Sí, quiero [9]: ¿Qué tal nos entendemos?

Un vídeo muy interesante.

Hombre y mujer son diferentes en el plano biológico, afectivo, en la forma de pensar y de querer. Aprender a “pactar” con las diferencias. El primer año suele ser más difícil. Importancia del diálogo y de lograr una buena comunicación. Las discusiones. Consejos para una discusión limpia y noble. Necesidad de perdonar y de pedir perdón. Proponerse pequeñas metas para mostrar detalles de cariño. 

Fuente: DVD disponible en nuestra tienda web: http://www.encristiano.com/documental…
Ver online (streaming) o descargar el video en: https://vimeo.com/ondemand/siquiero
También disponible en:
· ENGLISH: https://vimeo.com/ondemand/happymarriage

“SÍ, QUIERO: Claves para un Matrimonio Feliz” es una serie de 12 vídeos de 15 minutos cada uno sobre el noviazgo y el matrimonio. 2 dvds y un libro que ayudarán a los novios a prepararse bien para el matrimonio.

2 comentarios en “Sí, quiero [9]: ¿Qué tal nos entendemos?

  1. Como en cualquier género de vida, las dificultades en la vida matrimonial se superan con la ayuda de Dios y por amor, de modo que las mismas pruebas sirven para confirmar y acrecentar el cariño mutuo: «Durante nuestro caminar terreno, el dolor es la piedra de toque del amor. En el estado matrimonial, considerando las cosas de una manera descriptiva, podríamos afirmar que hay anverso y reverso. De una parte, la alegría de saberse queridos, la ilusión por edificar y sacar adelante un hogar, el amor conyugal, el consuelo de ver crecer a los hijos. De otra, dolores y contrariedades, el transcurso del tiempo que consume los cuerpos y amenaza con agriar los caracteres, la aparente monotonía de los días aparentemente siempre iguales. Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte (cf. Ct 8,6)».
    En general, las dificultades más graves —objetivas o subjetivas— para la felicidad matrimonial proceden de la soberbia. Además, no es infrecuente que el deterioro de las relaciones afectivas entre los esposos también venga provocado o seguido por relaciones sentimentales extramatrimoniales, que ofrecen la falsa promesa de una nueva felicidad o de la serenidad que se ha perdido durante un periodo de tiempo más o menos largo.

    Sea cual sea la causa, las dificultades han de resolverse poniendo los medios humanos y sobrenaturales, pero «sin falsificar ni comprometer jamás la verdad», pues, en esas circunstancias en que el horizonte de la felicidad conyugal aparece empañado, puede insinuarse la tentación de pensar —equivocadamente—, que no es posible mantener la unidad hoy y ahora, o que no podrá serlo en el futuro; o que toda la vida matrimonial anterior ha estado fundada sobre presupuestos engañosos, retrotrayendo las dificultades del momento presente al inicio mismo del compromiso. Y, en consecuencia, plantearse como “remedio” de las dificultades presentes la ruptura de la relación conyugal, aduciendo que “probablemente” nunca llegó a existir un verdadero vínculo matrimonial.

    En esta situación –como en otras semejantes–, si las disposiciones personales no son completamente rectas, si no se procura luchar contra todo aquello que sea contrario a la fidelidad conyugal, si no se es humilde y sincero con uno mismo, es muy fácil encontrar argumentos y razones para reinterpretar falsamente la realidad del propio matrimonio, resaltando con parcialidad lo que conviene a las pasiones y olvidando cuanto no interesa valorar. De ese modo, aunque al principio la conciencia haya reconocido la necesidad de mantener el verdadero bien de la fidelidad —porque Dios lo quiere y porque se aceptó libremente al contraer el vínculo—, puede terminar prefiriendo el bien aparente de una “solución” contraria a la fidelidad conyugal.

    A quien pasara por un estado de este tipo, habría que ayudarle a considerar de nuevo que, para quien está casado, mantener y defender el vínculo libremente contraído no es una carga sino precisamente la base segura para edificar su propia vida: la fidelidad es el único camino para responder a la vocación matrimonial y para encontrar la auténtica felicidad temporal y eterna. Las alternativas de aparente felicidad y de paz al margen del querer divino, que pueden resultar fuertemente atractivas en momentos de dificultad, son radicalmente falsas e ilusorias, y no tardan en manifestarse como inquietud profunda, fragilidad y —lo atestigua la experiencia— en la multiplicación de uniones contrarias al matrimonio, basadas sólo en el sentimiento, que, entre otros males, provocan gravísimos daños en los hijos y en todo el tejido
    social.

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