Sí, quiero: [2] Noviazgo ¿sin sexo?

Seguimos con estos vídeos de la serie matrimonio y familia que ya hemos presentado en el blog. Esta vez se dirige a los novios y se plantea la pregunta: noviazgo ¿sin sexo? El sexo es un don de Dios. ¿Es posible abstenerse de relaciones sexuales antes del matrimonio? Falsos mitos: La castidad apaga el amor; El matrimonio a prueba. Muestras de afecto lícitas en un noviazgo. Necesidad de la ayuda de Dios para vivir la castidad en el noviazgo.

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3 comentarios en “Sí, quiero: [2] Noviazgo ¿sin sexo?

  1. El noviazgo es como “un tiempo apasionante, desde el punto de vista cristiano, para los que están llamados a la vida en pareja. Un tiempo de crecimiento, de maduración y de conocimiento mutuo. Un tiempo, también es verdad, que ha cambiado mucho. Un tiempo de ilusión y de gozo”.

    Hablar de noviazgo supone hablar de amor”. “Los católicos tenemos la obligación de hablar de amor, porque tenemos el Amor”. “Muchos de los problemas matrimoniales vienen de un noviazgo mal vivido”.

    A veces en el mundo católico se ha vivido el matrimonio como remedio de algo que era concebido como malo o incontrolable, la sexualidad.

    “No hay instintos en el hombre; hay tendencias”, es decir, “tendencias, que no son obligaciones como los instintos en los animales”. Los hombres “somos capaces de entregarnos. En los animales el placer no es un bien, pero en los hombres sí, y en la sexualidad, el placer es una consecuencia natural, porque es un bien”.

    Ante la situación actual en este campo, “quejarnos no sirve para nada, tenemos que convertirnos en agentes activos de cambio, ‘dar envidia’ a los demás de nuestro modelo de familia, que es el natural, y que nos hace más felices que el resto de la gente”. De hecho, el sacramento del matrimonio supone elevar a lo sobrenatural una realidad que ya es natural.

    “Por eso tenemos que enseñar a cambiar de actitud, a vivir el sentido verdadero de la sexualidad, y el noviazgo como el período para aprender a amar”, . Hoy, hay un “falso sentido de la felicidad: por un lado, se confunde la felicidad con el placer, y por otro lado, se busca el tener antes que el ser. Hay una búsqueda frenética”.

    De ahí que “se ha desvirtuado el fin y el sentido de la sexualidad, se ha descontextualizado al separarla del matrimonio, y al desvincularla también de la procreación”. A nuestros jóvenes, por eso, “no tenemos que darles educación sexual, sino enseñarles a amar”.

    Hoy se da un nuevo ritual, resumo así: “lo primero es ‘enrollarse’; lo segundo es ‘dejarlo’, siendo la ruptura una experiencia de aprendizaje; después se dan ‘comprobaciones regulares’, volver a quedar y tener esporádicamente relaciones sexuales; y el ‘somos amigos’, que se mide por el índice de relaciones con mis ‘ex’, dejando de lado el compromiso, que es muy exigente. Uno usa su sexualidad como le apetece, sin ningún tipo de compromiso”.

    Ante esta situación, hay que “educar y cambiar las actitudes. La actitud es la predisposición a dar un tipo de respuesta”. Y esta educación de las actitudes tiene tres componentes: el cognitivo, el afectivo y el de la conducta. Hay que plantear la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza, y enseñar que “la felicidad es una elección, y no una suerte. Ser feliz se elige, y tiene que aprenderse. Tenemos el deber de ser felices; no podemos plantearnos el noviazgo o la relación interpersonal como mero sacrificio o resignación, sino que debemos aspirar a ser felices, aunque estemos en una situación desgraciada; aceptando activamente y convirtiéndome en agente de cambio, mediante el cambio de actitud, sin quedarme en la resignación”.

    “Si hubiera instintos, no habría libertad”. Pero hay una ley natural, un “manual de instrucciones” de la naturaleza humana. Por eso “la noción del pecado no es un mecanismo represor, sino liberador; la posibilidad de crecimiento y perfeccionamiento del hombre”. Por naturaleza, “el hombre está hecho por amor y para amar, quiere tener una familia, se pregunta por el sentido de la vida, quiere ser feliz y busca a Dios”.

