¡Has nacido para caudillo!

16¿Adocenarte? ¿¡Tú… del montón!? ¡Si has nacido para caudillo! Entre nosotros no caben los tibios. Humíllate y Cristo te volverá a encender con fuegos de Amor.

El término «caudillo», frecuente en Camino como en muchos otros autores de la época y en los más variados sectores, es de viejo abolengo en la lengua castellana. En la cultura contemporánea el mensaje del término se expresa en la palabra leader, introducida desde el ámbito anglosajón en casi todos los idiomas. El uso del término no es socio-elitista (la masa – el caudillo), sino paradójico: no a uno sino a todos los lectores se les dice que «han nacido para caudillos». Es una manera vibrante y dialéctica de predicar la universal llamada a la santidad y la responsabilidad apostólica de todos los cristianos.

En Camino, a mi parecer, «caudillo» designa al cristiano metido en la vida del mundo y que se hace consciente de una doble responsabilidad. Responsabilidad, ante todo, delante del Dios que llama a una entrega plena a su voluntad: «responder» a Cristo que pasa y llama a la santidad y al apostolado, empezando por la reforma personal de la propia vida. Y a la vez, la responsabilidad de concurrir briosamente a la gran batalla cultural y científica que se libra en la historia, sacudiendo el absentismo y la inercia en esos campos –enfermedades endémicas de los católicos en muchos países– para estar presente en ellos con categoría profesional y con el consiguiente prestigio y, por supuesto, con ese «fuego de Cristo» de que se habla en el primer punto de CaminoPor eso escribe San Josemaría en enero de 1935, dirigiéndose a los fieles del Opus Dei: «Fomentad en los muchachos todas sus ambiciones nobles, sobrenaturalizándolas. Dejadles: tienen razón: hay que ser… sabios, audaces, santos. Repetidles muchas veces, en todos los tonos, que no pueden quedarse en el montón: porque han nacido para caudillos».

Ser caudillo –vivir esa doble responsabilidad– es ser «cabeza de fila» e implica, pues, «dominar el carácter, estudiar mucho, cultivar el espíritu de servicio y, sobre todo, estar muy unidos a Dios, para poder llevarle muchas almas, con un incesante apostolado»; por tanto, mover a otros, guiarles, arrastrarles al seguimiento de Cristo y a la santificación de las realidades humanas (vid punto 19). Por eso, ya desde este p/16, el paradójico camino para ser «caudillo» es la humillación…: «Humíllate y Cristo te volverá a encender con fuegos de Amor».

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s