La alquimia del amor (o las 7 reglas de oro para vivir en pareja)

Spring-Sun-Wallpaper-Landscape“En este artículo -escribe el célebre psiquiatra Enrique Rojas-, no regalo los oídos a nadie. El mejor amor es exigente y lo pide todo. Estos siete puntos son una pedagogía del amor hecha con materiales resistentes, firmes, compactos. No hay amor sin cultura. El amor en pareja tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. Pero hay una base que no debemos olvidar: para estar bien con alguien, hace falta estar primero bien con uno mismo. Tener un cierto equilibrio psicológico.Voy a exponer lo que para mí es la alquimia del amor”.

Para leer el artículo completo clickear en: Enrique Rojas – 7 REGLAS DE ORO PARA VIVIR EN PAREJA

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8 comentarios en “La alquimia del amor (o las 7 reglas de oro para vivir en pareja)

  1. El Papa advierte que una familia que no come unida o que mientras lo hace no dialoga es poco «familiar»

    El papa Francisco dedicó la catequesis de este miércoles a la convivencia familiar y a la relación que toda familia debe tener en el hogar. El Pontífice aseguró que la convivencia «constituye una experiencia fundamental en la vida de cada persona y es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones familiares» y advirtió que «una familia que no come unida o que mientras lo hace no dialoga es una familia «poco familiar».

    (Aica) «Saber compartir es una virtud preciosa», afirmó. «Su símbolo, su ‘icono’ es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica». Además, aseguró que «la convivencia es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones familiares: si en una familia hay algo que no funciona, o cualquier herida escondida, en la mesa se entiende rápido».

    «Los cristianos tenemos una especial vocación a la compartir la mesa. Jesús no desdeñaba comer con sus amigos. Y representaba el Reino de Dios como un banquete alegre. Fue también en el contexto de una cena donde entregó a los discípulos su testamento espiritual, e instituyó la Eucaristía», puntualizó.

    «Y es precisamente en la celebración Eucarística donde la familia, inspirándose en su propia experiencia, se abre a la gracia de una convivencia universal y a una fraternidad sin fronteras, según el corazón de Cristo, que entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por la salvación de todos», agregó ante la multitud que participó de la audiencia general.

    El Santo Padre llamó a rezar «para que cada familia participando en la Eucaristía, se abra al amor de Dios y del prójimo, especialmente para con quienes carecen de pan y de afecto».

    «Que el próximo Jubileo de la Misericordia nos haga ver la belleza del compartir», concluyó

  2. La vida confirma un hecho: las parejas que rezan unidas, permanecen unidas. Cuando me piden consejo matrimonial, la primera pregunta que les hago suele centrarse sobre su vida de oración. Es sorprendente la cantidad de problemas que pueden corregirse cuando un matrimonio se esmera en rezar y en pedir ayuda a Dios.

    Ahí van algunos consejos:

    -Rezad juntos todos los días a la misma hora. Si os resulta incómodo rezar… hacedlo, aunque sean 30 segundos nada más. Ya es un comienzo.

    -Evitad las interrupciones. Haced saber a vuestros hijos que vais a rezar y que esperáis que os dejen unos minutos de paz.

    -Comentad entre vosotros durante unos instantes por qué vais a pedir.

    -Pedid por vuestro matrimonio. La oración es una comunicación familiar de alto nivel.

    Y he aquí diez cosas concretas por las que rezar.

    1. Rezad uno por otro.
    Las Sagradas Escrituras son insistentemente claras en cuanto a dónde poner el foco en una relación: debe estar siempre orientado hacia “el otro”. Cuando rezamos por nuestro cónyuge como foco principal:

    -Queremos ser parte de la respuesta a esa oración.

    -Le valoramos más conscientemente.

    -Le amamos más profundamente.

    -Evitemos los conflictos matrimoniales.

    2. Reza por este día (hoy).
    Hoy es el momento más importante en un matrimonio. No se trata de lo que podamos hacer otro día, sino de cómo funciona nuestro matrimonio justo ahora. Cuando pedimos a Dios específiamente que forme parte de nuestro día, es más probable que Le conservemos en todo momento.

    3. Reza para que tú hagas presente a Cristo en tu matrimonio.
    Es algo más que “hacer lo que haría Jesús”. Consiste en comprender que realmente Dios nos usa para ser la presencia de Cristo. Sé Cristo para tu esposo o esposa. Sé Cristo para tus hijos. Sé Cristo en casa.

    4. Rezad para que vuestro matrimonio sea una influencia positiva sobre los demás.
    “Sed irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo presentándole la Palabra de vida” (Fil 2, 15-16).

    5. Reza por los sueños de tu esposo o esposa.
    Esto es útil, porque nos obliga a escuchar y valorar sus sueños. Cuando comprendermos los sueños de nuestro marido o mujer, somos por definición mejores mujeres o maridos.

    6. Rezad por vuestros hijos.
    Hacedles saber que rezáis por ellos todos los días. Para los niños es muy potente saber que sus padres realmente rezan por ellos, y que pueden contar todos los días con esas oraciones.

