La fe y la razón

Estaré unos días de curso de retiro así que -siempre es un buen recurso-, os dejo con algunos vídeos programados para estos días. Empezamos por este de nuestro amigo el P. Robert Barron, sobre la fe y la razón:

Un comentario en “La fe y la razón

  1. En la época moderna, ha resultado tradicional la contraposición universal-particular con que se pretende despachar la fe cristiana. Así, «sólo lo metafísico puede salvar, nunca lo histórico», la realidad histórica de la fe cristiana es utilizada como pretexto para renegar de su universalidad. El particularismo histórico de la historia de la salvación cristiana —del mismo Jesús de Nazaret— haría imposible su pretensión de ser el salvador universal. El tradicional inclusivismo religioso de la teología cristiana se revelaría imposible, por lo que sería necesaria la apertura hacia una teología pluralista de las religiones.

    Ahora bien, dicha contraposición universal/particular hunde sus raíces en una concepción dialéctica de estos conceptos, donde la afirmación de uno supone la negación de otro. Sin embargo, en buena lógica cristiana, todo acontecimiento es en cierto modo universal, porque no es ajeno a la razón creadora. Y lo universal ha de particularizarse desde el momento en que la creación se despliega en el tiempo, con una historia para el ser humano.

    Si partimos de la primacía de la Razón creadora, la historia no es contingente. «In principio creavit Deus», «In principio erat Verbum», significan que la fe es, primariamente, fe en la Creación y en su Logos; que la historia del mundo tiene Logos y también la de cada hombre; que ese Logos es Amor y entra en la historia al mismo tiempo que la posee perfectamente en su trascendencia; que ese Logos lo poseen en plenitud los santos en el cielo. Sin esta perspectiva global como punto de partida, la fe acaba reduciéndose, en el mejor de los casos, a compartir una experiencia intrínsecamente parcial e incompleta.

    Por otra parte, desde el punto de vista del conocimiento, parece que la historia del pensamiento cristiano ha oscilado entre la acentuación de una intrínseca unidad del saber, que viene de Dios, y que al hacer depender todo de Dios corre el riesgo del fundamentalismo, y el realce de la autonomía del saber profano, que mantiene a corto y medio plazo la paz intelectual, pero que no da razón de la unidad del designio salvífico y acaba llevando a la secularización y a la fragmentación cultural. Tanto en uno como en otro caso, ni la racionalidad de la fe ni la apertura de la razón a la trascendencia logran jugar un papel relevante. Un ejemplo práctico, paradigmático y doloroso, es el del enfrentamiento entre una ética humana y una ética cristiana.

    En el fondo —como también ha apuntado Benedicto XVI—, gran parte de los debates en el contexto de las relaciones entre fe y razón adolecen de una visión ahistórica de la razón: «Para la filosofía y, en modo diverso, para la teología, constituye una fuente de conocimiento dar oído a las experiencias y doctrinas de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana; despreciar esa fuente significaría una inaceptable reducción de nuestra capacidad de escuchar y de responder». La razón humana tiene que mirar a la historia, a lo que se ha producido en ella, a las grandes tradiciones religiosas de la humanidad. Si no, su punto de partida es reductivo. Cuando se hace esto, resulta más clara la apertura intrínseca del hombre a la comunión con Dios.
    (Está basado en un trabajo de teología)

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