¿Por qué el mundo es como es y no mejor?

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“Un cierto extrañamiento -sostiene Javier Gomá, conocido ensayista y filósofo español- sobreviene tarde o temprano a quien vive su vida de modo consciente. ¿Por qué el mundo es como es y no mejor? Pues no sería difícil imaginar un mundo mejorado. Pregunta Hume: «¿Es el mundo, considerado en general, tal como se nos muestra en nuestra experiencia, diferente del que un hombre esperaría de antemano de una Deidad muy poderosa, sabia y benevolente?». Sí, este mundo es claramente distinto del que confiaría encontrar una persona a la que, estando fuera, se le invitara a entrar en él asegurándosele que es obra de un Ser muy bueno, sabio y poderoso. Una vez dentro, el chasco de esa persona de buena fe sería fenomenal. Y, sin indagar ahora las causas de tanto desperfecto de fábrica –cuyos intentos de justificación recuerdan las sutilezas del arquitecto ante la obra defectuosa–, ¿por qué no interviene Dios de manera definitiva en el mundo para cambiar sus estructuras permanentes negativas y hacerlo más semejante a él, más divino, o al menos más humano? El caso es que no lo hace. El resultado es un mundo mudo que apenas nos habla de Dios y, en muchos aspectos, resueltamente antidivino.”

Para leer el artículo completo, pinchar en este enlace Javier Gomá – Luminosas tinieblas

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3 comentarios en “¿Por qué el mundo es como es y no mejor?

  1. La ironía está en que el Dios de la Biblia ofrece compartir Su realeza con aquellos que se sujetan a Él. Al sujetarnos al Rey nos convertimos en co-gobernantes sobre el universo. Cuando lo rechazamos, sin embargo, si bien tal vez podamos seguir siendo reyes en cierto sentido, nuestro “universo” es muy pequeño.

    Además, sólo aquellos que se sujetan al Rey obtienen el paraíso. Aquellos que quieren seguir siendo reyes, aunque puedan desear, imaginar y creer en la posibilidad de un mundo perfecto, no lo experimentarán. Dios ha dejado en claro (bíblicamente) que aquellos que lo rechacen no obtienen el paraíso – y no tendríamos que esperar que fuera distinto. ¿Por qué dejaría alguien que uno viva en Su hogar (para siempre) si Él supiera que uno lo odiaba secretamente? Él sabe que aunque uno pudiera pensar que quiera Su paraíso, no sería paraíso para uno. Todo en el paraíso le haría acordar de Él. Todo en el paraíso le recordaría de un Rey que está pugnando por su trono. En este caso no sería el cielo sino más bien una especie de infierno.

    C. S. Lewis creía que al final sólo habría dos grupos en la humanidad: 1) aquellos que le dicen (o le hayan dicho) a Dios, “Tu voluntad sea hecha”; y 2) aquellos a quienes Dios les dice, “Tu voluntad sea hecha.”

    El evangelio de Cristo es la prueba decisiva de Dios para determinar en cuál bando caeremos. El mensaje de Cristo es que podemos ser reconciliados con Dios mediante Cristo, mediante su muerte sacrificial y mediante nuestra confianza en esa muerte sacrificial. El evangelio cristiano es altamente racional. Es una declaración que el Ser perfecto sólo es capaz de una relación perfecta. Logramos esa relación perfecta con Él mediante un apoderado, mediante la obra de otro (Cristo).

    El problema surge, sin embargo, no por la base lógica de este mensaje de evangelio sino sobre el desenlace si uno cree en él. Los seres humanos saben implícitamente que la otra cara del perdón es la reconciliación con Dios; pero muchos de nosotros, tal vez la mayoría de nosotros, no queremos ser reconciliados con Dios. La reconciliación significa la usurpación de nuestro trono, así que ¿por qué tendríamos que estar interesados en el perdón de pecados? No queremos ser perdonados porque no queremos el resultado de ese perdón. No queremos paz con Dios principalmente porque no lo queremos a Dios. Por lo tanto, la cruz de Cristo pierde su significado. Tiene significado sólo para aquellos que ya han decidido renunciar a su propio carácter de reyes y a su “deidad,” y que entonces son liberados para sujetarse ante Quien es el verdadero Dios y Rey.
    Siento muchísimo no poder ver el comentario de Joaquín. Sigo recodándote y un abrazo. ROSA

    1. Espero que ya esté solucionado lo de Joaquín. En verdad tu respuesta es mucho mejor que la que yo pensaba darle a su perplejidad al final del artículo; a mi también me pasó algo parecido pero tu respuesta es muy buena. Gracias Rosa

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