    7. Reza para ser un mejor esposo/esposa.
    Es la frase clásica de Jack Nicholson en Mejor… imposible [As good as it gets]: “Tú haces que quiera ser mejor persona”. Pide a Dios que te ayude a ser mejor marido/mujer, y hazlo durante la oración con tu mujer/marido. La humildad y el amor en un solo aliento.

    8. Rezad para pedir sabiduría.
    Ser padres ya es bastante duro. Rezad para pedir sabiduría. Y creed que Dios atenderá vuestra oración.

    9. Rezad por un objetivo familiar.
    Es fácil “verlas venir”, tanto en el matrimonio como en la familia. Rezad por la directriz que guía vuestros objetivos familiares.

    10. Rezad pidiendo protección.
    En nuestra cultura, las familias son vulnerables. Las relaciones son muy vulnerables a muchas presiones. Nuestros compromisos con la fidelidad, los valores familiares y la fe están bajo un ataque continuo. No puedes pelear tú solo. Simplemente debemos rezar juntos.

    Y por añadidura… rezad por la paz. Ya lo dice la canción (Jill y Sy Miller, 1955): Let there be peace on Earth and let it begin with me [Haya paz en la Tierra y que comience por mí]. Que la paz empiece con vosotros, en la oración, en el hogar: “Señor, hazme instrumento de tu paz” (San Francisco de Asís).

  3. En este mundo que vivimos en el que empezamos el día corriendo y lo terminamos derrapando, nos resulta difícil tener unas relaciones familiares buenas y estables. ¿Cómo comunicarnos con cada miembro de la familia?, ¿cómo evitar los malos entendidos y enfados?, ¿cómo hacerles sentir que son lo primero de nuestras vidas pese al trabajo, las responsabilidades y la falta de tiempo?, ¿Hay algo qué está fallando en mi matrimonio?

    Stephen Covey, escritor de fama mundial y formador de líderes empresariales, dedicó su vida a enseñar a las personas a disfrutar de su vida personal y profesional. En el libro Los 7 Hábitos de las Familias Altamente Efectivas, publicado ahora español, sintetiza en siete sencillos hábitos la clave para el éxito en las relaciones familiares:

    7 hábitos para ser una familia efectiva

    1.Ser proactivo
    Este hábito consiste en el ejercicio real de la libertad. “Nuestra vida familiar sería mucho mejor si actuáramos conforme a nuestros valores más profundos, en lugar de dejarnos arrastrar por la emoción o las circunstancias del momento”. Este hábito es la base de todos los demás, ya que supone la capacidad de hacer elecciones, de dominar la propia la vida, de ser dueño de nuestras emociones y, en consecuencia, conseguir tener las relaciones personales que deseamos tener.

    2.Empezar con un fin en la mente
    Tener claro cuál es la razón de ser de la familia y cómo queremos llegar a ser es la clave del éxito de la batalla diaria. Si todos los miembros de la familia fueran conscientes de dónde está la meta y cómo llegar a ella, se dirigirían todas las fuerzas hacia ese fin. Para lograrlo, Covey propone crear la “misión familiar”, única y original de cada familia. Diseñar unos objetivos familiares que todos conozcan, de forma que puedan ser conscientes de cuándo se están desviando de la meta.

    3.Poner primero lo primero
    Este hábito está profundamente relacionado con el hábito anterior, si tenemos claro cuál es nuestro fin en la vida será más fácil poner primero lo primero. Para todo el mundo la familia es lo primero, pero la realidad es que es a lo último a lo que se dedica tiempo. Conseguir distinguir lo urgente de lo importante es una cualidad fundamental tanto en la vida personal como profesional y muchas veces carecemos de ella.
    El papel que desempeña cada miembro de la familia es insustituible y no se puede delegar en nadie, por ello, para Covey “poner primero lo primero” es un hábito que debe trabajarse a diario para no dejarse arrastrar por la velocidad a la que la vida nos somete.

    4.Pensar “Ganar-Ganar”
    “Entendiéndonos y cooperando podemos hacer algo totalmente distinto que nos beneficie a los dos, mucho más de lo que conseguiríamos si cualquiera de los dos tuviera que ganar”. La verdadera unión familiar radica en la necesidad del beneficio de los demás miembros de la familia, el deseo de que todos estén felices y contentos, aun a costa del sacrificio personal. Es en la familia donde mejor se cultiva esta actitud ganar-ganar en la que padres, hermanos, abuelos, etc. interactúan entre ellos movidos por el afecto que se tienen y no por los intereses particulares.

    5.Procurar primero comprender y después ser comprendido
    La comprensión llevada hasta sus últimas consecuencias es de los hábitos más difíciles de lograr. Para Covey, los malos entendidos y la falta de comprensión hacia los demás son generalmente el centro del dolor y las rupturas familiares. Ser comprendido es la primera muestra de amor que recibe alguien, sentirse querido pase lo que pase, es entonces cuando puede surgir una verdadera comunicación, una relación profunda.

