¿El retorno de la castidad?

paisajes-del-mundoNo es mi intención hablar de impureza. Para esbozar la situación actual, … bastaría traducir del latín los antiguos manuales de moral … hoy ese inventario de vicios se expone y se propone a plena luz del día, dinamizado por la extraordinaria difusión producida por la tecnología. Parte de lo que se muestra en anuncios, kioscos, comportamientos personales, programas de televisión, Internet, educación sexual, literatura, desencadena una ola que lo sumerge todo, hasta los textos escolares, la producción artística, los acontecimientos festivos organizados por las empresas y las instituciones públicas. ¿Cómo no va a conducir todo esto a una multiplicación de pecados, cometidos a veces en grupo, en una emulación perversa y de mal gusto?
(Sin embargo), a finales del siglo pasado, algunos intentos originales de rehabilitación de la castidad suscitaron el asombro del pensamiento dominante: … Aquellos jóvenes -que no habían sufrido los traumas de la rigurosa educación de sus mayores- … aspiraban a la continencia hasta el punto de llegar a publicar sus propósitos de buena conducta… Allí aparecían los puritanos de Estados Unidos y el éxito escandaloso de los «anillos de la virginidad», alhajas de bisutería lucidas por jóvenes inocentes que se atrevían a pensar en el matrimonio, incluso en llegar a él sin tacha. El brote de tales iniciativas de promoción de la virginidad se produjo en primer lugar en los medios desacomplejados de las comunidades evangélicas; luego, se difundió en otros ambientes. Paralelamente, una nueva forma de lucha contra el SIDA alcanzó una eficacia relativa: las campañas a favor de la abstinencia, más que de la castidad, pretendían disminuir el porcentaje de la población contaminada por el virus. En nombre de la salud, de la eficacia y de la experiencia, algunos tomaron iniciativas que, a pesar de sus buenas intenciones y de ciertos resultados, mostraban en ocasiones lagunas antropológicas. Olvidaban que, sin Dios, nada es posible, sobre todo cuando se trata de castidad, o de otras virtudes y actitudes cristianas como la humildad o el perdón de las ofensas.

Con todo, no se puede ocultar el bien producido por los esfuerzos en rehabilitar la virginidad y promocionarla como un valor en sí, especialmente en los ambientes católicos. Cuál sería mi sorpresa cuando, al salir de la iglesia de San José en Nazaret, en 2007, después de comprar unas postales, la vendedora insistió en entregarme un libro sobre las buenas razones para ser virgen. Algo impensable hace solamente quince años.
La consecuencia es un cuadro con luces y sombras. En ocasiones, con la sombra de una castidad efímera, algo pasada de moda, que degrada su profunda belleza. Hay también colores chillones, de una pureza ruidosa, demasiado oficial quizá, vacía de sentido, y sobre todo alejada de su trascendencia: una pureza artificial, que es a la verdadera pureza lo que los enanitos del jardín son a las auténticas estatuas, que hacen adivinar la grandeza divina del horizonte humano. No obstante … logra abrirse a un hermoso ideal: unirse con el cielo y realizar a la persona humana dejándose superar por lo divino. (Seguiremos)

Del libro Amor y desamor. La pureza liberadora”de Guillaume Derville

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