Madre de Jesús y madre nuestra

8 ocho de mayo– “Los textos de las Sagradas Escrituras que nos hablan de Nuestra Señora, hacen ver precisamente cómo la Madre de Jesús acompaña a su Hijo paso a paso, asociándose a su misión redentora, alegrándose y sufriendo con Él, amando a los que Jesús ama, ocupándose con solicitud maternal de todos aquellos que están a su lado” (Es Cristo que pasa 141)

– “Cada uno de nosotros, al evocar su propia vida y ver cómo en ella se manifiesta la misericordia de Dios, puede descubrir mil motivos para sentirse de un modo muy especial hijo de María“. (ibid 140)

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2 comentarios en “Madre de Jesús y madre nuestra

  1. Sólo si tenemos a Dios en el corazón, estamos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano de humanidad, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo, sino otro yo, una faceta del infinito misterio del ser humano.
    Sólo somos capaces de dialogar con los hombres si antes lo hacemos con Dios. Contemplar el rostro de Dios es condición para mirar con discernimiento el rostro del hombre. Para llevar a cabo un intercambio respetuoso y considerado. Con mayor razón, por tanto, para reconocernos y respetarnos como realmente somos, es decir, como hermanos, necesitamos referirnos al rostro de un Padre común, que nos ama a todos, a pesar de nuestros límites y nuestros errores.

    Para acercarnos a Dios lo hacemos contemplando a María Madre de Dios y Madre nuestra. Con Ella comenzamos cada día, el rostro de Dios ha tomado un rostro humano, dejándose ver y reconocer en el hijo de la Virgen María.

    Benedicto XVI destacaba que “Ella, que ha custodiado en su corazón el secreto de la divina maternidad, ha sido la primera en ver el rostro de Dios hecho hombre en el pequeño fruto de su vientre”.

    Nadie más cercano a Dios que su Madre María: La madre tiene una relación muy especial, única y de todos modos exclusiva con el hijo recién nacido. Ocurre siempre, y con mayor razón en el caso de la maternidad divina de María. El primer rostro que el niño ve es el de la madre, y esta mirada es decisiva para su relación con la vida, con sí mismo, con los demás, con Dios; es decisiva también para que él pueda convertirse en un hijo de la paz.

    Necesitamos ayuda para ser promotores de la paz. El Niño mira a la Madre, y ésta nos mira a nosotros, casi como reflejando al que observa, y reza, la ternura de Dios, bajada en Ellos del Cielo y encarnada en aquel Hijo de hombre que lleva en brazos.

    Una imagen no sólo evocadora sino eficaz. Pero ese mismo icono nos muestra también, en María, el rostro de la Iglesia, que refleja sobre nosotros y sobre el mundo entero la luz de Cristo, la Iglesia mediante la cual llega a toda persona la buena noticia.

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