¿Por qué estamos obligados a la alegría? [2]

alegria 3Ayer veíamos por qué la alegría era una obligación para con Dios. Hoy vamos a considerar por qué es también una obligación para con los demás.

Quizás pudiéramos condensar todos nuestros deberos para con el prójimo con esta premisa: ofrecer alegría. Así parece sugerirlo el mismo Pablo: “llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la Ley de Cristo” [Gal 6,2]. ¿Cómo podemos llevar la carga del otro? ¿Qué significa eso? Significa hacerle la vida más agradable y llevadera, más ligera… Pero, acaso la alegría no aporta una sensación de vivacidad y ligereza. Acaso la alegría no da ganas de bailar, y nadie baila con una carga a su espalda. Por eso, demos alegrías a los demás, no descuidemos esas pequeñas alegrías de la vida diaria que son las que hacen sentir mejor a los demás nuestro aprecio y cariño: mostrar interés por sus cosas, sonreír, preguntarle cómo le ha ido, etc. Son cosas pequeñas que hacen la vida más fácil, y de eso se trata en definitiva. Realicemos, pues, ese tipo de acciones que son capaces de hacer surgir una sonrisa en el rostro de los demás.

“No podemos amar a los hombres sin amar su alegría”, decía Dostoieski, en efecto, el que ama a los hombres ama también sus alegrías. Son cosas que no se pueden separar. No en vano, el primer milagro de Jesús fue en una boda: transformar el agua en muy buen vino para contribuir así a la alegría de los invitados. ¿Qué hacemos tu y yo por la alegría de los demás?

Actuemos así, y también nosotros mismos encontraremos en ello alegría. Pues como dice el dicho: “Siempre queda un poco de fragancia en la mano que ofrece rosas”. Así que ya lo sabes, al hacer felices a los demás cumpliremos la Ley de Cristo y encontraremos en ello alegría.

5 comentarios en “¿Por qué estamos obligados a la alegría? [2]

  1. La palabra clásica para alegría es gozo, el gaudium de los latinos. Gaudium traduce prácticamente siempre, en la Vulgata, el xáQtg griego, y este término griego sirve también para regalo, premio, limosna y gracia. Gracia es lo que se obtiene sin esfuerzo por parte del que lo recibe; por eso, dar gracias o dar las gracias es reconocer esa gratuidad. El gozo, la alegría, es el resultado de poseer un bien, y precisamente un bien grande, que sólo gratuitamente puede recibirse. Entre todos estos bienes, hay uno de calidad superior, el amor. El arquetipo del bien gratuitamente recibido es el amor. Por eso el enamorado, si ama y es amado, si da y es objeto del don, está alegre, goza, canta. Por eso también en los niños se da la alegría de una manera particular: porque su vida es recibir siempre, ser objeto de amor, singularmente por parte de los padres, pero también de casi todos, que miran con benevolencia (volendo bene, dice aún el italiano) a los niños.

    Camino, alimentado en la raíz cristiana, no podría estar lejos de esta trama rica de la alegría. En el punto 268 puede leerse: «Dale gracias por todo, porque todo es bueno». Éste me parece el texto fundamental sobre la alegría. De este dar gracias por todo se obtiene un gozo grande, como gusta decir el Evangelio: los ángeles anuncian, en el Nacimiento de Cristo, un gozo grande (Lc 2, 10); los discípulos, confortados por la bendición de Cristo, que ha vuelto con el Padre, experimentan un gozo grande (Lc 24, 50-52).
    (Basado en un texto de Almudi)

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