La “piedad” del egoista

egoistaAquellos hombres rezaban. De hecho, su pecado los sorprendió hablando con Dios. Y en un terrible diálogo con el Verbo Divino sacaron a la luz la escoria que anidaba en el fondo de sus almas.

   ¿Qué signo vemos que haces tú? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron maná en el desierto

   Pobres idiotas. Acababan de saciarse con cinco panecillos multiplicados por Jesús, y ya debían haberlos metabolizado para evacuarlos después. Volvían a tener hambre y querían más. Del anterior milagro no quedaba ni recuerdo.

   No por hablar con Dios se salva necesariamente un hombre. Hay quienes pecan incluso rezando. El egoísmo tiene su «piedad». Acumula devociones y novenas, jaculatorias y estampas. Y todo ello lo convierte en herramienta para obtener lo que desea. Por eso, el egoísmo es milagrero. Pide mucho y no da nada. Se come a los santos por los pies, porque ha oído que esos santos obraron milagros, y son precisamente milagros lo que busca.

   No digo que sea malo pedir. ¡Estamos tan necesitados! Digo que hay personas que pasan la vida rezando para que Dios haga milagros que les eviten pasar por la Cruz. El problema es que la Cruz es la puerta del Cielo.

Autor: Fernando Rey Ballesteros

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