Sobre la modernidad y la moralidad

Vaya, dije que solo iba a poner tres vídeos, pero me parece tan interesante este último sobre la modernidad y la moralidad que he decidido ponerlo. Gracias por vuestr apaciencia:

3 comentarios en “Sobre la modernidad y la moralidad

  1. Me ha encantado estudiar sobre este tema. Las conclusiones habrá que verlas, mientras utilizamos diversas teorías.

    Enseñaba Aristóteles en relación a la ética: “Todo arte y toda investigación científica; toda acción deliberada parecen apuntar a algún bien; de allí que el bien haya sido justamente definido como “Aquello a que tienden todas las cosas”. Por lo tanto, todo lo que apunta a algo diferente a si mismo crea un valor. Dicho de otro modo: el acto bueno es un medio de llegar al bien. Claro que la ética de Aristóteles es teleológica ya que la moralidad consiste para él, en hacer ciertas acciones no porque ellas nos parezcan correctas en si mismas, sino porque nos dirigen a lo que es “el bien” para el hombre. Sin embargo, el bien para el hombre tiene un carácter de ser final, algo elegido por si mismo y no como un medio para conseguir algo u otra cosa, y que sea por si mismo digno de ser elegido.

    Platón, propone algo más que estos bienes evidentes: una “forma de bien”, que seria la fuente de toda bondad, no importa donde se la encuentre. Aristóteles replica que no existe “forma de bien” independientemente de sus manifestaciones particulares.

    Igualmente, todo acto que va dirigido al “bien” sugiere profundidad, permanencia y serenidad y, que siendo acción o actividad es felicidad y no placer aunque éste lo acompañe necesariamente.

    De aquí, resulta que algunos tienden al placer según Aristóteles “fin de esclavos y bestias” y otros apuntan al honor, “objeto de la vida política”, que depende más de quien lo da. Parece que nos da la seguridad de nuestra propia virtud, pero, esta es compatible con la inactividad y la miseria. La mayoría busca la riqueza pero esto es un medio no un fin. Muy pocos, escogen la “vida” contemplativa y que para Aristóteles constituye el “fin más elevado de la vida” humana, y “que es la cosa que sólo el hombre puede hacer”.
    Vemos cómo de una acción dirigida al bien, surge una noción de estado feliz unido al placer (acto superior). Todo esto debe producir “bienestar”. Como actividad no meramente potencial, debe ser conforme a la virtud (la más perfecta de ellas), y no manifestarse durante cortos periodos sino durante una vida completa, es decir, permanente y trascendente.

    Para que la acción hacia el bien se dirija acertadamente, Aristóteles, propone la ” prudencia”, actitud deliberante del individuo que trata de buscar lo más adecuado a cada circunstancia. También presupone que se admite y conoce la validez, y el sentido de lo que se va a elegir. Actitud sin rigidez y admitiendo creencias comunes.

    Descartes, en su Discurso del Método propone que mientras el edificio del saber no está totalmente construido nos hará falta una moral o ética provisional. Esto es, que sólo tendría vigencia durante el tiempo en que Descartes construyera o ideara la moral definitiva del Racionalismo. Es necesario meditar, en cómo habría sido la moral definitiva que pensaba Descartes. Lo más destacable es que él, incluye dentro de sus conceptos sobre ética y moral: “principalmente la conservación de la salud, que es sin duda el primer bien y el fundamento de todos los demás bienes de la vida”. En el célebre “Prefacio a los Principios de la Filosofía”, se lee, cuando propone una división de la filosofía: “Las raíces, la metafísica; el tronco: la física, y las ramas; las ciencias”. Destacando entre ellas la medicina unida a la rama más perfecta que es la moral. Es decir -hombre-salud-moral (¿ética?).

    El hombre ético, es decir, el que se mueve hacia el bien con conocimiento de causa con un sentimiento de felicidad, no exento de prudencia, pero permanentemente con un querer ser siempre, con un apetito de eternidad y con un fin de cuidar el cuerpo y la salud, tendrá que aceptar que esto se dé en un contexto comunitario o de grupo social y, que además se expresa en una temporalidad que atañe al grupo o entorno social. Este quehacer, es bajo una organización político-social que ha ido evolucionando hacia paradigmas de un modernismo o pseudomodernismo.

    ¿Cómo podemos ser justos cuando pensamos en lo bueno para nosotros y no para todos?.

    Hay una orientación instrumentalista de la racionalidad, la voluntad de poder concentrado en tecnócratas sometiendo a personas y cosas al yugo de la rentabilidad. No hay instrumentos conceptuales modernos para entender e interpretar lo complejo del desarrollo tecnológico contemporáneo. Se crea entonces, ahora el monstruo devorador, alienante y despersonalizante de la GLOBALIZACION, con un tecnocentrismo potenciado por el ideal racional de la eficiencia, además de un totalitarismo etno-cultural-racional en nombre del bienestar del ente o sujeto colectivo.

    Entonces muchas decisiones políticas, económicas, jurídicas o tecnológicas no depende de la voluntad política de sus gobiernos, estos se han desplazado a otros espacios extraños, en la mayoría imposible de comprender o de manejar. Son las relaciones virtuales por medio de las nuevas tecnologías. Mucho habrá de meditarse en lo dicho o mejor volver a la “esencia” de su propio ser.

    Existen dificultades para defender una noción consistente de verdad con paradigmas modernos de objetividad y subjetividad, con relativización de las ideas de progreso o revolución y con el fin de las utopías. Para complicar aún más el panorama, se habla de la acción comunicativa mediante el cual se pretende un fundamento ético, para cuestionar las injusticias y las deformaciones de la sociedad moderna: fragmentada, con disciplinas diversificadas, y con una multiplicación de criterios empleados que no permite conservar la coherente unidad o interrelación social; en la que han de manifestarse acciones éticas, es decir, actos sustanciales, libres, aprehendidos, prudentes, constantes y permanentes; todos ellos dirigidos hacia el “bien” o a una “forma de bien”. ¿No será posible encontrar el modo de construir una sociedad como decía Platón: “inteligente”, que tienda a través de la razón, instaurar una sociedad armónica donde todos sin necesidad de principios morales propendamos al bien común prescindiendo del propio?. Algunos piensan que, la fuerza crítica y la normatividad de la razón instaurarán una real teoría de la modernidad unida a la teoría de la racionalidad, con una acción comunicativa que las enlaza: con aproximaciones introductorias y digresiones históricas, sin su lado perverso, de su política colonizadora, su capitalismo egoísta y sin proyección social sobre todo a los más necesitados con profundas contradicciones que afectan a la comunidad en bienestar.

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