Navidad: el camino hacia la última y eterna epifanía

Oro, incienso y mirra… Fe, pureza y vocación.

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos Ella nos dio el Cuerpo de Jesús y Ella nos da a Cristo en la Eucaristía. Sus manos recibieron el oro, el incienso y la mirra que los Magos ofrecieron a Jesús. En sus manos se purifican nuestras ofrendas y también nuestras miserias. Da brillo al oro de nuestra fe, enciende con su amor materno el incienso de nuestra pureza y llena de aroma la mirra de nuestra entrega. Santa María mantiene vivo el fuego de nuestra fidelidad y de nuestro apostolado. Con ella daremos luz y calor. Seremos lámparas de fe, de caridad ardiente, luz divina que alumbra el camino hacia Belén.

Vamos hacia esa última y eterna epifanía divina, la última revelación que describe el último libro del Nuevo Testamento…  [Cfr. Ap 22, 1-5].

Mientras tanto, el fulgor divino se propaga como un incendio, de corazón a corazón: fuego apostólico que se alimenta de la fidelidad diaria, con la humildad que persevera en la fe, con el Pan que hace más firme la pureza, con la vocación fortalecida en la Palabra, en la oración.

Oro, incienso y mirra. Fe, pureza y camino: tres puntos intangibles que cada semana consideramos con el Señor y que nos gusta comentar cuando queremos acudir a la ayuda de la dirección espiritual. Así recomenzamos, cada día, cada semana, preparando nuestra ofrenda para la Epifanía de todos los días .

Fuente: Guillaume Derville

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3 comentarios en “Navidad: el camino hacia la última y eterna epifanía

  1. Su escrito me ha encantado. Se hace vida en el cotidiano quehacer y maravillosamente explicado. Gracias por poder acceder a su lectura especialmente en un día como hoy.

    Mi enfoque es otro:
    Nuevamente me llega al corazón esa palabra del evangelista, dicha casi de pasada, de que no había lugar para ellos en la posada. Surge inevitablemente la pregunta sobre qué pasaría si María y José llamaran a mi puerta. ¿Habría lugar para ellos? Y después nos percatamos de que esta noticia aparentemente casual de la falta de sitio en la posada, que lleva a la Sagrada Familia al establo, es profundizada en su esencia por el evangelista Juan cuando escribe: «Vino a su casa, y los suyos no la recibieron» (Jn 1,11). Así que la gran cuestión moral de lo que sucede entre nosotros a propósito de los prófugos, los refugiados, los emigrantes, alcanza un sentido más fundamental aún: ¿Tenemos un puesto para Dios cuando Él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para Él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Y así se comienza porque no tenemos tiempo para Dios. Cuanto más rápidamente nos movemos, cuanto más eficaces son los medios que nos permiten ahorrar tiempo, menos tiempo nos queda disponible. ¿Y Dios? Lo que se refiere a Él, nunca parece urgente. Nuestro tiempo ya está completamente ocupado. Pero la cuestión va todavía más a fondo. ¿Tiene Dios realmente un lugar en nuestro pensamiento? La metodología de nuestro pensar está planteada de tal manera que, en el fondo, Él no debe existir. Aunque parece llamar a la puerta de nuestro pensamiento, debe ser rechazado con algún razonamiento. Para que se sea considerado serio, el pensamiento debe estar configurado de manera que la «hipótesis Dios» sea superflua. No hay sitio para Él. Tampoco hay lugar para Él en nuestros sentimientos y deseos. Nosotros nos queremos a nosotros mismos, queremos las cosas tangibles, la felicidad que se pueda experimentar, el éxito de nuestros proyectos personales y de nuestras intenciones. Estamos completamente «llenos» de nosotros mismos, de modo que ya no queda espacio alguno para Dios. Y, por eso, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros. A partir de la sencilla palabra sobre la falta de sitio en la posada, podemos darnos cuenta de lo necesaria que es la exhortación de san Pablo: «Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12,2). Pablo habla de renovación, de abrir nuestro intelecto (nous); habla, en general, del modo en que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos. La conversión que necesitamos debe llegar verdaderamente hasta las profundidades de nuestra relación con la realidad. Roguemos al Señor para que estemos vigilantes ante su presencia, para que oigamos cómo Él llama, de manera callada pero insistente, a la puerta de nuestro ser y de nuestro querer. Oremos para que se cree en nuestro interior un espacio para Él. Y para que, de este modo, podamos reconocerlo también en aquellos a través de los cuales se dirige a nosotros: en los niños, en los que sufren, en los abandonados, los marginados y los pobres de este mundo. Así como los que tenemos a nuestro lado.
    Fuente : el Papa.

