Sobre la lectura incorrecta del Génesis

Sigo de curso de retiro y aquí, espero, salga en el blog este vídeo programado del P. Robert Barron sobre la lectura adecuada del Génesis:

2 comentarios en “Sobre la lectura incorrecta del Génesis

  1. El nuevo Catecismo asume esta perspectiva antropológica desde sus primeras líneas: “Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada” (n.1). Comienza, pues, situando al hombre ante su origen y destino, en la economía de la salvación.

    En esta relación de Dios con el hombre —en que consiste la religión cristiana—, podemos distinguir un aspecto de revelación y un aspecto de salvación. Por un lado Dios se revela, a la vez que revela lo que es el hombre y el cosmos. Por otro, Dios abre un camino de salvación dentro de la historia. Esta estructura del misterio cristiano conduce casi inevitablemente a dividir la antropología teológica en dos partes.

    1) En la primera, se estudia lo que Dios revela sobre el hombre como criatura destinada a Él desde su mismo origen. Pensamos en el ser humano desde la perspectiva de la creación, tal como Dios lo ha creado: con una situación peculiar en la escala de los seres, y con una constitución íntima que viene determinada por su origen y destino divinos.

    2) En la segunda, se trata lo que Dios hace con el hombre para salvarlo. De qué modo lo inserta históricamente en el misterio de Jesucristo. La Encarnación de Cristo y todos los misterios de su vida repercuten en toda la raza humana. Con su muerte y resurrección, abre el camino de salvación dentro de la historia humana. Y, al transmitir su Espíritu Santo difunde en el mundo un germen de vida eterna, una nueva relación filial con Dios que es una participación en el Reino de los Cielos.

    La primera área se relaciona con el misterio de la creación, con el orden interno que el designio creador establece en la estructura de las cosas, del hombre y del cosmos: esto es lo que llamamos su naturaleza, en su sentido más llano y menos problemático. La segunda se refiere a una intervención libre y gratuita de Dios en la historia, que se ofrece a los hombres para que puedan incorporarse libremente. Esto es la gracia.

    Al plantearse el problema del sobrenatural, la teología del siglo XX ha profundizado en las delicadas relaciones entre las dos áreas. Si pensamos las cosas desde la voluntad divina, no es posible distinguir plenamente entre el designio creador original de Dios, que constituye la naturaleza de las cosas, y su intervención salvadora en el curso de la historia humana, que establece el camino por el que se llega al fin del hombre. Todo pertenece a la misma Providencia que prevé las cosas desde toda la eternidad. En cambio, si queremos mirarlo desde el punto de vista de la comprensión que el hombre puede alcanzar sobre sí mismo, iluminado por la fe, cabe distinguir entre lo que pertenece a su “naturaleza” u ontología y lo que Dios le concede en la historia, como gracia a la que debe corresponder libremente. Lo primero le viene dado y ya lo posee. Lo segundo tiene que adquirirlo libremente, correspondiendo a las llamadas de Dios, a través de su Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo.

    Esto da lugar a las dos partes en que suele dividirse la antropología teológica: una general (el hombre creado) y otra especial (la gracia). Dos partes muy relacionadas también “desde abajo” (no sólo desde el misterio de la voluntad divina). Porque, como si se tratara de un arco, las dos partes de la antropología se encuentran en el misterio de Jesucristo. Él es, al mismo tiempo, el arquetipo de la perfección humana (revelación de lo que es el hombre) y la respuesta gratuita de Dios a los aspiraciones de salvación de la naturaleza humana (una gracia que responde a la naturaleza, aunque también la desborda). Él está en el origen de toda la creación (como Verbo) y es su plenitud (Cristo glorioso). Y por Él pasa el camino de transformación, entre el estado de naturaleza creada y dañada por el pecado, y el estado del mundo glorioso (Misterio Pascual).

    Al tomar conciencia de esto, la antropología teológica se ha replanteado a fondo las relaciones entre el misterio de la creación y el de la redención. El Catecismo lo refleja sin entrar en detalles: “La creación es el fundamento de todos los designios salvíficos de Dios, el comienzo de la historia de la salvación que culmina en Cristo” (n. 280; cfr. 288).

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