1 de mayo, cuando los andamios son altares

Mirad las aves del cielo… No siembran, ni siegan, ni encierran en los graneros, lo que significa que el pájaro no puede trabajar… Pero ¿es acaso una perfección eso de no trabajar? En ese caso sería una imperfección de Dios el que trabaje, y trabaje sin cesar… Mi Padre siempre trabaja… Por el contrario, trabajar es la perfección del hombre. Por el trabajo el hombre se asemeja a Dios, que ciertamente también trabaja. El hombre es imagen gloriosa de Dios cuando trabaja.

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Y cuando un hombre trabaja por el alimento, no podemos decir que se alimenta a sí mismo; más bien diremos: trabaja con Dios para el alimento. Trabaja con Dios, es decir, es colaborador de Dios. … Hijo ve a mi viña a trabajar

Y de este modo el afligido llegó a meditar debidamente cuán glorioso es trabajar, qué glorioso es ser hombre. Si lo vuelve a olvidar mientras trabaja, ¡ay!, entonces quizá aquel maestro amable, el pájaro, vuele a su vera para recordarle lo olvidado. ¡Con sólo mirar al pájaro lo recordará!

El 1 de mayo de 1955, Pío XII instituyó la fiesta de San José, obrero. En aquel momento, trataba el Papa de reivindicar para la fe el valor sagrado del trabajo humano, en respuesta a las movilizaciones con que el mundo comunista había conquistado esa fecha y la había proclamado el «Día del trabajo». «¡Muy bien! –pareció decir el Papa– Nos sumamos a la fiesta. En la Iglesia amamos el trabajo. Y, por eso, pondremos este día bajo el patrocinio de San José, obrero y trabajador. Que también Jesús, el hijo del carpintero, nos redimió trabajando». A lo largo de estos 60 años, la fiesta ha pasado, de solemnidad, a memoria libre.

El trabajo, para un cristiano, es redención, ofrenda y Eucaristía. Eso celebramos. El amor a Dios de quien trabaja para tallar su cruz de cada día y llenarla de celo apostólico. Aprendamos de la generosidad de nuestra Madre:

La Virgen Santa María, Maestra de entrega sin límites. –¿Te acuerdas?: con alabanza dirigida a Ella, afirma Jesucristo: ¡el que cumple la Voluntad de mi Padre, ése –ésa– es mi madre!…

Pídele a esta Madre buena que en tu alma cobre fuerza –fuerza de amor y de liberación– su respuesta de generosidad ejemplar: «ecce ancilla Domini!» –he aquí la esclava del Señor. [Surco 33]

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2 comentarios en “1 de mayo, cuando los andamios son altares

  1. El 1 de mayo de 1955, Pío XII instituyó la fiesta de San José, obrero. En aquel momento, trataba el Papa de reivindicar para la fe el valor sagrado del trabajo humano, en respuesta a las movilizaciones con que el mundo comunista había conquistado esa fecha y la había proclamado el «Día del trabajo». «¡Muy bien! –pareció decir el Papa– Nos sumamos a la fiesta. En la Iglesia amamos el trabajo. Y, por eso, pondremos este día bajo el patrocinio de San José, obrero y trabajador. Que también Jesús, el hijo del carpintero, nos redimió trabajando».

    A lo largo de estos 60 años, la fiesta ha pasado, de solemnidad, a memoria libre. También podría pensarse que –al menos en español– el adjetivo «obrero» ha quedado desfasado. No sólo es trabajador el que empleado en una obra. Además, después de la crisis, apenas quedan obras. Trabajador es también el taxista, y el banquero, y el médico, y el ama de casa, y los abuelos, que andan hoy pluriempleados cuidando nietos.

    El trabajo, para un cristiano, es redención, ofrenda y Eucaristía. Eso celebramos. El amor a Dios de quien trabaja para tallar su cruz de cada día y llenarla de celo apostólico.

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