    6.Sinergizar
    La sinergia es el fruto del trabajo y el esfuerzo conjunto, supone que 1+1 es igual a 3. La unión de los miembros de la familia potencia el beneficio que recibe cada uno de ellos por separado. La riqueza que entrañan las relaciones familiares es imposible de alcanzar en ningún otro sitio. “La clave para crear sinergia es aprender a valorar, incluso a celebrar, las diferencias”. En la familia, cada uno aporta sus cualidades, virtudes, capacidades que perfeccionan a los demás y les complementan. Es, además, en la aceptación sincera de los defectos ajenos donde se crece como persona.

    7.Afilar la sierra
    El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios para frenarlo. Stephen Covey afirma: “Afilar la sierra significa preocuparse de forma habitual y firmemente de renovar las cuatro dimensiones de nuestra vida: física, social, mental y espiritual. Si la sierra se afila de un modo adecuado y de una manera equilibrada, cultivarás todos los demás hábitos empleándolos en las propias actividades de renovación”. Es dedicar un tiempo a parar, a pensar, a recomponerse. La reflexión profunda de nuestra vida familiar para renovar y alimentar las raíces que la sostienen.

    La familia siempre estará en nuestro corazón porque es un ámbito privilegiado donde vivir la comunión de amor a la que Dios nos llama para nuestra plena realización; la familia está invitada a constituirse en camino de santidad para todos sus miembros. Quienes nos pueden dar luces de cómo lograrlo es la Familia de Nazaret integrada por Santa María, San José y el Niño Jesús. ¿Qué significa tener como modelo el hogar de Nazaret?

    Jesús nació en un sencillo establo, y descansó por primera vez en un pesebre, envuelto en pañales (Lucas 2, 16). Santa María vio nacer a su Hijo en la pobreza material. Sin embargo, lo importante para Jesús fue la acogida amorosa de sus padres que “le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amado”, según las palabras del Papa Benedicto XVI. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. como recientemente lo destaco el Santo Padre Francisco , el pasado 24 de diciembre en la homilia de la misa de Nochebuena.

    No hay ninguna razón por la que este ejemplo no siga siendo válido hoy en día, y por eso la Iglesia insiste en que es el amor de una familia la que da a los hijos la seguridad que necesitan y les permite desplegar aquello que los hace únicos e irrepetibles. El primer alimento que recibió Jesús fue el amor de sus padres, y fue ese amor la base en la formación de ese niño. La familia de Nazaret nos invita amarnos entre esposo y esposa porque de ese amor es que se alimentarán los hijos. Ellos no necesitan discursos o sermones, más bien necesitan un testimonio de amor de parte de los padres en la cotidianidad de sus vidas. De este modo a pesar de las enormes dificultades que pueda encontrarse ya sea un niño tras su nacimiento – o un adolescente durante su crecimiento – si es recibido en el seno de una familia que le ama, encontrarán todas las fuerzas para superar cualquier obstáculo.

    Jesús, verdadero hombre, quiso nacer en una familia humana, y al hacerlo la ha bendecido y consagrado. El Verbo se hizo carne (Jn 1, 14), Dios se hizo hombre y esta verdad de fe es la verdad sobre el ser humano. Queda así de manifiesto el especial papel de la familia, que se convierte a la vez en partícipe y testigo del gran milagro de la vida. Y es que el nacimiento de un hijo no deja de ser un auténtico misterio, un regalo de Dios. Los pastores, luego del anuncio del Ángel, encontraron la escena de una familia: madre, padre e hijo recién nacido. Así se nos presenta Jesús, en medio de una familia. Pero no por eso está privada de peligros, recordemos que Herodes se sintió amenazado en su poder, y ordenó matar a todos los niños menores de 10 años de Belén y alrededores.

    Cuantas injusticias no se cometen en la actualidad en contra de la vida que incluso un bebé en el vientre de la madre está amenazado de muerte. Así le ocurrió a la Familia de Nazaret, tuvo que emigrar a Egipto para huir de los que buscaban a Jesús para matarle. Pero a pesar de todo, sus padres, confiando en la providencia, encontraron la manera de proporcionarle una infancia feliz.

    Los miembros de la Sagrada Familia han practicado a fondo el amor de Dios que los ha unido; el respeto a la dignidad de sus personas; el valor del trabajo constante y honesto para poder subsistir cada día. Con sencillez, practicaron el sacrificio, la comprensión, la ternura, y la bondad. La presencia constante de Dios los mantuvo siempre unidos en las penas y las alegrías. Dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, para cumplir en todo momento el plan de amor que estaba pensado para ellos y la misión.

  4. D. Rafael llevo prácticamente todo el día queriendo meterme en el ordenador y no he podido hasta ahora.
    Mi razón era pedirle perdón a Vd. y sus seguidores porque no doy las gracias cuando Vd. publica un artículo y no hago referencia. Lo he “visto” esta mañana y Vd. ha sido quien me lo ha “transmitido” 3 artículos y 3 gracias. He pedido perdón al Señor y a todos mis educadores, ya que no es eso lo que me enseñaron y me duele ser tan poco detallista. Desde ahora voy a intentar poner todo mi empeño en hacerlo.
    Ya me voy tranquila a la cama. Muchas gracias.

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