Son muy pocos los que hablan de castidad castamente

pureza pisaje«Son muy pocos los que hablan de castidad castamente, pocos los que hablan de humildad humildemente» [1]. Desde hace más de tres siglos, la constatación de Pascal no ha perdido actualidad. Cuando se alude hoy a la castidad, no suele ser con las palabras adecuadas. Y lo mismo quizá haya sucedido en todas las épocas. Al entrar en la catedral de Siena nos sorprende la advertencia que figura en una inscripción sobre el pavimento: Castissimum virginum templum caste memento ingredi (acuérdate de entrar castamente en este templo sin mancha). ¿Cómo «acordarse» de algo así, si nunca se ha oído hablar de castidad en las iglesias? [2]. Asistimos a un prolongado silencio histórico en torno a este tema tabú, ligeramente interrumpido desde la revolución de 1968. Han transcurrido veinte siglos desde la denuncia que san Pablo hacía a los romanos de su propia sociedad, y que hoy sigue siendo sorprendentemente válida: el Apóstol deploraba las costumbres depravadas de innumerables personas, y su aceptación por parte de la opinión pública. En un tono dramático, señalaba que la muerte es el castigo de la impureza; la inmoralidad y el rechazo del Creador, que es la Vida, provocan la cólera de Dios, así como el debilitamiento de las mentes (cf. Rm 1, 18-32). San Pablo habla de gentes desamoradas y sin piedad (v. 31): el término griego «astorgos» significa incapacidad para amar tiernamente a sus prójimos. Mil ochocientos años después, Chateaubriand escribió que todo vicio tiene sus admiradores y toda depravación sus altares.

Del libro Amor y desamor. La pureza liberadora”de Guillaume Derville

[1] B. Pascal, Pensamientos, en Obras completas, París 1963, Lafuma-Brunschvicg: 655-677.
[2] El filósofo francés Rémi Brague confiesa en Le Monde (30 de septiembre de 2013): «Nunca oí ni una sola homilía sobre este tema». Una mujer francesa de 80 años, católica practicante, afirma que solo una vez oyó hablar de pureza en una iglesia; era un 2 de febrero: un vicario parroquial habló de pureza de espíritu y de cuerpo.

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