Miércoles de Ceniza

Hoy es miércoles de ceniza. Te copio este comentario de Fernando Rey:

La ceniza –salta a la1.- vista– no es confeti. Al recibirla sobre nuestras cabezas, no nos vestimos precisamente de fiesta. Cuando alguien me dice: «¡Qué ganas tengo de que comience la Cuaresma!», me quedo con cara de haba, y casi me da vergüenza responder. La verdad: ganas, lo que se dice ganas… Tengo ganas de comer, de descansar, de irme a la playa y de ver una buena película. Pero de hacer penitencia, comer potaje o (en su defecto) ayunar… No tengo ganas. Y no lo haría si no fuese estrictamente necesario.

   Pero, por desgracia, es estrictamente necesario. Para mí, y –sin perdón– también para ti. Porque hemos pecado, porque nos hemos apartado de Dios, porque hemos desobedecido, porque hemos tomado el camino de la muerte y abandonado el de la vida. Y lo peor que podría sucedernos es que no quisiéramos verlo.

   La Cuaresma es nuestra gran oportunidad. Dios no sólo nos permite volver sobre nuestros pasos para recuperar el camino, sino que Él mismo, encarnado, viene con nosotros y nos alimenta. Adentrarse en soledad en la Cuaresma es locura. Abrazados a Cristo por la oración y la gracia… Hasta el potaje y el ayuno sabrán a delicias celestiales.

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2 comentarios en “Miércoles de Ceniza

  1. Nuestro lema de Cuaresma necesariamente tiene que contar con la penitencia, con la mortificación. Porque ya es hora como decía San Josemaría, que solo Jesús se luzca. Morir tiene sentido únicamente si hay una vida mas grande. Darnos muerte voluntariamente en esta vida para que exista la gracia de Dios que ilumina y da sabor, que alegra los días de nuestra juventud. Pero eso…¿qué significa?

    Mortificarse significa negarse en algunas cosas pequeñas, insignificantes quizá, pero que nos educan interiormente. Las ocasiones se nos presentan constantemente a lo largo del día. Experimentamos de continuo situaciones bien concretas que nos sacan de quicio. La mortificación es como el entrenamiento voluntario para poder afrontar los momentos de dificultad involuntaria. Además, el sacrificio tiene un sentido sobrenatural precioso: quien sufre por amor, aun en cosas pequeñas, es más capaz de llevar la Cruz. Un poco como aquel Cirineo que fue obligado a cargar con ella…y después no quiso soltarla. En definitiva es una muestra de amor sufrir por la persona amada, y el sacrificio voluntario es un modo de mostrar a Dios que le queremos. Yo le digo como el Cirineo que quiero ayudarle a cargar con la cruz.

    Me imagino a Jesús solo en el Huerto de los Olivos y pienso que prescindiendo de ese refresco, le ayudo y le sostengo, le doy un beso. Me imagino cómo se hunde la corona de espinas en su cabeza…cuando cae sobre mi el agua fría de una ducha de invierno. Y le digo que es mi cabeza y no la suya la que quiero que esté bajo el peso de las espinas. Sueño que mi espalda y no la suya lleva la cruz, cuando en vez de sentarme en un sillón uso una silla dura. En definitiva tenemos que ser sacrificados, sobrenaturalmente, enamoradamente sacrificados.

    Pero hay que ser muy concretos. Debemos pensar que los buenos deseos pensados con Dios se quedaran en nada si no somos capaces de concretar: Hay que pensar cual es “nuestro” objetivo de Cuaresma: Enamorarnos de Dios y en concreto extirpando tal defecto que te hace tan desagradable, o quizás, buscar la paz en el corazón. Después fijemos las mortificaciones adecuadas para poder llevar a término ese deseo tuyo. Será la gracia de Dios la que te hará mejorar, pero yo con mis pequeños sacrificios me mostraré mas dispuesta a recibirla..

    Se pueden hacer tres grupos de mortificación: unas referidas a Dios (cumplir el propósito de la oración, renovar el trato con la Virgen, comulgar mejor…) otras referidas a los demás (sonreir más a menudo, ser mas dueño de uno mismo, no gritar nunca, no criticar jamás…) y finalmente las referidas a mi misma (comer con menos ansia o comer lo que tu cuerpo sabes que necesita; escoger siempre el peor sitio; ir de pie en el autobús o en el metro….)

    Tenemos que tomárnoslo en serio. Repasarlo cada día y decirle con sinceridad:- Señor, dame tu gracia que yo te quiero dar mis pequeños sacrificios.

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