¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido?

cristo de san juan de la cruzCanción I

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

El alma se queja de la ausencia de quien habiéndola herido con su amor ahora se esconde: ¿A dónde te escondiste?… Es como si le dijera: muéstrame el lugar donde estás escondido, pero al ser un lugar imposible pues según san Juan es el seno del Padre, es decir, en Dios mismo, el alma desalentada lanza este cariñoso reproche: como el ciervo huiste, habiéndome herido… salí tras ti, clamando, y eras ido.

En efecto, el alma ha quedado como muriendo de heridas de amor por él. Se trata de esas visitas fugaces de Dios al alma que despiertan el ansia de verle y disfrutarle, pero la dejan con el dolor de su brevedad. Son las denominadas heridas espirituales de amor, las cuales son sabrosísimas y deseables al alma; y aunque dejan el dolor de la ausencia, el alma estaría siempre muriendo por estas lanzadas de amor que la hacen salir de sí –salí tras ti, clamando-, y la disponen a entrar en Dios.

Fuente: Me envía un amigo este correo, dice que lo ha sacado del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz. Seguiremos poniendo algunas otras entradas de este autor.

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