¡Lo siento, hoy no me toca!

CGuj2KhUkAAnUeKCuando Jesús nos dice que a cada día le bastan sus disgustos, parece como si nos dijera que no hemos de  extrañemos de que cada ía traiga su dosis de preocupaciones. Él también las tuvo, y era Hijo de Dios.

Lo que nos está advirtiendo es de no cargar la mano con más de lo que le corresponde a cada día. Pues cada día trae sus preocupaciones y las gracias necesarias para sobrellevarlas con garbo. Pero las gracias de hoy son para los disgustos de hoy. No para los de mañana, ni para los de ayer.

Pero si te empeñas en sufrir los disgustos de ayer –y de anteayer-, y te pasas el día recordando lo mal que lo pasaste y lo mal que te trataron, etc… Esa cruz te aplastará porque no  se nos da las gracias para llevar los calvarios en los que nos metemos nosotros solitos.

O si te dedicas a agobiarte con los problemas de mañana, a angustiarte por lo que se te viene encima, tampoco tendrás las gracias necesarias para llevar esa cruz del futuro con garbo, y sentirás que te aplasta.

Recuérdalo bien: a cada día le basta su propio afán y cada día tiene sus disgustos y sus gracias. Ayer tuviste las gracias de ayer -para los disgustos de ayer-; y mañana tendrás las gracias para los disgustos de mañana. Así que ya lo sabes. Pero ¿y todo lo demás…? ¡Lo siento, hoy no me toca!

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