¡Preparad el camino!

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En medio de la aridez de nuestros desiertos,
del trabajo aparentemente infructuoso,
de las dificultades y obstáculos cotidianos,
del dolor y el sufrimiento de tanta gente,
del vacío y el sin sentido de muchos,
 
Una voz grita en el desierto!
Preparad el camino del Señor !, abridle un camino recto!
 
No te lamentes, esperando a que el desierto desaparezca,
No te lamentes, esperando ver frutos inmediatos,
No te lamentes, esperando vivir sin dificultades y obstáculos
No te lamentes, esperando un mundo sin dolor ni sufrimiento,
No te lamentes, esperando a que el vacío y el sin sentido desaparezcan.
 
Trabaja. Ama. Ofrécete.
 
Cava pozos de agua fresca en los desiertos.
Siembra y cuida de las semillas.
Pide ayuda y construye puentes nuevos
para sobrevolar las dificultades.
Cura heridas y suaviza sufrimientos.
Confía y busca luces en medio de la oscuridad.
 
Allana tú el camino!
Abre y trabaja tu interior,
construyendo un habitáculo digno para el Amor,
y entonces, todo cambiará y se convertirá Nuevo en ti
y para el mundo.

Mar Galceran

Un comentario en “¡Preparad el camino!

  1. En el Adviento, tiempo sagrado de preparación a la Navidad, se vuelve más explícita y apremiante la llamada de la palabra de Dios a la conversión y a la renovación espiritual y moral.

    Puede que la llamada a la conversión nos resulte tan conocida que nos deje fríos. O puede que nos hayamos instalado en un modo de vida sin Dios. Él nos ofrece de nuevo este tiempo de gracia, nos invita a volver nuestra mirada hacia él, a dejarle el espacio que le corresponde en nuestra vida. Porque cuando descartamos a Dios en nuestra existencia, perdemos el rumbo y comienza nuestro ocaso.

    La conversión a Dios y la renovación de nuestra existencia desde Dios es una llamada válida para todos. Necesitamos unos ojos nuevos para ver con los ojos de Cristo, una mente nueva para pensar como él y un corazón nuevo para sentir como él. La inclinación al poder, al tener y a la codicia, a la autosuficiencia y al egoísmo nos lleva a construirnos nuestro propio reino al margen de Dios y de los demás. Convertirse significa abandonar la autosuficiencia y la falsa seguridad en sí mismo y en los propios caminos en la búsqueda de la felicidad para retornar a Dios en Cristo.

    Para preparar el camino al Señor hemos abrir nuestro corazón a Dios y al hermano y cultivar las virtudes de la humildad y la rectitud de vida, de amor a la verdad y la justicia, de la honradez y la solidaridad, de la caridad y de la fraternidad, y de la fe y la esperanza en la salvación que solo de Dios puede llegarnos. Esta es la buena noticia del Adviento: Dios nos ama, nos busca y viene a nosotros como salvador. Si le dejamos entrar en nuestra vida, todo cambiará en nosotros: la tristeza se convertirá en alegría, la desesperanza en fe confiada, el miedo en fortaleza, la esclavitud en libertad, y el egoísmo en amor.

    *Obispo de Segorbe-Castellón

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