Nunc coepi! ¡Ahora comienzo!

sonrisaSegún el Diccionario el optimismo es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable“. Pero la realidad es la que es -decimos-, y que pensemos bien o mal de ella no la va a cambiar… Pero no es verdad, porque todos sabemos que una actitud positiva frente a un problema ayudará más a su solución, ya que al abordarlo actuaremos con mayor convicción si pensamos que tiene solución. Sin darnos cuenta la visión positiva nos pone del lado de la solución y no del lado del problema.

Pero si ni siquiera lo intentamos, ya está todo perdido; se perdió la partida sin ni siquiera jugarla: este es error lógico del pesimista.
Hay, además, un error moral en el pesimista porque mientras el optimista sabe mirar a los ojos de los demás y cree en los demás, el pesimista parece como si sólo creyese en sí mismo.

Por otro lado, conviene recordar que las cosas, en gran medida, son más “como las vemos” que como se presentan; en efecto, vemos el mundo como somos. Por ejemplo, es muy común que mientras el optimista suele ver oportunidades y desafíos en los problemas; el pesimista tiende más bien a ver los problemas que hay en las oportunidades.
Conviene pues mantener siempre la esperanza porque lo cierto es que por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Precisamente tu vida interior debe ser eso: comenzar… y recomenzar. Camino 2912

Por último reseñar que no basta el optimismo es además necesario el realismo pues, como suele decirse, mientras el pesimista se queja del viento, y el optimista espera que cambie, solo el realista ajusta las velas.

La santidad y el fruto apostólico están en comenzar y recomenzar, una y otra vez:

“Comenzar es de todos; perseverar, de santos. Que tu perseverancia no sea consecuencia ciega del primer impulso, obra de la inercia: que sea una perseverancia reflexiva”. Camino, n.983

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3 comentarios en “Nunc coepi! ¡Ahora comienzo!

  1. Hace algún tiempo leí esta entrada en el blog del P. José María Iraburu:
    Pesimismo y optimismo
    Antes nos referíamos al ingenuo optimismo pelagiano. Pero la verdad es que los calificativos de optimista o pesimista son tan ambiguos que, en la mayor parte de las ocasiones, apenas significan nada. Convendrá, pues, que los dejemos discretamente a un lado. Optimismo y pesimismo, con demasiada frecuencia, son juegos de palabras. Pero con las palabras no conviene jugar.
    En todo caso, y sin que lo sentemos como precedente, se podría decir aquí que el cristianismo es muy pesimista acerca del hombre y del mundo abandonados a sus propias luces y fuerzas, y sumamente optimista en cuanto a las posibilidades reales que hombre y mundo tienen de llegar a perfección con la gracia de Cristo. De esa actitud viene el impulso apostólico hacia la conversión de la humanidad, y el trabajo esperanzado para la transformación evangélica del mundo. Es, pues, lógico que cuando esa convicción se pierde o se debilita, cesa o disminuye la actividad cristiana transformadora de las realidades temporales.

    http://infocatolica.com/blog/reforma.php/1111161229-161-de-cristo-o-del-mundo-lii

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