El carro volcado…

bueyesVenía un hombre caminado por un estrecho y poco transitado camino, al girar en una curva, pocos metros mas adelante, se encuentra frente a un pesado carro que había volcado y le impedía el paso. El aldeano que conducía el carro, y que había estado en vano intentando ponerlo nuevamente en pie, le pidió al viajero que le ayudase a levantarlo.

Pero ¿Cómo podrían solo dos hombres levantar una carro tan grande? se pregunto el viajero. Así que le contesto: –Es inútil. No se puede. Es imposible levantarlo solo nosotros dos.
Entonces, el aldeano con enojo y en tono de reproche, le increpo: -¡Lo que pasa es que no quieres ayudarme! ¡Esa es la verdad! ¡No quieres, en realidad no quieres!

El viajero, al percibir la vehemencia del aldeano, se puso rápidamente manos a la obra. Busco y encontró cerca unos maderos y con esfuerzo los deslizo bajo las ruedas. Con otro madero a modo palanca, ambos hombres, hicieron contrapeso con todas sus fuerzas. El carro oscilo, parecía enderezarse, pero no… Tomaron aliento y con un renovado esfuerzo, consiguieron enderezarlo.
Ya tranquilo, el lugareño le dió las gracias al viajero, despues acaricio el lomo de sus bueyes, que jadeaban, volvió a colocar la carga en su sitio, y poco despùés el carro,  tirado por los bueyes, se ponía de nuevo en marcha.
El viajero dijo al aldeano: -Permíteme que te acompañe durante este tramo del camino. -Con gusto, será un placer ¡Acompáñame! comentó el lugareño. Se pusieron a andar uno al lado del otro. Tras un breve silencio, el viajero le pregunto: -¿Cómo es que has podido pensar que yo no quería ayudarte? “…Bueno -dijo el aldeano sin inmutarse-, nadie sabe que no puede hacer algo antes de haberlo intentado ¿no?…”
-Pero ¿por qué estabas tan seguro de que podíamos hacerlo? Pues no era algo evidente.
-Era solo una idea. Eso es todo, respondió.
-¿Que quieres decir con eso de una idea, eso es todo?
-¡Pero, que insistencia!  -dijo un poco enfadado el lugareño- ¿Quieres saberlo? Bien. Se me ocurrió al verte aparecer. Pensé que no era casual que aprecieras justo en ese momento y que estabas ahí por algo…. ¿Como es eso?, pregunto el viajero, ¿tu crees que mi viaje y tu carro volcado tienen algo que ver, porque llegé en ese preciso momento?
-¿Y que otra razón podría haber, amigo? -dijo convencido el campesino….

En fecto, este camino de la vida, lo sepamos o no, lo recooremos por algo y para algo. Nuestro existir está entrelazado con el de los demás de un modo maravilloso y providencial:

Todos hemos de sentirnos solidarios y, en el orden de la gracia, estamos unidos por los lazos sobrenaturales de la Comunión de los Santos… en esta batalla de amor nadie pelea solo —ninguno es un verso suelto, suelo repetir—: de alguna manera, nos ayudamos o nos perjudicamos. Todos somos eslabones de una misma cadena. Pide ahora conmigo, a Dios Señor Nuestro, que esa cadena nos ancle en su Corazón, hasta que llegue el día de contemplarle cara a cara en el Cielo para siempre. (san Josemaría en Amigos de Dios 76)

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