¿Cómo hablar de castidad dos mil años después?

aire limpioEn tiempos antiguos, cerca de Sicar, probablemente al este de la Naplusa actual, Jacob había comprado un campo al pie del monte Garizim. Allí, hacia el mes de diciembre, Jesús, cansado de caminar, agotado, se sentó sobre el brocal de un pozo. Era mediodía. Un poco después, los discípulos se reunieron con Él. El Maestro suscitó asombro por partida doble: el de la samaritana, considerada por los judíos como ritualmente impura; y el de los discípulos, por verle hablando a solas con una mujer. No obstante, a pesar de conocer Él muy bien la situación matrimonial de su interlocutora, y también la herejía de su comunidad, le anuncia una fuente de agua que salta hasta la vida eterna: ha llegado la hora en que los muros del templo abracen al mundo entero, en una adoración en espíritu y en verdad.

Este episodio encierra muchas enseñanzas. Anecdótica en apariencia, la reacción de los discípulos revela la prudencia de Cristo en su comportamiento con las mujeres y deja entrever un modo de vida. En aquella época, algunos judíos se abstenían incluso de hablar en público con su esposa. Jesús respetaba los usos externos, especialmente severos en lo concerniente a la relación con el sexo femenino. Sin embargo, su comprensión –rica en misericordia– con los pecadores le impulsa al diálogo. Jesús se dirige a la samaritana con respeto: «mujer» (Jn 4, 21). La llama como llamó a su Madre, por ejemplo en Caná y en el Gólgota. La conversación se eleva hasta la profecía de un culto espiritual, el de la existencia personal vivida como una ofrenda a Dios (cf. 1 P 2, 5): así ha de ser, en el Espíritu Santo –fruto del don total de Cristo en la Cruz–, el culto de los adoradores «que el Padre busca» (Jn 4, 23).
[En la conversación] … no se alude [solo] a una cuestión meramente doctrinal, sino a un modo de vida. Y a él se refiere Cristo: esta mujer ha tenido cinco maridos y ahora vive con otro hombre (cf. Jn 4, 18). No se trata de algo marginal para la samaritana, pues constituirá el nervio de su anuncio ante los habitantes de su ciudad: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho» (Jn 4, 29). Es evidente que la vida de esa mujer no se puede reducir a un mero recuento de sus parejas. Jesús fue capaz de hablar con ella como con cualquier otro, y entrar a fondo en su corazón sin necesidad de descender a lo vulgar. ¿Cómo hablar de castidad dos mil años después?

Esta es la pregunta que nos plantearemos en algunas entradas próximas del blog. Para ello nos ayudaremos del libro Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville, al que corresponde la introducción que acabamos de transcribir. Espero que os guste. Ya me diréis. Animo!

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4 comentarios en “¿Cómo hablar de castidad dos mil años después?

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