La historia de los dos burritos (o ser fiel, para servir a los demás)

Vuelvo a tener que atender otra convivencia, pero esta vez tengo internet cerca, así que aquí os dejo con esta adaptación del cuento “los dos burritos” de Mamerto Menapace, osb

los dos burritos

Erase una vez una madre que estaba muy apesadumbrada, porque sus dos hijos se habían desviado del camino en que ella los había educado. Mal aconsejados por sus maestros (…), habían abandonado la fe católica (…), y además se estaban entregando a una vida licenciosa desbarrancándose cada día más por la pendiente del vicio.

Y bien. Esta madre fue un día a desahogar su congoja con un santo eremita (…). Fue así que … se encontró con el santo monje en su ermita, y le abrió el corazón contándole toda su congoja. Su esposo había muerto cuando sus hijos eran aún pequeños, y ella había tenido que dedicar toda la vida a su cuidado. Había puesto todo su empeño en recordarles permanentemente la figura del padre ausente, a fin de que los pequeños tuvieran una imagen que imitar y una motivación para seguir su ejemplo. Pero, hete aquí, que ahora, ya adolescentes, se habían dejado influir por las doctrinas de malos maestros… Y ella sentía que todo el esfuerzo de su vida se estaba inutilizando. ¿Qué hacer? Retirar a sus hijos de la escuela, era exponerlos a que … terminaran por sumergirse aún más en los vicios por dedicarse al ocio y vagancia…

Lo peor de la situación era que ella misma ya no sabía qué actitud tomar respecto a sus convicciones religiosas y personales. Porque si éstas no habían servido para mantener a sus propios hijos en la buena senda, quizá fueran indicio de que estaba equivocada también ella. En fin, al dolor se sumaba la duda y el desconcierto no sabiendo qué sentido podría tener ya el continuar siendo fiel al recuerdo de su esposo difunto.

Todo esto y muchas otras cosas contó la mujer al santo eremita, que la escuchó en silencio y con cariño. Cuando terminó su exposición, el monje continuó en silencio mirándola. Finalmente se levantó de su asiento y la invitó a que juntos se acercaran a la ventana. Daba esta hacia la falda de la colina donde solamente se veía un arbusto, y atada a su tronco una burra con sus dos burritos mellizos: 

  • -¿Qué ves? – le preguntó a la mujer, quien respondió:
  • -Veo una burra atada al tronco del arbusto y a sus dos burritos que retozan a su alrededor sueltos. A veces vienen y maman un poquito, y luego se alejan corriendo por detrás de la colina donde parecen perderse, para aparecer enseguida cerca de su burra madre. Y esto lo han venido haciendo desde que llegué aquí. Los miraba sin ver mientras te hablaba.
  • -Has visto bien – le respondió el ermitaño-. Aprende de la burra. Ella permanece atada y tranquila. Deja que sus burritos retocen y se vayan. Pero su presencia allí es un continuo punto de referencia para ellos, que permanentemente retornan a su lado. Si ella se desatara para querer seguirlos, probablemente se perderían los tres en el desierto. Tu fidelidad es el mejor método para que tus hijos puedan reencontrar el buen camino cuando se den cuenta de que están extraviados.
  • Sé fiel y conservarás tu paz, aun en la soledad y el dolor. Diciendo esto la bendijo, y la mujer retornó a su casa con la paz en su corazón adolorido.

En esta historia se nos plantea una idea de fondo muy bonita: Ser fiel, para servir a los demás. Y es que en esa batalla de amor nadie pelea solo —ninguno es un verso suelto, solía repetir san Josemaríar—: de algún modo, todos somos como eslabones de una misma cadena. Madre ayúdanos a ser fieles. Tu Hijo nos ha llamado y nos has mostrado un camino. Para cada uno tiene una misión (o muchas… a lo largo de la vida). Pero necesitamos tu ayuda Madre: ayúdanos a ser fuertes, perseverantes, fieles como tú… Para así ser apoyo, descanso, manantial de agua fresca, para todos los que nos rodean, como tú…

4 comentarios en “La historia de los dos burritos (o ser fiel, para servir a los demás)

  1. Qué no puede lograr el amor?
    Un hombre trabajando en los muros de su casa, encontró un espacio hueco entre las paredes de madera.
    Mientras esta persona echaba abajo los muros de su casa, se dio cuenta de que allí había una lagartija inmóvil, porque un clavo, desde fuera, le había atravesado una de sus patitas y la había hecho permanecer fija en la pared.
    El dueño de la casa, viendo esto, sintió, al mismo tiempo, piedad y curiosidad. Cuando estudió el clavo, quedó pensativo… El clavo había sido clavado hacía diez años, cuando la casa fue construida.
    ¿Qué habría ocurrido entonces?
    Pareciera que ¡La lagartija había sobrevivido en esa posición durante diez años! ¡En un oscuro muro en esa posición durante diez años sin moverse! ¡Es imposible, inimaginable!
    Entonces, aquella persona se preguntó cómo esta lagartija habría podido sobrevivir durante diez años sin dar un solo paso si desde entonces su patita estaba clavada allí.
    Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija, preguntándose qué podría haber hecho, y cómo ella habría conseguido alimentarse.
    Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra lagartija, con alimento en su boca.

    ¡¡Ahhh!! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo. ¡Otra lagartija había estado alimentando durante diez años a la lagartija que permanecía clavada en la pared…!
    ¡Tanto amor, un amor tan precioso!
    Tanto amor ha tenido esta pequeña criatura…
    ¿Qué no puede lograr el amor?
    ¡Puede hacer maravillas!
    ¡El amor puede hacer milagros!
    En ese mismo instante, cayó en cuenta; una lagartija fue alimentada por otra, incansablemente, durante diez largos años, sin perder la esperanza en su compañera.
    Si una criatura tan pequeña como una lagartija puede amar así… ¡¡Imaginad cómo podemos nosotros amar si lo intentamos!!

    “A VECES SENTIMOS QUE LO QUE HACEMOS ES UNA GOTA EN EL MAR, PERO EL MAR SERÍA MENOS SI LE FALTARA ESA GOTA”.

  2. HABLA EL PAPA:
    El servicio es de Dios

    El Papa explicó que es una gran enseñanza la que presenta Dios a través del servicio. “Nosotros nos podemos esperar un victoria divina triunfal; Jesús en cambio nos muestra una victoria humildísima”. En la Cruz enseña el amor.
    Y apuntó a Jesús como remedio a la muerte. “Para nosotros es difícil aceptar esta realidad. Es un misterio, pero el secreto de este misterio, de esta extraordinaria humildad está toda en la fuerza del amor”, aseguró valorando el “servicio que sabe tomar la condición del siervo”.
    De esta manera, describió un servicio que no está hecho de palabras. “Jesús no sólo ha quitado el mal, sino que lo ha transformado en el bien. No ha cambiado las cosas a palabras, sino con los hechos; no en apariencias, sino en la sustancia; no en la superficie, sino en la raíz. Ha hecho de la cruz un puente hacia la vida”.

    Vencedores de humildad :
    El Papa invitó a las personas a “vencer” siguiendo a Jesús, escogiendo el “amor servicial y humilde que permanece victorioso para la eternidad. Es un amor que no grita y no se impone, sino que sabe esperar con confianza y paciencia, porque – como ha recordado el Libro de las Lamentaciones – es bueno ‘esperar en silencio la salvación del Señor” (3,26).

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