    Es más apropiado que nunca que en este día invoquemos a la Virgen María, ante todo como Madre de la misericordia. La Puerta Santa que hemos abierto es de hecho una Puerta de la Misericordia. Cualquiera que atraviese ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin ningún temor; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza −¡con la certeza!− de que tendrá a su lado la compañía de María. Ella es Madre de la misericordia, porque engendró en su seno el Rostro mismo de la divina misericordia, Jesús, el Enmanuel, el Esperado por todos los pueblos, el «Príncipe de la paz» (Is 9,5). El Hijo de Dios, hecho carne por nuestra salvación, nos dio a su Madre que, junto a nosotros, se hace peregrina para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor.

    María es Madre de Dios, es Madre de Dios que perdona, que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón. Esta palabra −“perdón”− tan incomprendida por la mentalidad mundana, indica en cambio el fruto propio, original de la fe cristiana. Quien no sabe perdonar aún no ha conocido la plenitud del amor. Y solo quien ama de verdad es capaz de llegar al perdón, olvidando la ofensa recibida. Al pie de la Cruz, María ve a su Hijo que se ofrece por completo a sí mismo y así manifiesta lo que significa amar como ama Dios. En aquel momento oye pronunciar a Jesús palabras que probablemente nacen de lo que Ella misma le enseñó de niño: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). En aquel momento, María se convierte para todos nosotros en Madre del perdón. Ella misma, con el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a cuantos estaban matando a su hijo inocente.

    Para nosotros, María es icono de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo invocan. La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No puede pararlo la ley con sus argucias, ni la sabiduría de este mundo con sus disquisiciones. El perdón de la Iglesia debe tener la misma extensión que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa. Por eso el Espíritu Santo hizo a los Apóstoles instrumentos eficaces de perdón, para que lo que se obtuvo por la muerte de Jesús pueda llegar a todo hombre en todo lugar y en todo tiempo (cfr. Jn 20,19-23).

    El himno mariano, finalmente, continúa diciendo: «Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». La esperanza, la gracia y la santa alegría son hermanas: todas son don de Cristo, es más, son otros nombres de Él, escritos, por así decir, en su carne. El regalo que María nos hace dándonos a Jesucristo es el del perdón que renueva la vida, que le permite cumplir de nuevo la voluntad de Dios, y que la llena de verdadera felicidad. Esta gracia abre el corazón para mirar al futuro con la alegría de quien espera. Es la enseñanza que proviene también del Salmo: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renueva en mí un espíritu firme […] Devuélveme la alegría de tu salvación» (51,12.14). La fuerza del perdón es el verdadero antídoto de la tristeza provocada por el rencor y la venganza. El perdón abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras que el rencor y la venganza inquietan la mente y hieren el corazón quitándole la tranquilidad y la paz. ¡Cosas feas son el rencor y la venganza!

    Atravesemos, pues, la Puerta Santa de la Misericordia con la certeza de la compañía de la Virgen Madre, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros. Dejémonos acompañar por Ella para volver a descubrir la belleza del encuentro con su hijo Jesús. Abramos de par en par nuestro corazón a la alegría del perdón, conscientes de la confiada esperanza que se nos devuelve, para hacer de nuestra existencia ordinaria un humilde instrumento del amor de Dios.

    Y con amor de hijos aclamémosla con las mismas palabras que el pueblo de Éfeso, en la época del histórico Concilio: “¡Santa Madre de Dios!”. Os invito, todos juntos, a repetir esta aclamación tres veces, fuerte, con todo el corazón y el amor. Todos juntos: “¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios!”.

    Fuente: vatican.va.

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