La sonda Philae aterriza sobre la superficie del cometa

El el pasado miércoles 12, podemos decir que Europa ha hecho historia en el espacio con la misión Rosetta. «Estamos ante un gran paso para la civilización», aseguran en la Agencia Espacial Europea que ha celebrado en el centro de la pequeña ciudad alemana de Darmstadt el éxito de esta misión que se lanzó al espacio hace justo una década. Diversas instituciones y empresas españolas han colaborado en la misión Rosetta. A las 9.35 de la mañana, hora española, el módulo Philae fue liberado por la nave Rosetta y el contacto con el cometa se produjo a las 16.38. El éxito fue confirmado 28 minutos más tarde, cuando la señal llegó a la Tierra salvando una distancia de más de 500 millones de km.

Philae está estable, pero los dos arpones con los que debía clavarse al suelo no se han disparado. Esto, unido al fallo ya conocido en el motor de rebote, hace que el módulo solo esté sujeto al cometa por tres tornillos, uno por pata, que han salido automáticamente en cuanto ha tocado tierra. El módulo está atornillado al suelo, pero, ¿será suficiente para que pueda aguantar?

Para seguir este interesante evento aquí: La cuenta de Twitter del módulo Philae

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  1. «Sabemos que hemos tocado el cometa. El aterrizaje se produjo cuando lo anunciamos», aseguró Stephan Ulamec, jefe del robot Philae, durante una comparecencia en la que confirmó que los arpones no se habían anclado. «Es complicado aterrizar en un cometa y es muy difícil comprender lo que ha ocurrido durante y después del aterrizaje.

    «De momento sólo podemos especular sobre lo que ha podido pasar», añadió antes de explicar las hipótesis que barajaban. Así, señaló que una posibilidad es que, después de tocar el cometa y al no desplegarse los crampones, el robot habría podido rebotar para posteriormente, haber vuelto a tocar su superficie. «Quizás no sólo hemos logrado aterrizar una vez, sino dos», bromeó Ulamec.

    El científico explicó que, tras el descenso, habían detectado «fluctuaciones», tanto en la potencia como en la señal de comunicación entre el robot Philae y la sonda Rosetta, que iba subiendo y bajando. Asimismo, comprobaron que había fluctuaciones en la generación de potencia de los paneles solares que lleva Philae, los mismos que le deben permitir hacer experimentos científicos durante unos tres meses. Estas variaciones parecían indicar que el robot se estaba moviendo, y una de las explicaciones es que estaba rebotando porque el anclaje al suelo no se había llevado a cabo con éxito.

    No obstante, Ulamec destacó que estaban recibiendo correctamente muchos datos procedentes de los instrumentos que lleva a bordo el robot, tanto las telemetrías (los datos de ingeniería) como datos científicos. «Vamos a analizarlos esta noche para intentar entender qué ha ocurrido», añadió el científico, que destacó también las bellas imágenes que el robot había logrado transmitir, tanto desde el inicio de la separación con la nave como durante el aterrizaje.

    El director de la ESA, Jean-Jacques Dordain, también pidió a los periodistas «paciencia» y más tiempo para poder entender qué ha fallado.

    Por su parte, Miguel Pérez de Ayúcar, uno de los científicos españoles que trabaja en la misión Rosetta desde el madrileño Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC), destacó que Philae ya ha estado haciendo y transmitiendo ciencia: «El fallo en los arpones seguramente tendrá implicaciones. Tendremos que ver cuáles son pero, en principio, la misión del robot sigue adelante y es posible que pueda hacer el programa de experimentos previsto», explicó anoche a EL MUNDO. No obstante, Pérez se mostró cauto y subrayó que habrá que esperar a los análisis de los datos que se harán durante la noche para valorar las consecuencias de este fallo en los sistemas de sujeción.

    «La misión Rosetta es una prueba de lo que podemos conseguir cuando trabajamos juntos», declaró durante la fase del descenso del robot Philae el español Álvaro Giménez, director de ciencia y exploración robótica de la ESA. Para Giménez, este tipo de misiones no son sólo importantes por la ciencia y la tecnología que generan sino porque sirven como inspiración para los jóvenes. Entre el público que acudió al acto de ESAC, de hecho, había varios estudiantes de ingeniería industrial y aeroespacial de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) invitados por la ESA a presenciar el primer aterrizaje en un cometa.

    «Para saber si una misión ha sido un éxito no necesito mirar los ordenadores o datos que no comprendo, sino mirar la cara de estos científicos», afirmó rotundo el director de la ESA, Jean-Jacques Dordain, para cerrar la última de las comparecencias de ayer. «Y sus caras me dicen que ha sido un gran éxito y que hoy ha sido un gran día».
    (Basado en la edición de “El Mundo”.)

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