    Mejorar la autoestima sólo tiene una clave: aprender a amar a otro. Y necesito haber sido amado para saber amar, saberme amado incondicionalmente por ser persona”. Y es que “al yo se llega siempre a través del tú, y en última instancia, para un creyente, desde el Tú que es Dios, el único que me puede amar de manera perfecta”. Y en este contexto, destaco la importancia de la familia, que es el lugar donde se puede vivir esto, donde uno es amado incondicionalmente.

    Cuando dos personas se gustan, “comienza un ejercicio de conocer al otro y dejarse conocer: saber sus creencias, hablar de los temas fundamentales, conocer el carácter propio y del otro, construir una amistad sólida como base de apoyo, aprender a respetar al otro y a uno mismo, hacer proyectos, conocer bien las circunstancias personales, aprender a expresar la afectividad, a perdonar y perdonarse, a dar, a dejarse amar, a recibir…”.

    Hay que tener en cuenta que la sexualidad femenina y masculina son diferentes, con reacciones y procesos biológicos y psicológicos distintos. “La relación sexual tiene un valor vinculante muy fuerte e impide, si no se ha consolidado antes, el logro de una verdadera amistad, respeto al otro, exigencia a uno mismo y autocontrol”. Además, “la relación sexual no aporta un mayor conocimiento del otro, si no va ligada al compromiso de amor y donación”. De hecho, “las parejas que han tenido relaciones sexuales sin un compromiso real incondicional de entrega, tienen una mayor probabilidad de fracaso matrimonial, si se llegara a este punto. Algo que dice la ley natural, y que ahora muestran los estudios estadísticos”. La complementariedad sexual y la fecundidad son un bien del matrimonio, porque implica la aceptación incondicional del otro, como varón o mujer, con capacidad de dar vida.

    No se puede basar el amor únicamente en el gusto, en lo emocional, en la satisfacción del apetito. La sexualidad no está para eso, porque se quedaría “en una satisfacción del yo”. El amor se vive con pasión, se siente como placer, y esto es automático. De aquí tenemos que dar el salto, en un proceso voluntario, a pasarlo por la inteligencia. Entonces, “lo que era pura emoción pasa a ser sentimiento, que ya tiene una menor intensidad, un bajo o nulo componente somático, y una larga duración que depende de la voluntad, debo querer seguir queriendo a esa persona”.

    Por eso “se puede estar enamorada del marido toda la vida, si quiero”. Se pasa al “amor tranquilo, en el que lo importante es el tú, no el yo; es un amor donación, con una felicidad que no se siente, sino que se sabe”. Sobre el sentimiento de placer surge un amor como apreciación, que se vive con pasión, y basándolo en la amistad, se establece el noviazgo, que supone la entrega de la humanidad. “Y el matrimonio es algo de ley natural, y vale tanto el de un no cristiano que no lo celebre como sacramento, como el que esta casado por la Iglesia”.

    La concepción que algunos tienen del “débito conyugal” es falsa, como un deber de la mujer para con su marido. Su verdadero sentido es éste, según explicó Hertfelder: “tienes el deber de amar al marido, y el marido de amarte a ti, y esto supondrá que a veces tengáis relaciones y otras no, por el bien del otro; entregarme al otro, no ser sujeto pasivo del acto sexual, sino agente activo de comunicación”.

    “Todo esto no es un invento de los católicos para fastidiar a la gente, sino que es algo propio de la ley natural, que nos hace humanos, y quiere el bien de la pareja y de los hijos”, señaló. “Hay que enseñar a la gente a vivir la sexualidad como algo positivo, no como un pecado. Es pecado cuando se utiliza contra la naturaleza del hombre, pero no por cuestión religiosa, sino porque va contra la ley natural”.

    Recito un poema de Pedro Salinas, en el que se dice: “quiero sacar de ti tu mejor tú”, señalando que ésa es la función del noviazgo. “Esto empieza en el noviazgo, y ha de continuar en la vida matrimonial”.

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