“Año nuevo, lucha nueva”

san josemaria.jpg“Año nuevo, lucha nueva”: se trata de un lema que se propuso san Josemaría al comienzo el 31 de diciembre de 1971. Aquel mismo día había redactado otra ficha: “Éste es nuestro destino en la tierra: luchar por amor hasta el último instante. Deo gratias!“. 

Solía decir también que “El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!”.

Pocos días después, el 9 de enero, sería su 70º cumpleaños y, conforme se acercaba el día, bromeaba con la idea de que estaba a punto de cumplir “siete años”. Explicaba así la broma a sus hijos: “nosotros tenemos que hacernos de verdad como niños delante de Dios, renovando nuestra juventud todos los días. En la historia de la Iglesia hay muchas almas santas que han sabido, siendo ya viejos, hacerse niños, por caminos muy diversos. ¿No os parece lógico que os diga que no quiero cumplir más de siete años?“.

Los del Consejo General le regalaron un pequeño altorrelieve de mármol blanco. Representaba al Buen Pastor, con la oveja descarriada o maltrecha sobre los hombros, el perro, el zurrón en bandolera y el cayado. Y, a sus pies, una dedicatoria en latín, añadida por don Álvaro: «9 de enero de 1972: a nuestro Padre, en el séptimo decenio de su nacimiento. Con todo cariño».

Fuente: Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, (III): Los caminos divinos de la tierra, Ed. Rialp, Madrid, 2002

Anuncios

4 comentarios en ““Año nuevo, lucha nueva”

  1. Hoy es la festividad de Santa María Madre de Dios y le decimos:
    Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra: vamos a empezar este año de tu mano para que no nos apartemos del buen camino.

    Le pedimos a la Virgen María ser sencillos, no complicarnos la vida, no ser orgullosos, hacer enseguida las paces, no decir mentiras sino la verdad. Comencemos el año de la mano de la Virgen con el propósito de dar gracias cada día a Dios por las cosas buenas que nos da, pedir perdón por lo que no hacemos bien, y ayuda para mejorar cada día, para llevar paz a nuestro alrededor y así hacer que haya paz en el mundo. Es verdad que una cosa pequeña no lo cambia todo, pero así como una gota de agua es poca cosa pero sin cada gota no habría mar, así con detalles de amor haremos que las heridas que muchos tienen no vayan sangrando nunca más, que todas las personas se sientan unidas como hijos de Dios, y la familia humana viva feliz, sea la raza de los hijos de Dios.

    Es la gran fiesta de la Maternidad de María, con ella comenzamos el año. Antes se celebraba el día 11 de octubre, pero es mucho mejor que se celebre dentro de la Navidad, porque el nacimiento de Jesús y la maternidad divina son aspectos de un mismo hecho. Hay gente que duda, en nuestro tiempo como al principio, de si podía llamarse no sólo madre de Jesús sino Madre de Dios. S. Cirilo de Alejandría resume esta doctrina: “Me extraña en gran manera que haya alguien que tenga alguna duda de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. Si nuestro Señor Jesucristo es Dios ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos transmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearon esta misma expresión. Así nos lo han enseñado también los Santos Padres”.

    “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. La maternidad divina es el hecho esencial que ilumina toda la vida de María y el fundamento de todos los privilegios con que Dios ha adornado a la Virgen. Hoy recordamos y veneramos el misterio por el que María, por obra y gracia del Espíritu Santo, y sin perder la gloria de su virginidad, ha engendrado y ha dado a luz al Verbo encarnado. Hoy es un buen día sobre todo para agradecer al Señor de la mano de María el año que termina y la perseverancia en querer seguirle, y pedirle –es maestra de contemplación- la gracia de la oración, perseverancia en el año que empieza, fidelidad a nuestra llamada cristiana, en una lucha viva y esperanzada.

    Estos días vivimos el nacimiento de este Príncipe que nos trae la paz, la justicia, el amor a Dios y a los hermanos: si invocamos el santo nombre de Jesús, de María, tendremos esta “paz”: en hebreo Shalom, palabra con la que se saludan los judíos hasta nuestros días, significa mucho más de lo que nosotros solemos traducir, pues es reposo, gloria, riqueza, salvación, vida…, y fruto de la justicia. Hoy es el Día Mundial de la Paz, con un mensaje del Papa para rezar por ese bien tan bonito, esa meta hacia la que caminamos, que va con la libertad y el amor.

