Al encuentro con la Cruz

cargando-la-cruzLa Cuaresma nos lleva de la mano, y casi sin darnos cuenta, al encuentro con la Cruz dentro de unos 40 días. Así que para prepararnos mejor a ese encuentro, pondremos en el blog algunas entradas sobre la mortificación y la penitencia.

La mortificación es primordial para seguir a Cristo: «para Vivir hay que morir» (Camino 185).Y el mismo Señor nos advierte: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame (Lc 9,23). Difícilmente sin ella puede haber frutos verdaderos, virtudes o intimidad sincera con el Señor. Y es que en la vida interior, conforme se avanza «el Señor se nos manifiesta cada vez más exigente, nos pide reparación y penitencia» (san Josemaría).

Y sin embargo, ¡cuánto rechazo y falta de generosidad para todo lo que supone contrariedad o dolor!. Además está todo este ambiente hedonista que nos rodea. El ambiente presiona con su visión negativa del sacrificio voluntario, pero no olvides el carácter positivo de la mortificación y como estrecha la relación de amistad con Dios, como trae esa alegría verdadera al saber que participamos en el misterio de la Redención.

La mortificación cristiana no es algo inhumano; no es una actitud de rechazo a lo bueno y noble de la tierra. Es, por el contrario, manifestación de señorío sobrenatural sobre el cuerpo, los bienes, las relaciones humanas, el trabajo, etc, cosas que, siendo buenos, tienden -por el desorden que introdujo el pecado original- a dejar prisionera, apegada el alma a esas realidades. Pero, sobre todo, es una muestra de amor a Jesucristo y a las almas. Es una elección libre de bienes mejores, es dejar algo bueno para adquirir algo mejor.

Si tú y yo somos generosos en este espíritu de reparación y penitencia nos dispondremos en esta Cuaresma para recibir nuevas gracias, para una mayor intimidad con Dios.

Por eso se lo pedimos hoy a nuestra Madre: ¡enséñame a amar como tú lo hiciste, hazme, Madre mía, más generoso para entregarme hoy!

 

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2 comentarios en “Al encuentro con la Cruz

  1. No desaproveches Ia ocasión de rendir tu propio juicio. –Cuesta…, pero ¡qué agradable es a los ojos de Dios! (Camino, n.º 177).

    Hemos de aprender a mortificar la inteligencia; no se trata de negarla, sino de mortificarla. La vida ordinaria nos presenta la ocasión de hacerlo en los distintos campos de la actividad humana.

    El primero de todos aceptando de buen grado cuanto nos viene de Dios a través de la Iglesia; ahí no caben opiniones sino la humilde aceptación de la doctrina. En el terreno profesional, en el familiar, en los estudios, y donde quiera que tengamos que relacionarnos con alguien que desempeñe el cargo de superior –y siempre que no se trate de algo que suponga ofensa a Dios–, podemos y debemos aceptar lo que nos venga de él sin chistar, sin murmurar y sin dejarnos llevar del espíritu crítico que tan afilado suele mostrarse en estas situaciones. Se trata de una buena mortificación de la inteligencia y de un bonito esfuerzo de la voluntad por parecernos también en estas cosas a Jesucristo, que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz (Phil 2, 8) y así por lo menos en eso habremos empezado a imitarle que es la única manera de llegar a parecerse a Él.

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