Moralidad de la inducción temprana o prematura del parto


Ya que surgen algunas preguntas acerca de la viabilidad fetal, aquí les dejo este estudio sobre la moralidad de la inducción temprana del parto.

a) ¿En qué consiste la inducción temprana o prematura del parto?

Y tú ¿No te entusiasmas con esta tarea del olvido de uno mismo? La inducción del parto es un conjunto de procedimientos dirigidos a provocar de manera inducida o artificial contracciones uterinas, con la intención de causar el parto en el momento más adecuado para la madre y/o para el feto. Se suele aplicar de modo habitual cuando el tamaño del bebé es demasiado grande y puede ser peligroso posponer su nacimiento, cuando se supera la 42ª semana de gestación, o cuando hay una ruptura prematura de membranas (del saco amniótico) y pasado un cierto tiempo no inicia el trabajo del parto.

Se entiende por viabilidad la capacidad de un neonato de sobrevivir fuera del seno materno, aun cuando la supervivencia requiera el uso de medios técnicos de sustento vital, como la permanencia temporal en la unidad de cuidados intensivos neonatales, nutrición e hidratación artificiales, respirador, etc. En la mayoría de los países que disponen de un sistema sanitario moderno la viabilidad comienza alrededor de la semana 23 de un feto que pesa al menos 400 gramos. Por tanto, a la inducción del parto antes de la viabilidad del feto sigue siempre su muerte. A partir de ese momento, al igual que sucede con los bebés prematuros, el pronóstico vital del hijo mejora con el tiempo: por ejemplo, la tasa de supervivencia de los fetos nacidos a las 23 semanas de embarazo es sólo del 17% (y además muchos de los que sobreviven arrastrarán grandes discapacidades); los bebés que nacen sobre la semana 28 tienen alrededor de un 80% de probabilidades de supervivencia y los que nacen en torno a la semana 31 ya tienen alrededor del 95%.

b) ¿Cuándo puede ser moralmente lícita, y cuando no lo es, la inducción del parto?

En ocasiones sucede durante el embarazo que las condiciones del hijo y/o de la madre alcanzan una situación patológica crítica. En este momento se puede plantear la cuestión sobre la anticipación el parto:

  • a) a veces la inducción temprana del parto en el hijo viable puede salvarle la vida. Un ejemplo típico es la enfermedad hemolítica fetal, en la que se instaura una incompatibilidad entre las sangres materna y fetal que puede ser letal para el hijo si el embarazo sigue adelante, aunque para la madre no suponga ningún riesgo.
  • b) en otras situaciones, la que padece la patología que aconseja la inducción temprana del parto es la madre. Casos típicos son la preeclampsia grave o eclampsia, síndrome de HELLP (hemolysis, elevated liver enzimes, low platelet count), infección intrauterina (corioamnionitis) o de las membranas después de una ruptura pre-término de éstas (es la situación de Ticia en el caso en cuestión). Esta última problemática habitualmente es tratada con antibióticos y esteroides, mientras se monitoriza de cerca a la madre; pero a veces, ante el muy probable o en algunos casos ante la certeza de un peligro de muerte para la madre, no se puede hacer otra cosa que inducir tempranamente el parto para que se expulsen las membranas infectadas.

Cuando el feto ya es viable, hay que sopesar bien los riesgos asociados a la continuación de la gestación con los riesgos y beneficios que puede aportar la inducción temprana del parto. Se trata de una decisión que habrá que tomar a la luz del principio del voluntario indirecto o del doble efecto. En él, cobran especial importancia una serie de elementos:

  • a) Que cualquier acto que causa o acelera directa o intencionalmente la muerte del niño no nacido es gravemente inmoral, y debe considerarse un acto abortivo.
  • b) En el caso de que la enferma sea la madre, no se puede elegir causar la muerte del hijo para salvar a la madre.
  • c) Que las eventuales consecuencias negativas para el feto deben ser proporcionadas a la necesidad y urgencia de aplicar esta medida.
  • d) Que no haya un tratamiento alternativo que proteja eficazmente a la madre sin poner en peligro la vida del niño.

En algunos casos especialmente severos, en los que la vida de la madre y del hijo corren juntamente un riesgo real y actual, puede ser lícita la inducción temprana del parto incluso cuando el feto todavía no es viable. Se trata de casos en los que, después de haber intentado todas las terapias disponibles, no queda ya ninguna posibilidad de salvar la vida del hijo, y al médico queda sólo el deber de evitar que, juntamente con el hijo (cuya muerte es inevitable) muera también la madre. Una de estas situaciones se produce, por ejemplo, en caso de preeclampsia grave antes de la viabilidad del feto, que no cede ante el tratamiento farmacológico, cuando los parámetros monitorizados aseguran que en 48 horas se producirá la crisis séptica, mortal para la madre y para el hijo. En este y algunos otros pocos casos semejantes el médico no elige causar la muerte del hijo para salvar a la madre. De hecho, el médico no elige nada, puesto que salvar la vida del hijo ya no es médicamente posible, ya que el feto fuera de la madre no es viable, y dentro de la madre morirá junto con ella. Así, el médico tiene la obligación de salvar la única vida salvable, extrayendo el feto.