    Cuentan que había millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, rojas, azules, doradas. Un día, inquietas, se acercaron a san Gabriel –que es su jefe- y le propusieron: “- nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas.” -“Sea”, respondió. Se dice que aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente iluminada. Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste. “-¿Por qué habéis vuelto?”, preguntó Gabriel, a medida que ellas iban llegando al cielo. “-Nos fue imposible permanecer en la Tierra, allí hay mucha miseria, mucha violencia, demasiadas injusticias”. Les contestó Gabriel: “-Claro. La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere. Nada es perfecto. El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección.” Después de que había llegado gran cantidad de estrellas, Gabriel, que sabe muchas matemáticas, las dijo: “-Falta una estrella… ¿dónde estará?”. Un ángel que estaba cerca replicó: “-Hay una estrella que quiso quedarse entre los hombres. Descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor. Es la Esperanza, la estrella verde. La única estrella de ese color.” Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola: la Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y el cielo no necesita retener es la Esperanza, ella es propia de la persona humana, de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede conocer el porvenir.

    María es esa estrella que trae el amor de Jesús y nos llena de esperanza. No obliga, nos muestra el camino, respeta nuestra libertad, como hace la estrella, ilumina. Este es el modelo para toda educación, tanto la de los padres con los hijos, la de los miembros de la Iglesia en su apostolado, o como ciudadanos a nivel social y cultural: no se trata sólo de transmitir conocimientos, sino vida, dar luz, ser un referente –estrella- en un mundo de gente que no sabe hacia dónde ir, que necesita maestros. Con qué alegría nos dice un amigo: “quiero contarte esta pena, sólo puedo explicártelo a ti, que me inspiras confianza”. Y estos guías necesitan luz, dar del calor que tienen; con María queremos ir de la mano en este año que comienza, para ir seguros hacia más allá de lo que vemos, que a veces puede parecernos algo negro, que nos proyecta hacia lo que no vemos; nos habla de que si Dios se ha hecho Niño, es posible un mundo mejor, en el que reine la alegría. Que siempre hay un punto en lo más profundo del alma –¡la estrella verde!- que emana la luz y el calor de Belén, que nos llena y nunca nos deja sentirnos vacíos, que es fuente inagotable de ilusiones y proyectos. Porque Jesús entra dentro de la Historia, es solidario con todo lo nuestro, y con María, la orante perfecta, figura de la Iglesia, nos adherimos al designio salvador del Padre.

  2. HABLA EL PAPA
    Seis mil Niños Cantores de numerosos coros infantiles, conocidos también como “Pueri cantores” –que se dieron cita en Roma para celebrar su 40º Congreso Internacional– se reunieron con el Santo Padre Francisco en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano el último día del año 2015 para escuchar, con atención, las sugerencias y respuestas a las preguntas que le formularon.

    “Me gusta oír cantar, pero si yo cantara parecería un asno, porque no sé cantar y ni siquiera sé hablar bien, porque tengo un defecto en el modo de hablar, en la fonética, pero me gusta mucho oír cantar”. Así lo afirmó el Papa durante la amena audiencia celebrada con los Niños Cantores quienes, además de cantar para el Obispo de Roma, le dirigieron algunas preguntas.

    ¿Qué le hubiera gustado ser?

    De hecho, Francisco les contó que de pequeño, cuando le habían preguntado una vez qué quería ser de grande, contestó que le gustaría convertirse en uno de los carniceros que veía en el mercado al que iba acompañado por su abuela o por su madre.

    “Carnicero” – dijo que respondió cuando en su casa un día le hicieron esa pregunta mientras estaba sentado en la mesa con su familia – y explicó, “porque el carnicero que había en el mercado tomaba el cuchillo y lo hacía con un arte” que a él le gustaba mucho. “Y luego, obviamente, cambié de idea”, dijo el Papa Bergoglio.

    ¿Se enoja?

