La “mirada filial” de la fe

descarga (1)La acepción de la fe como conocimiento, esencial en la comprensión católica de esa virtud, ha de culminar en la adquisición de una “mirada filial“, fruto de una relación personal con Dios Padre en Cristo y bajo la acción del Espíritu Santo. La fe nos lleva así a acceder a un nuevo orden de conocimiento, el divino, que nos hace participar del conocimiento que Dios tiene de las cosas, y nos muestra en consecuencia el sentido profundo de las situaciones, el valor real de las cosas y de las circunstancias, llevándonos a juzgarlas como las juzgaría un hijo. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios” (San Josemaría, en ECP, 144).

La fe genera así una mirada, la mirada de Cristo, y la capacidad de recibir una forma, la forma de Cristo. Tal forma es la forma filial, que permite ver las cosas bajo un nuevo aspecto: “Si fuéramos consecuentes con nuestra fe, al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron el de Jesucristo: al ver aquellas muchedumbres se compadecía de ellas, porque estaban malparadas y abatidas, como ovejas sin pastor (Mt 9, 36)” (ECP, 133). La fe es conocimiento, pero un conocimiento que es fruto de la identificación con Jesucristo, y que por eso connota la donación, el compromiso de la libertad que implica a toda la persona.

Existe una estrecha relación entre fe y obras que subraya el compromiso de la libertad en la mirada de la fe y por tanto en una comprensión de esta virtud como donación de toda la persona. Conscientes de la presencia de Cristo en nosotros y de nuestra donación a Él, nuestra fe se manifiesta necesariamente con obras, que son las obras de Cristo. La fe es, en sustancia, expresión de una donación, de un compromiso total y de un amor fiel: Doce me facere voluntatem tuam, quia Deus meus es tu (“Enséñame a cumplir tu Voluntad, porque Tú eres mi Dios”) (Sal 142 [Vg 141], 10). (…) Amada de este modo la Voluntad divina, entenderemos que el valor de la fe no está sólo en la claridad con que se expone, sino en la resolución para defenderla con las obras: y actuaremos en consecuencia” (san Josemaría, en AD, 198).

Fuente: Diccionario de san Josemaría, voz Fe

 

Un comentario en “La “mirada filial” de la fe

  1. La verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor. Para renunciar a la violencia, se debe tener la mirada fija en Jesús. La fe no es algo “decorativo”, debe ser el “criterio base de la vida”.

    Corramos con perseverancia al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús» (Heb 12,1-2). Es una expresión que debemos subrayar de forma particular. También nosotros, tenemos la mirada fija en Jesús, porque la fe, que es nuestro “sí” a la relación filial con Dios, viene de Él; viene de Jesús: es Él el único mediador de esta relación entre nosotros y nuestro Padre que está en el cielo. Jesús es el Hijo, y nosotros somos hijos en Él.

    «¿Pensamos que ha venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que ha venido a traer la división» (Lc 12,51). ¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión. Dios es ¡amor! Y el amor es positivo. Después que Jesús vino al mundo, no se puede hacer como si no conociésemos a Dios. Como si fuera una cosa abstracta, vacía, puramente nominal. No, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros. Esta paz no es un acuerdo a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad, la justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí divide, lo sabemos, divide también los lazos más estrechos. Pero: ¡No es Jesús el que divide! Él pone el criterio: vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo de contradicción” (Lc 2,34).
    En cambio fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento pero es fuerte y ¿con que fortaleza? con aquella de la mansedumbre; la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.

    El Papa ha insistido en el deber del cristiano de involucrarse y elegir a Dios como criterio-base de la vida. “Recuerden esto: ¡seguir a Jesús no es neutralidad, seguir a Jesús significa comprometerse, porque la fe no es una cosa decorativa, es fuerza del alma!”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s