Gravedad

camino 3Gravedad. —Deja esos meneos y carantoñas de mujerzuela o de chiquillo. —Que tu porte exterior sea reflejo de la paz y el orden de tu espíritu.

El tema sigue siendo el del punto 2: Cristo en el cristiano, ahora bajo la forma de «la paz y el orden de tu espíritu», que han de «transparentarse»: es otra forma de referirse al «gaudium cum pace» -la alegría y la paz-, del que hablará abundantemente. En efecto, no mucho antes –pero ese mismo año– había escrito esta reflexión, que guarda relación estrecha tanto con punto 2 como con este punto 3:

«Con la gravedad –y como natural consecuencia– me dará Dios nuestro Señor una paz interior inalterable y la compostura exterior propia de quien ha de ser –de quien es– otro Cristo. Todo ello ungido con la luminosa y mansa alegría del alma que ama la Voluntad justísima de Dios» [1].

Es algo inmanente a los seguidores de Cristo, que Clemente de Alejandría expresaba en esta sentencia: «La quietud, el sosiego, la serenidad y la paz son connaturales al cristiano» [2].

Más sobre el aspecto autobiográfico del tema «gravedad», en punto 72 y su comentario.

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  • [1] Glosas marginales al Decenario 1932, pg 44. El apunte de San Josemaría está escrito al final del «Obsequio» del día segundo, titulado: «La paz del alma» [Patmos 35, pg 56; Logos 52, pg 98].
  • [2] Clemente de AlejandrÍa, El Pedagogo, II, 61, 1; Fuentes patrísticas 5, Madrid 1994, pg 389.
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Un comentario en “Gravedad

  1. «Con la gravedad –y como natural consecuencia– me dará Dios nuestro Señor una paz interior inalterable y la compostura exterior propia de quien ha de ser –de quien es– otro Cristo. Todo ello ungido con la luminosa y mansa alegría del alma que ama la Voluntad justísima de Dios .
    Algunas veces somos personas incoherentes, pecadoras. Pero personas que quieren caminar bajo la mirada de Jesús. Somos pequeñas, pero queremos militar bajo el estandarte de la cruz. Nosotras, que somos egoístas, queremos también vivir una vida agitada por grandes deseos. Renovemos así nuestra oblación al Eterno Señor del universo para que con la ayuda de su Madre gloriosa podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo que se despojó de sí mismo.
    Y pidamos a la Virgen y a San Josemaría su ayuda para ser dignos hijos de nuestro Padre.

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