Evidentemente, hay culpa moral cuando se acude voluntariamente al procedimiento anterior en casos en los que, quizá con riesgos y sufrimientos, es posible salvar ambas vidas y se debe intentar hacerlo.

Por otro lado, a menudo se recurre a una anticipación del parto moralmente ilícita. Por ejemplo:

  • a) Cuando se aplica esta técnica como una forma de aborto eugenésico porque el embrión presenta anomalías, como anencefalia, trisomía 18 (síndrome de Edwards), 13 (síndrome de Patau) ó 21 (síndrome de Down), defectos en el tubo neural u otras.
  • b) En diversas formas de aborto terapéutico. Así, cuando la madre presenta una patología concomitante con el embarazo, incluso a veces cuando el mismo embarazo causa un cierto estrés emocional que la madre no quiere afrontar, se opta por la inducción temprana del parto, también cuando el feto no es todavía viable, sin siquiera esperar para ver cómo se desarrollan la enfermedad de la madre y el embarazo, buscar alternativas terapéuticas que respeten el embrión, etc.
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2 comentarios en “Moralidad de la inducción temprana o prematura del parto

  1. Algo tan elemental como la concepción, nacimiento, salud y muerte de la persona no encuentra un concierto total entre nosotros

    Es evidente que, del mismo modo que no existe un acuerdo generalizado sobre los distintos aspectos Almudi.org – Pablo Cabellos Llorenteos éticos de la existencia del hombre, dicen que tampoco lo hay en lo relativo a la ética sobre biología humana. Algo tan elemental como la concepción, nacimiento, salud y muerte de la persona no encuentra un concierto total entre nosotros.

    Hay una mayoría que admite el no matar pero, a la hora de la verdad, comienzan las excepciones que imposibilitan un arreglo en este tema entre las diversas visiones de la persona.

    Tampoco hay conformidad en el asunto de la pena de muerte. Sin embargo, no deja de ser sorprendente que muchos contrarios a esta práctica sean partidarios del aborto. Quizá se explica con la idea de que nadie es dueño de la vida de otro —aunque sea un criminal condenado— pero no deja de ser contradictorio con la aceptación del aborto, que supone una especie de propiedad sobre otra vida absolutamente diferente a la de la madre gestante. No tiene mucho sentido aferrarse a la vieja idea de que mi cuerpo es mío, porque el embrión es otro ser distinto de la madre de modo científicamente claro.

    Con ocasión del proyecto de nueva ley del aborto, se ha hablado mucho de lo que dice la ciencia sobre el comienzo y la viabilidad de una nueva vida humana. Se ha dicho que no se abortará después de la semana veintidós de embarazo, porque la ciencia explica que, a partir de ese momento, el feto es ya viable fuera de la madre. Y es cierto pero, ¿no lo es también que antes de ese tiempo es ya vida viable en el seno de la madre? ¿No es verdad que la mayoría de la comunidad científica considera que hay vida desde que se produce la unión del óvulo y el espermatozoide?

    También es indiscutible que, en las dos últimas décadas, algunos han puesto en duda que el embrión sea, desde el primer momento de su concepción, un individuo de la especie humana. En este sentido, el debate ético —que no es una cuestión religiosa— se situaría ahí.

    Algunos pensarían que el embrión inicial no es más que «un conjunto de células envueltas en la zona pelúcida». Sin embargo, muchos aseguran que, por una serie de datos embriológicos, se puede afirmar que desde la fecundación existe un individuo de la especie humana.

    Lo justifican hablando de una novedad biológica, pues ahí está un ser biológicamente irrepetible, con una carga genética singular; una individualidad biológica, es decir, un todo compuesto de partes organizadas, con el genoma como centro organizador; una clara continuidad desde ese momento hasta la muerte, un individuo que se irá desarrollando de modo continuo; goza también de autonomía desde el principio al final, pues la información para dirigir sus procesos viene del mismo genoma; tiene la especificidad del homo sapiens desde el primer momento, observable en su cariotipo; posee una historicidad o biografía, en el sentido de que todo viviente es lo que ha sido hasta ese momento y lo que será después.(Profesor Javier Vega).

    Es cierto también que sería necesario responder a algunas posibles objeciones, pero no lo haré, y no porque no existan respuestas, sino por falta de conocimientos y de espacio. Sin embargo, una posible solución a algunas de esas objeciones (el embrión no es persona, no aparece hasta el día catorce el sistema nervioso central, etc.), la ofrecen también el doctor Vega: en la duda sincera de que aquello sea un embrión humano, debería ser respetado por la seriedad de lo que nos estamos jugando.

    Del mismo modo que el Derecho Penal establece que in dubio pro reo, o en el Derecho Laboral se afirma que in dubio pro operario, aquí tendría sentido establecer: en la duda, hay que estar por el embrión. Eso es lo que ha hecho siempre la Iglesia Católica, respetar la vida; pero no es un tema católico ni de partido político, ni retrógrado ni progresista. Se trata de amar la vida naciente sin necesidad de ser insensible al dolor de algunas personas.

    Pero tampoco se puede olvidar que, aparte de la muerte del nasciturus, queda el impacto psicológico y moral en la mujer, del que apenas se le advierte.

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