“Ad Iesum per Mariam”

miguel_angel_piedad_2La idea expresada en “ad Iesum per Mariam” –a Jesús por María-, está teológicamente apoyada en la doctrina de la mediación materna de María, presente ya en la literatura patrística, en especial desde la definición del dogma de la maternidad divina en el Concilio de Éfeso (a. 431). En la época medieval, dicha doctrina de la mediación de la Madre de Dios ante su divino Hijo a favor nuestro, adquiere un gran impulso… En época más cercana, la fórmula ad Iesum per Mariam está ligada de manera especial a san Luis Mª Grignion de Monfort (1643-1716) y a su enseñanza acerca de la “consagración a Jesucristo por medio de la consagración a María“. Concretamente, su “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen” está construido sobre el esquema: a) Dios se ha hecho hombre por María, y ha querido que todo lo alcancemos por María; b) María ha sido, pues, el camino escogido por Dios para darnos su amor; por tanto, c) la devoción a María es también camino seguro para ir a Jesucristo. Es decir: para llegar a Cristo es preciso pasar por María

Podríamos expresarlo también así: “Por María”, es decir: “a través del recurso a su condición maternal“, o, de otro modo: “a través del trato filial con Ella“, vamos “hacia Jesús”, pero: “hacia Jesús”, en la Iglesia y con la Iglesia. En resumen: María, conforme a su misión de Madre, a) nos conduce maternalmente a su Hijo, y b) nos lo hace encontrar en la Iglesia, o bien, nos muestra a la Iglesia con Él.

“María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María!” [san Josemaría en Es Cristo que pasa].

De algún modo la contemplación y constante referencia a la maternidad espiritual de María, permite acercarse más conscientemente –y con más provecho– a una dimensión central del misterio de la Iglesia: su dimensión familiar y fraterna:

“Seguramente también vosotros, al ver en estos días a tantos cristianos que expresan de mil formas diversas su cariño a la Virgen Santa María, os sentís más dentro de la Iglesia, más hermanos de todos esos hermanos vuestros”.

Fuente: Edición crítica de Es Cristo que pasa

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2 comentarios en ““Ad Iesum per Mariam”

  1. «María es siempre el camino que conduce a Cristo» (Pablo VI).
    Toda la razón de ser de las prerrogativas de María está en su función de Madre de Dios. Todo el que se ha acercado a María es para terminar en Jesús. No se puede concebir un amor a María, que no germine en un amor a Cristo, ya que Él es el centro de nuestra vida y todo lo demás son medios para acercarnos a Él.

    Nuestro amor a la Madre, si es auténtico, no se puede concebir sin el mismo amor al Hijo, ya que si amamos de verdad a una persona, tenemos que amar lo que Ella ama. Nuestro acudir a María es sencillamente, porque Ella puede alegar sus méritos y su vida a favor nuestro ante su Hijo. Ella es licenciada en pleitos divinos-humanos.

    Como el niño acude al regazo de la madre para buscar su protección, así los cristianos acudimos a María para ir de su mano a Dios. María es un camino seguro, que desemboca en Cristo, quien va de su mano tiene la certeza de que tarde o temprano se unirá a Jesús.

    María consciente de su puesto de Medianera de todas las gracias está siempre a nuestra total disposición. Ella fue la que sirvió de enlace, para que Dios bajase a nosotros y sigue siendo el acceso que tenemos los hombres para llegar a Dios.

    “No nos han faltado ocasiones de comprobar los efectos sobrenaturales de una sincera devoción a la Virgen. Cada uno de vosotros podría contar muchas cosas. Y yo también. Viene ahora a mi memoria una romería que hice en 1935 a una ermita de la Virgen, en tierra castellana: a Sonsoles.
    No era una romería tal como se entiende habitualmente. No era ruidosa ni masiva: íbamos tres personas. Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad. En aquella romería a Sonsoles conocí el origen de esta advocación de la Virgen. Un detalle sin mucha importancia, pero que es una manifestación filial de la gente de aquella tierra. La imagen de Nuestra Señora que se venera en aquel lugar, estuvo escondida durante algún tiempo, en la época de las luchas entre cristianos y musulmanes en España. Al cabo de algunos años, la estatua fue encontrada por unos pastores que –según cuenta la tradición–, al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!” (San Josemaría Escrivá)

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