Allí solo importarás Tú

cristo de san juan de la cruzCanción IV

¡Oh bosques y espesuras,  
plantadas por la mano del Amado,
 oh, prado de verduras,  
de flores esmaltado,  
decid si por vosotros ha pasado!

Oh, prado de verduras… Esta es un imagen del Cielo,  porque las cosas que hay en él siempre están con ese verdor inmarcesible, que ni mueren ni envejecen con el tiempo, y en ellas, como en frescas verduras, se recrean y deleitan los santos.

Ayer leíamos en el Evangelio de la Misa: Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será la mujer? Si uno los piensa despacio, Señor, en esa idea que tenían del Cielo los pobres saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, no es para menos que uno prefiera que para eso mejor que no hay resurrección... Se imaginarían a los siete hermanos peleándose y discutiendo en el Cielo por quién de ellos sería la pobre mujer… Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios… Gracias Señor porque el Cielo no es como una prolongación de la vida terrena, con sus frenesís y contingencias. Sí, el Cielo consistirá en mirarte, Dios mío, y quedar maravillado… Ya nada importará nada salvo Tú. Y advertiremos entonces que las bellezas y dulzuras de esta vida, no son sino espejos ajados donde tu luz con dificultad se reflejaba… Allí ya no importarán tanto ni las criaturas, ni el fútbol, ni las películas… Allí sólo importarás Tú: ¡Dios mío!

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