Sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo

8gA4YLa figura de Jesucristo no es un “tema” de estudio, sino la conciencia de una presencia amada de alguien que alienta nuestra vida: “Cristo vive. Jesús es el Emmanuel: Dios con nosotros”… “Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe” (san Josemaría). Por eso cada día queremos aprender de Él más y más detalles y actitudes, y aspiramos a meternos de algún modo en su vida (Cfr. Revivir el Evangelio como un personaje más).

Hasta hacer de Jesucristo el centro en el que todo lo demás converja, encuentre su fundamento y del que todo reciba sentido y finalidad: “El remedio -costoso como todo lo que vale- [está hablando de la orientación de la vida] está en buscar el verdadero centro de la vida humana, lo que puede dar una jerarquía, un orden y un sentido a todo: el trato con Dios, mediante una vida interior auténtica. Si, viviendo en Cristo, tenemos en Él nuestro centro, descubrimos el sentido de la misión que se nos ha confiado, tenemos un ideal humano que se hace divino, nuevos horizontes de esperanza se abren ante nuestra vida” (San Josemaría en CONV, 88).

Entonces, si hacemos de Jesucristo el verdadero centro de nuestra vida, surge una forma de vivir nueva: en Cristo se une Dios y el hombre, la historia y el misterio, el ser y la misión, la ontología y la acción salvífica: todo en unidad de vida. De esta profunda convicción afloraba esta exclamación en san Josemaría: “¡Que no, hijos míos! Que no puede haber una doble vida, que no podemos ser como esquizofrénicos, si queremos ser cristianos: que hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser -en el alma y en el cuerpo- santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales” (CONV, 114).

Esa es la síntesis de la que san Josemaría dejó constancia en la dedicatoria que puso en 1933 al regalar el libro La pasión de Cristo, del P. De la Palma, a Ricardo Fernández Vallespín, a la que se alude posteriormente en Camino, 382: “Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria: «Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo». -Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la primera?” … 

Empezar por conocer mejor a Jesús: “Cuando se ama mucho a una persona, se desea saber todo lo que a ella se refiere. -Medítalo; ¿tú tienes hombre de conocer a Cristo? Porque… con esa medida le amas” (F, 37)… Pero no olvides algo esencial: sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo: “Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta de que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que con el de entregarnos al servicio de los demás” (ECP, 145). 

Un buen propósito para este año que comienza: plantearme la vida en clave de servicio a los demás, para así conocer y amar más a Jesucristo, verdadero centro y razón de mi vida. Ayúdame Madre a cumplir este propósito en este año Mariano.

2 comentarios en “Sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo

  1. Cuando damos nuestro testimonio de Jesucristo, invitamos la influencia del Espíritu Santo. Conforme nos preparamos para enseñar, debemos buscar con frecuencia maneras de testificar del Señor y de invitar a los que enseñemos a hacer lo mismo.

    El Salvador proporcionó el ejemplo perfecto de servicio. Él explicó que no había venido para que le sirvieran sino para servir y dar Su vida por nosotros (véase Mateo 20:28).

    Jesucristo nos ama más de lo que podemos comprender. Cuando anduvo en la tierra, Él sirvió al pobre, al ignorante, al pecador, al despreciado; enseñó el Evangelio a todos los que quisieron oírlo, alimentó a la gente hambrienta que iba a escucharlo, sanó a los enfermos y resucitó a los muertos.

    Él es el Creador de la tierra y nuestro Salvador, y aún así efectuó muchos actos de servicio humilde. Poco antes de Su crucifixión se reunió con Sus discípulos y, después de enseñarles, tomó una vasija con agua, una toalla y les lavó los pies (véase Juan 13:4–10; . En esa época, lavar los pies de un visitante era señal de respeto y honor y por lo general lo hacían los sirvientes. Jesús lo hizo como ejemplo de amor y servicio. Cuando estamos dispuestos a servir a los demás con espíritu de amor, nos volvemos más semejantes a Cristo.

    ¿Qué aprendemos del ejemplo de servicio del Salvador?
    En nuestra oración personal debemos pensar en qué cosas podemos ayudar a los demás, a veces será simplemente una sonrisa, otras una oración de petición, otras un sacrificio que nos cuesta, estar disponibles para todo…, hacer un comentario en el blog, en una palabra cuidar los pequeños detalles. Cada uno de nosotros debe elegir y tratar de conseguir lo que Dios nos está pidiendo en “ese” momento. La ayuda de Santa María así como de San José y nuestro Ángel de la Guarda, la tenemos. ¿A que esperamos?

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