Sin Amor no hay alegría

pedag-alegríaYa lo observó Aristóteles: “el hombre no puede vivir largo tiempo sin alegría”. Sí, necesitamos la alegría para vivir. Pero ¿qué es la alegría para que se nos presente tan necesaria?

Bien, santo Tomás de Aquino se plantea la pregunta de si la alegría es una virtud, y afirma que no es una virtud sino un acto, es decir, el fruto de una virtud. Y es muy importante darse cuenta de esto, pues quiere decirnos que a la alegría no se llega directamente. La alegría tiene su origen en algo distinto, presupone algo anterior a ella misma, como la flor presupone la rama que la sostiene y nutre. Y ¿qué es eso que tan pronto esté presente hará posible la alegría sin esfuerzo, como su consecuencia natural? Eses algo es: el amor.

Sí, ¿acaso no nos alegramos cuando encontramos lo que buscábamos? Y ¿acaso lo que se busca, no es lo que amamos? [Recordar aquí la parábola de la oveja y la dracma perdida y hallada, y la alegría del encuentro; hijo pródigo, etc]. Toda alegría presupone cierto amor y procede de cierto amor: “dime donde está tu alegría y te iré donde está tu amor”.

Sin amor no hay alegría. Fijaos que si hay alegría en Dios es porque Dios es amor, comunidad perfecta de tres Personas que se aman infinitamente y cada una de las cuales es pura relación viva, lo que significa que cada una sólo es ellamisma a través de esta relación, que cada una es para las otras. Esta verdad enmarca el misterio de la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Sí, no hay alegría sin amor, pero no basta el amor, necsita una segunda condición: la posesión. La alegría surge en verdad en el amor fruens, disfrutado. Hay que ser disfrutones, aunque no satisfechos [ya explicaré esto en otro momento]. La tristeza es el acto que surge cando se ha perdido el amor, es el alma que ama pero no alcanza su objeto. La alegría nace de la presencia y posesión de ese amor: La alegría es el sosiego y desarrollo de la vida en la posesión segura de ese amor. Y cuanto mayor sea el amor, tanto más grande será la capacidad de alegría; y cuanto más intima la posesión más fascinante la alegría.

5 comentarios en “Sin Amor no hay alegría

  1. Antes de entrar en materia, quiero dar las gracias a titopama que nos recuerda el año jubilar extraordinario. En mi blog voy a comentarlo. Saludos.

    Y comienzo imaginando la alegría de Abraham, exultante de gozo en la esperanza de llegar a ser padre, como Dios le promete (Gen 17,3-9). Abraham es viejo, igual que su mujer Sara, pero cree, abre su corazón a la esperanza y se queda lleno de alegría. Jesús, recuerda a los doctores de la ley que Abraham exultó en la esperanza de ver su día y quedó lleno de gozo (Jn 8,51-59).

    Y eso es lo que no entendían aquellos doctores de la ley. No comprendían la alegría de la promesa; no entendían la alegría de la esperanza; no comprendían la alegría de la alianza. ¡No lo entendían! No sabían gozar, porque habían perdido el sentido de la alegría, que solo viene de la fe. Nuestro padre Abraham fue capaz de alegrarse porque tenía fe: fue justificado por su fe. Éstos, en cambio, habían perdido la fe. Eran doctores de la ley, ¡pero sin fe! Y peor aún: ¡habían perdido la ley! Porque el centro de la ley es el amor, el amor a Dios y al prójimo.

    Entonces como ahora parece que solo tenían un sistema de doctrinas concretas que precisaban cada día más. Hombres sin fe, sin ley, apegados a doctrinas que acaban siendo una casuística: ¿se puede pagar el impuesto al César o no? ¿Esta mujer, que ha estado casada siete veces, cuando vaya al Cielo será esposa de los siete? Todo casuística… Ese era su mundo, un mundo abstracto, un mundo sin amor, un mundo sin fe, un mundo sin esperanza, un mundo sin confianza, un mundo sin Dios. ¡Por eso no podía alegrarse!

    A lo mejor esos doctores de la ley podían hasta divertirse, pero sin alegría, es más, con miedo. Esa es la vida sin fe en Dios, sin confianza en Dios, sin esperanza en Dios. Y su corazón estaba petrificado. Es triste ser creyente sin alegría, y no hay alegría cuando no hay fe, cuando no hay esperanza, cuando no hay ley, sino solo prescripciones, doctrina fría. La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es la piedra de toque de la fe de una persona. Sin alegría, esa persona no es un verdadero creyente.

    Repitamos estas palabras de Jesús: Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría (Jn 8,56). Pidamos al Señor la gracia de exultar en la esperanza, la gracia de poder ver el día de Jesús, cuando nos encontremos con Él, y la gracia de la alegría.

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