  2. Se nos dice que la Navidad es una “época de alegría” y un “momento de gozo”.
    Pero, en tanto la Navidad se acerca, ¿no experimentas a veces cosas muy lejos de alegría y gozo?

    ¿Te encuentras hundido y tus días llenos de cosas por hacer?
    ¿Estas cansado después de un largo año y los numerosos problemas y dificultades que aparecen en tu camino?
    ¿Te parece que la Navidad es una presión más y una demanda más de tu tiempo.

    Deténte por un minuto.
    Es posible que pienses que no tienes tiempo para detenerte, pero debieras hacerlo.
    Deseo ayudarte a experimentar la calma y la paz esta Navidad. En vez de esperar a sobrevivir las fiestas, quiero mostrarte que realmente gozarás este momento.
    Significará sin embargo un intercambio.
    Tu tendrás que abandonar algo en tu ocupada vida para que puedas hacer espacio para algo mejor.
    Tu puedes mirar a cada Navidad como que necesita ser mas grande y mejor que la anterior, y ansiosamente ocuparás cada momento haciendo preparativos para esa meta.

    Pero a veces menos es más.
    ¿Te has detenido a pensar respecto a que si todo este correr es necesario?
    ¿Te está haciendo a tí y a tus familiares más feliz esta Navidad?
    ¿O estás dejando fuera las cosas verdaderamente importantes en la vida para así seleccionar los regalos perfectos, arreglar las decoraciones impecablemente, y reunir los mas suntuosos ingredientes para la cena de Navidad?

    Mientras menos desesperado estés en crear la Navidad “perfecta”, más tiempo encontrarás para gozarla.
    Mientras menos estresado y presionado estés, más felicidad y alegría llenará los momentos que tu y las personas que quieres tendrán juntos.
    La Navidad se goza mejor cuando no está centrada en las decoraciones, regalos, o festividades, sino cuando el amor es el centro.

    El amor es la esencia de la Navidad

    La Navidad debiera significar ocupar tiempo precioso con tu familia y amigos. Tiene que ver con celebrar el amor que compartes.
    Tristemente, el amor puede perderse antre el movimiento y el bullicio. A veces está tapado por las decoraciones y regalos, las compras sin fin, y la cena de Navidad y su contenido.
    La Navidad es época de fiesta, pero tiene que ver con mucho más que eso.
    La Navidad es Mi cumpleaños. Es época de celebrar el mas grande regalo dado a la humanidad.

    ¿Puedes tomar un momento para Mi ahora, en honor de Mi cumpleaños?
    ¿Puedes gastar un minuto para dejar que te diga cuanto Te amo??
    ¿Puedes parar para agradecerme por Mi amor, y reflexionar cómo puedes esparcir más amor por el mundo?

    Fue el amor por tí que Me trajo a la Tierra hace más de 2000 años.
    Fue el amor el que Me dió ímpetu para caminar por tu mundo y ser uno de los tuyos, para vivir y morir por tí.
    El amor fue, y aún es, el centro de Mi existencia.
    Todo lo que he hecho ha sido por amor a tí personalmente, y por amor a la humanidad como un todo.
    Tu significas mucho para Mi!
    En esta Navidad, toma tiempo para amar..

    Si lo haces, estarás dándome un maravilloso regalo, y Me será posible darte especiales regalos este año.

    Jesús.

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