Es posible el cambio

Un poco por casualidad, me he encontrado con esta página: Es posible el cambio. Puede resultar muy conveniente conocerla a padres y educadores, así como a sacerdotes. Por eso la pongo en el blog. Este es el vídeo de presentación:

Está dirigida a jóvenes entre 14 y 18 años que quieren madurar su masculinidad y personalidad para salir de la AMS (atraccion mismo sexo).

Los vídeos que tienen son muy interesantes: esposiblelaesperanza. Pienso que pueden aportar mucha luz sobre estos temas.

Un comentario en “Es posible el cambio

  1. Me gusta la idea. Cuento con ella cuando se haga realidad. Me parece muy importante conocerla para darla a conocer porque
    educar a un hijo adolescente requiere de mucha paciencia e inteligencia emocional, de saber inculcar valores y límites adecuados donde puedan crecer con madurez y responsabilidad.
    Normalmente, las niñas siempre son algo más precoces, y son ellas quienes, llegados los 11 o 12 años, empiezan a hacernos más exigencias. Los niños tardan algo más en madurar. Suele ser sobre los 13 cuando, de pronto, y sin que sepamos cómo, se nos vuelven más tozudos, orgullosos y con reacciones que no entendemos.

    Están creciendo, están adentrándose en el mundo de los adultos teniendo aún pies de niño. Y no es fácil. Piensa en ellos como en un pequeño caos hormonal y personal en el cual van a tener que definirse.
    Necesitan oportunidades de aprendizaje, exigen más derechos y libertades sin ver con objetividad si sus acciones tienen riesgos o no.

    Lo mejor que podemos hacer es mantener un equilibrio con el tema “derechos-deberes”. Se puedes permitir salir el fin de semana, siempre y cuando hayan cumplido en el colegio. Importante también que vengan a casa a la hora establecida, y en caso de llegar más tarde, deben perder privilegios.
    Lo importante es que todo adolescente aprenda que la vida está llena de normas y exigencias, también para los adultos, de ahí que deban entenderlo desde bien temprano. Las cosas “no caen del cielo” porque sí. Los adultos trabajan para obtener dinero con el cual alimentarnos, vestirnos… vivir.

    A los adolescentes les exigimos pues que se responsabilicen de sus estudios y sus acciones. Recordemos también que si se establecen normas, que sean fijas. No perdonar las cosas un día sí y otro no, porque de lo contrario, perderán el respeto.
    Hay padres y madres que cometen el error de sancionar continuamente a sus hijos adolescentes. Regañinas, discusiones, refuerzos negativos… Hay que mantener un equilibrio. Pongo un ejemplo. Suspenden un examen, llegan a casa con malas notas y se les increpa lo vagos que son y que nunca llegarán a nada en esta vida.

    Algo así no podemos hacer. Despertaremos en ellos sentimientos negativos, indefensión y baja autoestima. Debemos preguntarles qué ha ocurrido y darles confianza. Decirles que se confía en ellos y que se sabe que van a conseguir aprobar esa materia porque tienen capacidad suficiente.
    Cuando cometan un error, hay que enseñarles cómo pueden hacerlo mejor, pero no los hundamos, no los critiquemos. Hay que ofrecer estrategias y confianza en lugar de constantes sanciones. Es lo mejor.

    Se debe buscar siempre un rato en el día para estar con el hijo adolescente y preguntarle qué tal ha ido la jornada. No juzguemos por lo que hacen o dejan de hacer. Como padres hay que ORIENTAR, y ello se consigue mediante un diálogo constante y mediante confianza.

    Evitar que el adolescente sea el típico chico o chica metida siempre en su habitación, con su ordenador, su música… Ése que solo sale para comer o quedar con sus amigos. Evitar que se aísle fomentando actividades en común en casa desde que son muy pequeños.

    A la hora de comer, apaga la televisión y hablar con ellos. Preguntarles por sus gustos, por sus amigos, por ese chico que le gusta, por esa chica.. anímales a compartir cosas contigo con tranquilidad.
    Lo ideal es que sepan que tienen en sus padres un apoyo, nunca un enemigo que solo sanciona o critica y que no ayuda.
    Escucharles, orientarles, ser su padre, su madre y también su amigo. Poner límites cuando se deba y ofrecer derechos cuando ellos, con su madurez y responsabilidad, lo demuestren.

    Educar a hijos adolescentes no es fácil, que ninguno dispone del manual perfecto. No obstante, aseguro que con optimismo, amor y voluntad, se podrá formar personas maduras y responsables capaces de ser autónomos en su vida.
    Personas felices que saben que para conseguir cosas hay que esforzarse, que para tener buenos amigos y una pareja hay que saber respetar y entender. La Inteligencia emocional es siempre una buena perspectiva en la que podamos basarnos.
    Es necesario que tanto el padre como la madre, estén de acuerdo en la educación de los niños. Mismos valores y mismos propósitos.
    Sin olvidar por supuesto el sugerirles la idea de algún club juvenil
    en el que convivirán con otros niños y tendrán tutores o formadores, para ir inculcando en ellos los buenos hábitos y su relación con Dios, Santa María, el Ángel custodio y la preparación para recibir el sacramento de la confirmación.

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