    “Y sí, me enojo, ¡pero no muerdo!”, respondió el Papa sonriendo a la pregunta de un niño. Y explicó que a veces se enoja, cuando alguien hace una cosa que no está bien, pero dijo que lo ayuda detenerse y pensar en las veces en que él hizo enojar a los demás”.

    También afirmó que “el enojo es venenoso, te envenena el alma. Muchas veces he visto chicos y niños asustados, porque sus padres, o en la escuela, los reprenden. Y cuando uno está enojado y grita, hace mal, hiere. Es como dar una cuchillada. ¿Entendieron?”.

    “Yo me enojo, es verdad, sí, a veces me enojo, pero me tranquiliza un poco pensar en las veces en que yo he hecho enojar a los demás. Y además, enojarse no sólo hace mal a la otra persona, sino a ti mismo. Gente amargada –dijo el Papa–. Personas que viven siempre enojados. Gente que es así. Es una enfermedad… Se entiende, si algo no me gusta, me enojo un poco”.

    “Les pregunto a ustedes –añadió Francisco–: ¿cómo era el alma de Jesús? ¿Dulce o amarga?”. A lo que los chicos respondieron en coro…

    En el mundo “hay tantas cosas feas” – dijo también el Papa –, pero también “tanta gente santa” que “no se ve en la televisión”.

    Y explicó que existe esta atracción hacia el mal, que parece que gusta más ver cosas feas que cosas bellas, que como carecen de publicidad, carecen también de audiencia, puesto que, de lo contrario, con las cosas buenas, la gente se aburre…

    Y se preguntó: “¿Por qué en la televisión no se ven las monjas de clausura que trascurren toda la vida rezando por todos nosotros?”.

    Porque interesan más las joyas, las cosas que tienen que ver con la vanidad. Por eso les advirtió que no debemos dejarnos engañar. “En el mundo –dijo– hay cosas feas, pero también cosas santas”.

    ¿Cuáles son sus propósitos para el Año Nuevo?

    En cuanto a los buenos propósitos para el Año Nuevo el Papa Francisco respondió a una niña: “Rezar más”.

    Y explicó que en estos días en que dedicó un poco de tiempo a hacer un retiro espiritual se propuso rezar más, porque se ha dado cuenta de que “los obispos y los sacerdotes, y yo soy un obispo – dijo – deben sostener al pueblo de Dios ante todo con la oración, que es el primer servicio”.

    Y les contó una historia: “Al inicio del cristianismo había mucho trabajo porque tanta gente se convertía y los apóstoles no tenían tiempo, y algunos iban a quejarse porque no atendían bien a las viudas, a los huérfanos… Era verdad, porque no tenían tiempo para hacer todo”.

    “Entonces hicieron un Concilio y decidieron que algunos hombres se dedicaran sólo a servir a la gente… Es el momento de la creación de los diáconos –dijo–. Los diáconos nacieron así. Pueden ver esto en el libro de los Hechos de los Apóstoles”.

    “¿Y qué dice san Pedro, el primer Papa? –preguntó Francisco–. Que ellos harán esto, y nosotros los apóstoles, sólo dos cosas: la oración y el anuncio del Evangelio, la predicación; lo que significa que para un obispo el primer deber es la oración”.

    “Porque no se puede ser obispo en la Iglesia sin la oración en primer lugar; y después el anuncio del Evangelio”, afirmó.

    “En estos días – añadió el Pontífice– he pensado que un buen propósito para el año próximo sería éste: rezar un poco más”.

    El Papa concluyó este encuentro pidiéndoles otra canción, no sin antes invitarlos a que repitieran cómo debe ser la vida… “Canta y camina” – dijeron – “y ¿quién es bueno?”, a lo que respondieron en coro: “¡Sólo Dios es bueno!”.

    “Ahora puedo responder”, dijo el Papa tras oírles: “¡Cantan muy bien!”. A la vez que les impartió su bendición apostólica, no sin antes invitarlos a rezar un Avemaría –cada uno en su lengua– y recordarles la cita del primer día del Año Nuevo en la Basílica Vaticana, donde estos niños animarán la celebración Eucarística que el Papa Francisco presidirá a las 10.00 en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, en que también concluirá el 40º Congreso Internacional de los Niños Cantores.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s