Centinelas de lo invisible

FernandoOcariz_FlickrOpusDeiCentinelas de lo invisible, así define a la mujeres que se decida al trabajo del hogar, Mons Fernando Ocariz, recientemente nombrado Vicario auxiliar del Opus Dei en una entrevista (aquí completa). Copio este último párrafo de la entrevista en la que dice:

La belleza del mensaje sobre la santificación de la vida ordinaria conlleva también una revalorización de las profesiones relacionadas con la atención del hogar y el servicio a la persona. Es bonito, pues se podría decir que la casa, el hogar, es el lugar en que cada mujer y cada hombre se rehacen. Cada cristiano es casa de Dios, templo vivo. La Iglesia es una casa, nos protegen las manos de Dios, son como un techo que al mismo tiempo nos abre al Cielo. En la Prelatura, algunas mujeres quieren libremente tener como trabajo profesional la administración doméstica de los centros. Son un punto de referencia para cada persona que se acerca a los apostolados del Opus Dei: su ejemplo y su dedicación humanizan nuestras vidas, nos muestran cómo santificar lo de cada día: enseñan a amar como solo una madre puede hacerlo. A esas mujeres se les podría aplicar una expresión de San Juan Pablo II: con un corazón que ve, son auténticas centinelas de lo invisible.

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4 comentarios en “Centinelas de lo invisible

  1. El trabajo oculto es donde verdaderamente me santifico y siento la mirada de Dios y pruebo practicar realmente las virtudes de mi bella Virgen María sin esperar aplauso, a la que debo imitar . Fregar los platos luego de haber cocinado una comida rica a mi familia, barrer y coletear luego que todos desaparecen a trabajar fuera de casa, lavar, coser y planchar su ropa y levantarse en la madrugada con la emoción de hacer oración con Jesús solitos los dos en lugar oculto la mayor emoción y alegría que me da fuerza para todo el día sin parar.

  2. Lo bonito de un reloj normalmente son la esfera, la cadena, la caja. Pero el reloj no es nada sin ese tenue, apenas audible tic-tac, modesta expresión de una compleja y oculta maquinaria. En ella cada rueda, discreta pero armoniosamente, contribuyen al exacto y preciso movimiento de las agujas. Así, las mujeres y madres, que se dedican con humildad a la noble, preciosa y sublime tarea de mantener un hogar, con su permanente y hacendoso tic-tac, contribuyen al mantenimiento y funcionamiento de todo el mundo.
    El mundo es lo que es, o es lo que parece ser. Pero si suprimimos esas pequeñas ruedas y engranajes que sustentan miles de millones de hogares, nuestro mundo no sería más que un reloj viejo e inservible. A todas ellas mi más sincero homenaje y gratitud.

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