La nube, la luz y la sombra…

 Propiamente hablando, decir que “una nube luminosa los cubrió con su sombra”, es algo contradictorio. Las nubes no son luminosas sino más bien grisáceas. Pero aun suponiendo que hubiera una nube luminosa ¿cómo puede “cubrir con su sombra” si emite luz?

Sin embargo… Todo lo absurda que nos parezca, la frase, en lenguaje bíblico, tiene muchísimo sentido. Veamos:

  • La nube es el signo de la presencia de Dios, de la gloria divina. Se nos dice que estuvieron envueltos en un ambiente divino.
  • La luz es signo de Cristo: Yo soy la luz del mundo. Por eso, quienes son iluminados por Cristo viven como hijos de la luz.
  • Y la sombra es signo de intimidad, del secreto de la vida espiritual. Es ese claro oscuro de la fe en el que germina el diálogo escondido con Dios.

Por todo esto, nuestro Tabor es la oración. Allí estamos en el Cielo, allí somos iluminados y alumbrados (dados a luz), y también allí permanecemos a oscuras y en la intimidad del Señor. ¡Qué fácil es rezar! Lo complicado es vivir. Orar es sencillo, es… volver al Tabor. Allí descubrimos un brillo suave y amoroso que baña en su Amor todo lo que toca.

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