Misericordia: la experiencia del amor como perdón

cruz_jovenes_sml2-1

Pero la caridad significa perdonar lo que es imperdonable, o de otro modo no es virtud. La esperanza significa esperar cuando todo es desesperado, o de otro modo no es virtud. Y la fe significa creer lo increíble, o de otro modo no es virtud (G. K. Chesterton).

Cuando alguien nos “falla”, podemos reaccionar de formas muy diversas. Me centrare en estas dos posibles reacciones: la “confianza alertada” y la desconfianza. ¿En qué se diferencian? La desconfianza es muy distinta de ese “estar alerta”, prevenido. Esta última mantiene la confianza, aunque en alerta, atenta a lo que pueda pasar.

La confianza alertada es muy distinta a la desconfianza. ¿En qué se diferencian? La diferencia está en el “salto”, que con frecuencia se realiza de la desconfianza a la “sospecha generalizada”.

De hecho, es fácil comprobar como la sospecha empieza a formar parte de nuestro comportamiento social, manifestándose en costumbres y usos que no somos capaces de hacer conscientes. Muchas veces, solamente después que hemos vuelto sobre nuestra propia conducta, nos damos cuenta de cuán dentro llevamos la sospecha. Somos desconfiados, sospechamos y tantas veces nos equivocamos.

Pero el fallo personal y el error parece que no se reduce con la desconfianza y la sospecha, sino más bien parece que se amplifica y muchas veces se instala como un software, o una aplicación que nos lleva a juicios sucesivos y erróneos.

Efectivamente, la experiencia demuestra que la única manera de recibir confianza es dándola. Pero con mucha frecuencia ese dar y recibir confianza requiere un paso previo: ser perdonado y perdonar. A eso se refiere la palabra misericordia. La misericordia es como llevar en el corazón la experiencia de nuestros fallos, y simultáneamente todas las veces que nos han acogido, comprendido y perdonado.

Esa experiencia del amor como perdón, estructura desde dentro la personalidad íntegramente desarrollada. Cuando esta experiencia no ha sido adecuadamente asimilada en los primeros años de vida, suele llegarse a la adolescencia con fallas en el carácter que debilitan la formación de la personalidad. Paradójicamente, la acogida, el amor y el perdón, construyen personalidades fuertes, integradas y equilibradas.

La desconfianza y la sospecha lejos de dar una mayor capacidad de juicio, generan una duda vital, que paraliza y muchas veces daña. El reconocimiento del amor como perdón, de la misericordia, nos lleva a reconocer en el otro aquello que más apreciamos en nosotros mismos: ser personas.

Fuente: José Antonio Gámez, en Misericordia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s