Perfectus Deus, perfectus Homo

Liquid Love - Waipio Valley, Big Island, Hawaii by Nick SelwaySe acerca el nacimiento del Salvador y no dejamos de asombrarnos ante el maravillosos acontecimiento de la Encarnación: “Perfectus Deus, perfectus Homo”. 

Se trata de una antigua expresión utilizada ya en el llamado Decreto de Unión (año 433), y solemnemente en el Concilio de Calcedonia (451). “Cristo es perfectus Deus, perfectus homo, Dios, Segunda Persona de la Trinidad Beatísima, y hombre perfecto. Trae la salvación, y no la destrucción de la naturaleza” (san Josemaría Escrivá, AD, 73)… “«lesus Christus, perfectus Deus, perfectus Homo» -Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. -Muchos son los cristianos que siguen a Cristo, pasmados ante su divinidad, pero le olvidan como Hombre…” (S, 652). “Perfectus Deus, perfectus homo, perfecto Dios, y perfecto Hombre de carne y hueso, como tú, como yo” (AD, 50).

Cada uno de estos gestos humanos (de Cristo) es gesto de Dios. (…) Cristo es Dios hecho hombre, hombre perfecto, hombre entero. Y, en lo humano, nos da a conocer la divinidad. (…) Estamos descubriendo a Dios. Toda obra de Cristo tiene un valor trascendente: nos da a conocer el modo de ser de Dios, nos invita a creer en el amor de Dios, que nos creó y que quiere conducirnos a su intimidad” (ECP, 109). Además de darnos a conocer a Dios, Jesucristo da a conocer el sentido divino de la vida humana, también de la vida ordinaria: “nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino” (ECP, 14); “toma en serio al hombre y quiere darle a conocer el sentido divino de su vida” (ECP, 109).

Al acentuar la perfecta y real Humanidad de Cristo, san Josemaría subraya, en efecto, que Jesucristo es mediador en cuanto hombre y que, por tanto, revela la presencia de lo divino en lo humano. Unitatem teneat divinitas, medietatem suscipiat humanitas, (“que la Divinidad conserve la unidad y la Humanidad reciba la condición mediadora“), había escrito san Agustín (Sermo 293, n. 7). La Humanidad de Cristo (la divina humanitas de que también habla el obispo de Hipona) muestra la forma humana de Dios, en tanto que la divinidad (la humana divinitas) manifiesta el modo divino de ser hombre. A través de su Humanidad, el Verbo de Dios ha descendido al nivel de los hombres, se ha hecho cercano a ellos. De ese modo, la encarnación ha afectado hondamente a los hombres a los que ha divinizado. La mediación de Cristo en cuanto hombre se especifica de manera especial en su humillación, en la forma servi del mediador, ya que esta “forma de siervo” nos la acerca radicalmente: “Te contemplo perfectus Deus, perfectus homo: verdadero Dios, pero verdadero Hombre: con carne como la mía. Se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo (Flp 2, 7), para que yo no dudase nunca de que me entiende, de que me ama” (AD, 201).

La anécdota del profesor de dibujo cuando era pequeño admiración pero no imitación

Un comentario en “Perfectus Deus, perfectus Homo

  1. ¿Qué alcance tienen todas estas verdades para nosotros hoy en nuestras vidas cristianas? ¿Sirve para algo saber todas estas cosas? Por supuesto que sí. Lo primero que debemos entender es que si Cristo, en su persona, vivió como vivió e hizo lo que hizo SOLAMENTE por medio de su humanidad, es para dejarnos ejemplo. Como dice la Palabra en la Primera epístola de Pedro: “Pues PARA ESTO FUISTEIS LLAMADOS; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que SIGAIS SUS PISADAS, el cual no hizo pecado, ni se halló
    engaño en su boca…”.
    Yo creo que a veces los cristianos pensamos que Cristo logró lo que logró solo porque era Dios y porque su naturaleza divina estaba obrando ahí. Pero eso no es la verdad. De otra manera, Él no hubiera dicho a sus discípulos que ellos podrían llegar a hacer las mismas obras que Él hizo.
    Eso significa poder pensar de la misma manera que Él pensaba, o tener las mismas prioridades, o contestar de la misma manera , o manifestar la misma paciencia y humildad que Él tuvo. Ese es su
    ejemplo y esas son sus pisadas que debemos imitar, como si pusiéramos nuestros pies en las huellas dejadas por una persona que caminó anteriormente que nosotros, por ejemplo, en una playa.
    Es una tremenda responsabilidad, pero es lo que nos está pidiendo el Señor. Para lograrlo nos ha dejado a la persona del Espíritu Santo que nos ayude y nos fortalezca en todo momento.
    Que Cristo haya vivido en su naturaleza humana toda experiencia de vida de un ser humano le convierte en un sacerdote. No en cualquier sacerdote, sino en uno que ha entendido, entiende y entenderá todas nuestras ideas, luchas, emociones, etc porque Él ya las ha vivido. Y sabemos que el ministerio sacerdotal es un ministerio de intercesión…en el caso del sacerdote del Antiguo Testamento, la intercesión entre Israel y Jehová. Ahora, se trata de la intercesión entre la iglesia y la persona de Dios Padre.
    ¡Qué bueno es saber que tenemos un mediador que nos entiende! Eso debe invitarnos y animarnos a ir a Él con la confianza suficiente de saber que aquel que nos escucha ya ha
    pasado por todo lo que nosotros pasamos.
    Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

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